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Notas rápidas sobre TED

23 Ene, 2014 - - @octavio_medina

Desde que TED empezó a popularizarse, y especialmente en los últimos meses, ha surgido el debate acerca de si su modelo de charlas cortas es una nueva forma de democratizar el conocimiento de una forma entretenida y amena o si por lo contrario es un síntoma más del inminente colapso de la civilización humana. Personalmente las considero bastante inofensivas. Evidentemente, se simplifican temas, pero a menudo asumimos que el bien sustituto de ver charlas TED es estudiar álgebra lineal, cuando bien podría tratarse de ver slideshows de tiernos oseznos. Ante esa alternativa, TED empieza a ganar puntos.

En cualquier caso, el de TED me parece un fenómeno interesante por dos características que, a grandes rasgos, cumplen la gran mayoría de las charlas, y que considero que cuadran muy bien dentro del zeitgeist actual.

Primero, tratan un tema positivo que destila optimismo new age sobre mejora personal a borbotones. Meterse en la lista de vídeos TED más vistos es leer los capítulos de un libro de autoayuda. Desde cómo liberar nuestro espíritu creativo, pasando por el dichoso discurso de Jobs en Stanford (técnicamente no es TED, pero aparece en la web), hasta llegar al cómo nuestra postura corporal define nuestra personalidad. No existen finales tristes ni fracasos; si no hay más dios que Paulo Coelho, TED es su profeta.

La segunda característica es la tecnofilia y el solucionismo (este último término acuñado por Evgeny Morozov). En TED existe una cierta tendencia a exponer los problemas de la sociedad como puzzles con una solución clara, y, a menudo, tecnológica (dado que TED significa Technology, Entertainment, Design, esto no es sorprendente, pero el tema de las charlas se ha expandido notablemente desde su creación).

En ese sentido, TED es una pieza que parece encajar bastante bien en el zeitgeist de la élite joven, internet-loving, con estudios universitarios, de ambas costas. Entra en el mismo campo semántico que, por ejemplo, la obsesión por los lifehacks, esas pequeñas píldoras de psicología pop que prometen solucionar nuestros problemas de productividad. También podría incluirse el concepto de la clase creativa de Richard Florida (la idea de que el crecimiento económico se debe cada vez más al estrato de ingenieros, programadores, artistas y científicos que crean y diseñan nuevos productos), o la idea de que todo trabajador debería “dedicarse a aquello que le apasiona” (do what you love). Como pieza central de todo este entramado está la idea del individuo autónomo, creativo y motivado, innovando y resolviendo problemas iPhone en mano.

Curiosamente, y aunque parezca un producto del boom de los ordenadores e internet, esta tendencia conecta con ideologías previas, como apunta Morozov en un artículo reciente. Los conocedores del mundo de la arquitectura y decoración conocerán las ideas arts and crafts, un movimiento de finales del XIX y principios del XX que propugnaba la creatividad individual y el trabajo autónomo (en concreto la artesanía) como solución a la aglomeración de las fábricas y la pobreza (y, dicho sea de paso, a los discutiblemente horrorosos estándares de diseño de la época). La diferencia de relieve entre la vieja y la nueva clase creativa es que los arts and crafts rechazaban la tecnología, mientras que los nuevos la adoran, pero la crítica es la misma. Las soluciones que pasan por la mejora del individuo y una utopía de amor por el trabajo realizado, sean los artesanos medievalistas arts and crafts o los escritores de arengas do what you love obvian el hecho de que solo una fracción muy pequeña de las sociedades occidentales, no digamos ya del planeta, se lo puede permitir.

Esta combinación de autonomismo y tecnofilia tiene como resultado que en TED apenas se habla de política (y cuando sí se habla, a menudo es para tratarla como un problema a resolver). Las ideas que se presentan suelen hacerle un bypass al juego político y a las instituciones (acabemos con el cambio climático instalando sensores inteligentes en casa), evitando debatir los conflictos ideológicos y los intereses opuestos en aras de una supuesta pax tecnológica. La disfuncionalidad de los parlamentos y gobiernos se presenta como evidencia de que están rotos, sin tener en cuenta que las ineficiencias a menudo están ahí por algún motivo (it’s not a bug, it’s a feature!). El enfoque en soluciones micro abanderadas por héroes individuales conlleva que se eviten problemas estructurales que solo pueden confrontarse a través de la política, como la inmigración o la desigualdad de ingresos.

Por lo tanto, más que un dispersor de conocimiento o una catástrofe, las charlas TED son (como llama el historiador Lears al movimiento arts and crafts) un pasatiempo vivificante para el mundo privilegiado, con  un enfoque en soluciones ad-hoc que mejoran el planeta sin necesidad de embarrarnos en el juego de la política o las instituciones. En ese sentido cumplen la misma función social que el comprar quinoa orgánica o el apuntarse a una clase de yoga, y son igual de inocuas.