Economía

Brechas generacionales en la educación: Un hecho y dos hipótesis

17 Oct, 2013 - - @octavio_medina

Parece inevitable que el colofón de cualquier informe sobre la educación en España – o, bien pensado, sobre España en general – sea un río de editoriales mirando los muros de la patria nuestra y lamentándose de su desmoronamiento. El lanzamiento del informe PIAAC sobre habilidades y competencias no ha defraudado en ese sentido. Es cierto que hay motivos por los que alarmarse, dado que los resultados de España son malos. Pero el paso siguiente, que consiste en asignar una causalidad clara a factores como la denostada LOGSE, los recortes del PP o la descentralización de la educación a las comunidades autónomas poco contribuyen a solucionar el problema, dado que simplemente no se pueden tomar conclusiones absolutas de un informe que es únicamente una fotografía parcial de la educación en España.

Dicho esto, aventuremos un poco al estilo de eso que los estadounidenses llaman educated guess. El titular que más artículos se ha llevado es que España está en el fondo del barril junto a nuestro vecino habitual, Italia, tanto en competencias lectoras (literacy) como en numéricas (numeracy). Por ello voy a hablar de otro hecho que ha pasado (relativamente) algo más desapercibido: la gran diferencia entre el nivel de nuestros jóvenes de 16 a 24 años y el de los adultos de 55 a 65. En todos los países analizados los jóvenes aparecen por delante, pero España es el segundo país (por detrás de Corea del Sur) con la brecha más grande, lo que en esencia significa que nuestros jóvenes están más cerca de la media de la OCDE que nuestra población de 55 a 65 años.

literacy

Dos hipótesis: retraso histórico y pérdida de habilidades

La disminución progresiva de la brecha entre España y la media de la OCDE por edad nos deja, a mi entender, dos hipótesis, que no tienen por qué ser contradictorias. En primer lugar, España partía con un retraso histórico muy notable en su sistema educativo. La universalización de la educación primaria, y posteriormente la de la secundaria son algo que muchos países que hoy lideran las tablas hicieron hace muchas décadas. En España es algo más reciente. La educación de antaño, que hoy muchos añoran, quizá fuera mejor que la actual (yo lo dudo), pero servía únicamente a una élite muy reducida. Goldin y Katz, autores de uno de los mejores libros de los últimos años sobre el capital humano y la tecnología (The Race between Education and Technology) , lo muestran en la siguiente gráfica. España y Portugal eran los países más rezagados de Europa Occidental en los años cincuenta, con porcentajes de cobertura de educación secundaria absolutamente irrisorios comparados con los de los países escandinavos y, por supuesto, con los de Estados Unidos, el gran pionero de la universalización de la educación.

Por lo tanto, el hecho de que la diferencia entre las habilidades de jóvenes y trabajadores mayores sea tan grande en España podría responder simplemente al hecho de que nuestras cohortes más añejas estaban en una situación de desventaja clara frente al resto de países que hoy en día forman la OCDE, mientras que nuestros jóvenes gozan de un acceso a la educación similar al del resto de nuestros vecinos, sea la calidad de esa educación buena o no. En definitiva estaríamos asumiendo que las capacidades de los individuos quedan más o menos definidas después del paso por el sistema educativo.

coverage1955

La segunda explicación es la progresiva pérdida de habilidades de los individuos a medida que pasan los años. Podría ser que los trabajadores que hoy en día tienen de 55 a 65 años tuvieran una mayor capacidad lectora y numérica hace cuarenta años. Sin inversión, el capital se deprecia con el tiempo, y el capital humano no es una excepción. Como apunta el informe de la OCDE (y otros muchos), las habilidades tienden a perderse si no se utilizan a menudo o se practican. En España tenemos dos factores que podrían influir mucho en esta depreciación: Primero, nuestros sistemas de formación para adultos distan mucho de ser una maravilla, y además solo un porcentaje relativamente bajo de los trabajadores los utilizan.

Por si fuera poco, son los trabajadores más cualificados los que lo demandan más. Solo un 19% de los adultos que puntuaron en el nivel más bajo de comprensión lectora habían hecho algún curso de formación en el año anterior, mientras que el porcentaje para los trabajadores del nivel más alto era del 79%. Segundo, España tiene unos niveles históricos de desempleo muy superiores al resto de nuestros vecinos. El paro tiene efectos muy importantes sobre nuestro capital humano. Cuando un desempleado vuelve a encontrar trabajo, su nuevo sueldo es más bajo que el último que ganaba antes de perder su empleo, lo cual refleja en parte esa pérdida de competencias.

Lo más probable es que en España estemos viendo ambas cosas. La evidencia nos sugiere que hemos mejorado, y mucho, en términos de garantizar el acceso a la educación para todos. El resultado es que nuestras generaciones de baby boomers tienen, de media, menos años de educación que nuestros jóvenes, lo cual se refleja en nuestra gran brecha generacional en términos de competencias. Pero también es cierto que no hacemos lo suficiente para que los españoles sigan acumulando capital humano una vez dejan el sistema educativo. Es más, a menudo parece que hacemos todo lo posible para garantizar que lo pierdan.