Internacional

Por qué importa Mali

31 Ene, 2013 -

Los responsables de Politikon me han invitado muy gentilmente a que escriba unas líneas sobre lo que está sucediendo en el Sahel, una especie de backgrounder, y qué riesgos entraña para España. Más allá de la lectura política que cada cual quiera hacer de la situación, Mali supone un grave problema de seguridad internacional, y por tanto esa es la perspectiva que se adopta en este comentario. Ciertos aspectos quedan sin tratar: el desarrollo de la rebelión, el golpe de Estado, la intervención militar de Francia y sus aliados africanos o el papel de otros países (Estados Unidos, Italia, Reino Unido, España…); no son necesarios en una exposición que quiere centrarse en los peligros duraderos de la situación.

mapaazawad

 

1. Algunas consecuencias de la guerra de Libia

Hace ahora un año, en el noreste de Mali, en la región tradicionalmente denominada Azawad, renació la rebelión tuareg por obra del Movimiento Nacional de Liberación de Azawad (MNLA), separatista y laico. Los tuaregs de Azawad (ellos se llaman kel tamasheq: «los que hablan tamasheq») ya se habían rebelado con anterioridad contra el gobierno del moderno Mali —en 1990-1995 y en 2007-2009—, siempre por el mismo motivo: el reiterado incumplimiento de lo acordado en el Pacto Nacional de 1992 (pdf) por parte de Bamako (capital del país), tanto en lo referente a la autonomía política de la región como a su desarrollo en infraestructuras, servicios, integración burocrática y social, ayuda financiera y seguridad ciudadana (incluida la protección de fronteras). En el noreste se sienten abandonados, y para los de la capital, que no van precisamente sobrados de fondos, aquello siempre ha sido un desierto antipático carente de recursos naturales que explotar. En el ánimo de los malienses occidentales también influye la diferente composición étnica y los diferentes modos de vida: ellos son sedentarios —la exportación de algodón es la mayor fuente de riqueza del país—, mientras que en Azawad abundan los orgullosos pastores nómadas que siempre han rehusado someterse a una administración no árabe y negra, y entre cuyas exigencias destaca la de que se les reconozca una serie de «históricos derechos de paso» de cuando las fronteras nacionales no podían detenerles.

En la actual rebelión, sin embargo, a diferencia de las precedentes, donde hubo períodos largos de gestación, ha ocurrido que entre la fundación del MNLA y el inicio de las hostilidades contra las fuerzas gubernamentales apenas transcurrieron tres meses. Se formó un ejército irregular en octubre de 2011 y la guerra comenzó a mediados de enero de 2012. Tanta rapidez se explica por el final de conflicto libio: los cuadros de oficiales del MNLA —por llamarlos de algún modo— estaban compuestos en su mayoría por mercenarios kel tamasheq que habían luchado al servicio de Gathafi (Gadafi), y ahora volvían a casa sin trabajo pero con experiencia militar, y sobre todo con armas y municiones. Sus razones para rebelarse existían desde hacía décadas (su primera insurrección data de 1962), y de repente se encontraron mejor equipados que nunca para tratar de imponerlas por la fuerza.

Otro de los grupos principales que se sumarán a la rebelión, Ansar ad Din (también vale Ansar al Din o Ansar Dine, «Defensores de la fe», de ideología salafista-yijadista), fue fundado unas semanas después que el MNLA, en noviembre de 2011, y a finales de enero ya andaba pegando tiros, sitiando ciudades y conquistando bases militares. Su arsenal inicial procedía igualmente del desbarajuste libio, así como buena parte de sus integrantes, que se vieron reforzados enseguida por 40 veteranos de Al Qa’ida en las Tierras del Magreb Islámico (AQMI, ó AQIM por sus siglas en inglés). El fundador y líder de Ansar ad Din es Iyad ag Ghali, sobre el que no puede recaer sospecha alguna de oportunismo, ya que fue quien inició la rebelión tuareg de 1990-1995. Pero la vida da muchas vueltas: entonces perseguía un Azawad laico y ahora quiere subyugarlo bajo una inclemente shari’ah. Y da vueltas dentro de las vueltas: su acercamiento al Islam se produjo a través de las misiones paquistaníes para la difusión de la fe que irrumpieron a finales de los años 90 en el norte de Mali, en dura competencia con predicadores wahhabíes saudíes (pdf; igual que ahora mismo llegan de Qatar), pero entre 2009 y 2010, estando destinado en Yida (Arabia Saudí) como parte del personal diplomático maliense, abandonó sus pacíficas creencias islamoasiáticas y se convirtió al wahhabismo más radical.

