Economía

Salarios, trabajadores y empresas

8 May, 2013 - - @egocrata

Una de las confusiones recurrentes al hablar de economía en los medios españoles es las discusiones sobre cómo se fijan los salarios en sentido amplio. Con esto me refiero a la compensación total de los trabajadores incluyendo cosas que van más allá del sueldo: cosas como días de vacaciones, bajas por maternidad, seguridad laboral o seguros médicos.Palabras como explotación salen a la luz a menudo, igual que voces pidiendo subidas del salario mínimo o exigiendo que los gobiernos impongan por ley uno u otro derecho.

Dado que es un tema central en la economía de cualquier país, y que a menudo parece generar debates tontos entre gente que debería estar de acuerdo, vale la pena dar un pequeño repaso a algunas ideas básicas para responder una pregunta muy simple: ¿por qué cobramos lo que cobramos?

1. La productividad y los salarios máximos

Un salario no es más que un precio. Más en concreto, es el precio que paga un empresario por una cantidad determinada de trabajo; la compra por parte del patrón de un servicio que proporciona el obrero. El empresario pagará por ese servicio una cantidad determinada,, pero nunca por encima de un determinado máximo: el precio por el que puede vender lo que el obrero produce. Si un trabajador produce un patito de goma cada hora y el empresario puede vender un patito de goma por un dólar, el empresario nunca, nunca, nunca podrá pagar más de un dólar la hora.

Si la fábrica de patitos de goma tiene además otros costes (alquiler, maquinaria, intereses de deuda, etcétera) el sueldo máximo que podrá cobrar un trabajador será algo menor. El capitalista, además, va a querer tener un poco de beneficio para compensar el riesgo / coste de oportunidad que está corriendo al abrir un negocio (ha metido dinero en una fábrica en vez de bonos del tesoro, al fin y al cabo), así que el tope salarial incluirá también este detalle. A efectos prácticos, un currela medio nunca va a poder cobrar más de lo que produce. La productividad de cada trabajador será, por tanto, un detalle crucial cuando pensemos en salarios.

2. Tecnología, capital y demás

Si queremos aumentar la producción de nuestra fábrica de patitos de goma siempre tenemos dos opciones. Por un lado podemos contratar más obreros; si añadimos un tipo adicional, podemos duplicar la producción si tenemos suficiente espacio en la fábrica. Por otro lado podemos dar a nuestro currela mejores herramientas, y en vez de tenerle tallando patitos de goma con una hacha de sílex, podemos comprar maquinaria para que pueda producir más rápido. Supongamos que ahora nuestro trabajador está fabricando 100 patitos la hora, generándonos unos ingresos de 100 dólares. El “tope” salarial aumentará en consecuencia, aunque siempre teniendo en cuenta que los costes para el empresario (financiación de la maquinaria, energía, etcétera) también son mayores. Un aumento de la productividad permite subir los sueldos, aunque el aumento no será lineal; dependiendo del volumen de capital que necesitemos tendremos más o menos costes.

3. Más allá del salario: seguridad en la empresa

Supongamos que, después de un pavoroso accidente producido por patitos de goma explosivos el gobierno del país decide imponer una normativa de seguridad a nuestra fábrica. A partir de ahora nuestro negocio deberá emplear un bombero con extintor por cada diez obreros que tengamos, asegurando que no tenemos una peligrosa detonación palmípeda.

Esto, no hace falta decirlo, es un coste – a efectos prácticos, es otro coste de hacer negocios parecido a una subida del alquiler, o mantener una máquina ruidosa. La regulación hará que el empresario tenga que dedicar un poco más recursos para cubrir costes aparte de los sueldos, reduciendo un poco el salario máximo que puede ofrecer. Nada es gratis, ciertamente.

4. Productividad del resto de la economía

Si la demanda de patitos de goma aumenta, el empresario tiene que decidir qué va a hacer para aumentar la producción. Supongamos que somos una fábrica sin tecnología, así que pagamos muy poco, pero que estamos en un país donde hay muchos agricultores viviendo en la miseria. Es relativamente fácil atraer más obreros por el mero hecho que nuestro sueldo es menos patético que el de un trabajador del campo. Si estamos en un país con fábricas decentes y agricultores bien pagados, la cosa cambia; cuando ponemos un anuncio ofreciendo un dólar la hora no vendrá nadie. La única manera de atraer trabajadores es pagando un poco más, algo que sólo podemos hacer invirtiendo para aumentar la productividad.

Esto quiere decir que los salarios de una empresa determinada no sólo dependen de lo que haga un capitalista determinado; también dependen de la productividad del resto de la economía. Si todo el mundo está pagando salarios decentes, una empresa deberá pagar cantidades parecidas; para hacerlo, tendrá que invertir.

¿Qué quieren decir estos factores?

Simplemente que en un país como Bangladesh, donde hay muchos trabajadores pero poca tecnología, es muy difícil poder pagar grandes salarios. Cada trabajador produce relativamente poco, ya que la maquinaría empleada es muy básica. Si quieren producir más, es más barato contratar más gente que invertir en maquinaria más moderna; la alternativa, cultivar arroz, paga mucho peor. Es por eso que un país como Bangladesh tiene fábricas con salarios misérrimos; la productividad es baja, la inversión en capital pequeña, y no se puede pagar más.

Si el gobierno, en un ataque de buena voluntad, aprueba medidas que aumentan los costes salariales, lo que veremos a menudo es sueldos más bajos. Si las medidas hacen que los costes suban lo suficiente como para los salarios estén por debajo de los trabajadores agrícolas, las fábricas se vaciarán. En un país desarrollado es posible que los empresarios reaccionen invirtiendo para aumentar la productividad. En un lugar como Bangladesh, con un sistema financiero poco desarrollado y muy poca tecnología propia, esto sin embargo es caro: uno tiene que importar maquinaria, pagar tipos de interés altos (¿quién presta dinero a Bangladesh?) y pelearse con la falta de infraestructura, piezas de repuesto, mecánicos y demás. Es muy posible que un aumento fuerte de costes salariales indirectos sencillamente hiciera de las fábricas algo inviable.

Los salarios en Bangladesh son escasos porque, ahora  mismo, no producen demasiado. Afortunadamente, las cosas están empezando a cambiar.

¿Cuándo cambian las cosas?

Lo que vemos en estos países es, casi siempre, una mezcla de varios factores. Para empezar, las exportaciones facilitan el acceso a capital. Tarde o temprano, además, el país empieza a quedarse sin mano de obra suficiente en alguna parte; el campo se vacía demasiado en algún sitio, presionando los salarios al alza ahí, o las fábricas empiezan a encontrar cuellos de botella. En ocasiones el gobierno del país interviene forzando un aumento de la tasa de ahorro reprimiendo el consumo y subvencionando la inversión (caso de China, con férreos controles en precios agrícolas y salarios, y bancos públicos dando crédito barato). A menudo es la inversión exterior, con multinacionales poniendo dinero para crear fábricas decentes, aprovechando que la productividad media del país es aún muy baja y pueden ofrecer salarios bajos.

Lo importante, en todo caso, es que la productividad empieza a aumentar en la economía, generando más riqueza. Eso permite que los salarios vaya subiendo, y la pobreza reduciéndose. Poco a poco tenemos un país que pasa del tercer mundo al primero. Lo que no podemos olvidar, sin embargo, es que el hecho que un país se enriquezca o que vemos menos pobreza no quiere decir que vayamos a ver más igualdad y salarios más altos para todos.

¿Por qué hay países más desiguales que otros?

La productividad de los trabajadores es una guía sobre cuánto pueden llegar a cobrar, pero eso no quiere decir que los resultados de ese trabajo se dividan entre patrón y obrero en la misma proporción en todas partes. El porcentaje de PIB dedicado a salarios es muy distinto de un país a otro; en lugares como Dinamarca o Suecia ronda el 75%, mientras que en España o Italia anda entre el 55 y el 57%. Este porcentaje depende en parte de la estructura económica del país (como mayor el retorno del capital, menor el porcentaje en salarios), tecnología (es posible que países con industrias más automatizadas dediquen más PIB a maquinaria y menos a mano de obra), la tasa de paro (menos paro, más poder de negociación para los asalariados) y, obviamente, de la política.

El sistema político tiene mucho que decir sobre el peso de los salarios en una economía. El poder de negociación de los trabajadores, depende de la negociación colectiva, existencia o no de un salario mínimo, calidad de la mano de obra, restricciones a la competencia en el mercado (los oligopolistas pagan peor), o incluso la dualidad del mercado laboral (si un país concentra un montón de costes extrasalariales por ley en un grupo de trabajadores, los salarios del resto van a ser un castaña). En muchos países en desarrollo, las autoridades tratan de limitar forzosamente los salarios para liberar capital para reinvertirlo (caso de China en los últimos años, sin ir más lejos) o para hacer felices a los caciques de la industria amigos del gobierno (una dictadura bananera media).

Vale la pena recordar, sin embargo, que el peso de los salarios en la economía sólo explica parte del nivel de desigualdades de un país. Estados Unidos dedica mucho más dinero a salarios como porcentaje del PIB  (64%) que España, Holanda (60%) o Noruega (50%), a pesar de ser mucho más desigual. Lloyd Blankfein no deja de ser un humilde asalariado, al fin y al cabo; medir desigualdad según el peso de los salarios puede ser engañoso. El peso de los salarios en la economía americana ha variado relativamente poco en los últimos diez años comparado con el descomunal aumento de la desigualdad.

Sobre comercio, exportaciones, sus efectos distributivos y los orígenes de la desigualdad hablamos mañana. Vaya por delante: no todo el aumento de las desigualdades en los países de la OCDE es político, el comercio exterior tiene efectos bastante limitados, y es posible que parte de los cambios recientes sean por evolución tecnológica.  Y si eso es así, por cierto, puede que tengamos que rediseñar el estado de bienestar.