Suya fue, a todo esto, no de AQMI, la decisión militar de cruzar la frontera imaginaria entre Azawad y Mali que aceleró la prevista intervención de Francia. Su extremismo también habría propiciado que los aristócratas de Azawad de entre sus filas —kel tamasheq de Ifoghas— se escindieran y negociaran la paz por su cuenta, sin desdeñar la posibilidad de incorporarse al bando francomaliense (escisión que el grupo madre niega). Si las negociaciones existen y llegan a puerto, no sería la primera vez que unos terroristas se convierten ipsofacto en freedom fighters. Pasó con varias facciones de rebeldes libios, por no remontarse ni más lejos ni más atrás, y es típico en los grupos formados por aluvión, en los cuales no existen vínculos duraderos ni, a menudo, coincidencia ideológica entre quienes literalmente se apuntan a un bombardeo.

Estos dos casos de milicias listas para guerrear en tiempo récord —que no son los únicos— son elocuentes respecto de las dramáticas consecuencias que en Mali ha tenido la guerra civil libia. Es un hecho que se «extraviaron» toneladas de armas y municiones puestas por Gathafi en manos de sus mercenarios sureños —subsaharianos, además de tuaregs malienses y subsahelianos—, y muchas otras simplemente fueron robadas de depósitos militares sin vigilancia o recuperadas del humeante campo de batalla. Desde finales de 2011/principios de 2012, ese armamento, además de en Mali, está reapareciendo en el Sinaí, en Siria, en Túnez, en Argelia o en Nigeria. Igualmente, AQMI y sus aliados cuentan con un material del que antes no disponían, y están en condiciones de planear y ejecutar audaces ataques terroristas ( 1 | 2 ) que se caracterizan, a la vez que por los medios empleados, por la sensación de autoconfianza que irradian, consecuencia de saberse poderosos (vídeo).

2. Santuario

El noreste de Mali, Azawad, donde la sabana del Sahel se convierte en desierto del Sáhara, comprende las regiones de Timbuctú, Kidal, Gao y parte de Mopti, y ocupa una extensión de unos 820.000 Km², una vez y media España, pero con solo una población de 1.300.000 personas (su densidad, por tanto, es de 1.5 personas por km², frente a las 92 de España). Por decirlo en toda su crudeza, Azawad es la parte más pobre de uno de los países más pobres del mundo, obviedad que no ha desanimado a los propagandistas que siempre surgen en las crisis bélicas: son todos esos que fabulan que Francia solo está en Mali por el uranio (1 | 2 | 3 | 4 | Blood for Uranium), cuando lo cierto es que dicho uranio, en realidad, no existe. Sí, se hacen prospecciones y catas mineralógicas, y es posible que alguna vez localicen un yacimiento, pero a día de hoy no hay una sola mina de uranio en Mali (ni reservas comprobadas). Las minas están en el país vecino de Níger, y su protección por unidades de las fuerzas especiales francesas (y no francesas) ha sido contemplada en la Operación Serval, ya que, como se recordará, AQMI secuestró a 7 trabajadores de las minas de Níger en 2010 y todavía retiene cautivos a cuatro franceses.

Desde un punto de vista estratégico, en cambio, el desierto maliense resulta ser el lugar perfecto para esconderse y abrir tienda, y eso ha sucedido en los últimos años, convertiéndose en residencia predilecta de contrabandistas y grupos terroristas. Se trafica (pdf) en todas direcciones y con todo —drogas, artículos falsificados, tabaco, armas, personas (pdf)—, y no solo lo hacen los locales o africanos en general, sino también los cárteles sudamericanos de cocaína, que compran aviones de línea que han sido retirados del servicio y los despanzurran en el lugar una vez aterrizan y descargan (se les llama aviones Coca-Cola, porque son de usar y tirar como las latas de refresco). Comoquiera que en el Sahel, desde la costa atlántica a la índica, pululan unos 70 grupos armados estables «con nombre» —bandas de terroristas, de militares expulsados o de meros bandoleros—, además de incontables partidas que carecen de nombre, eso significa que el flujo de mercancías es incesante, y por tanto también las rencillas y las alianzas contra natura. De ambas se han visto unas cuantas en 2012 en la rebelión contra el gobierno de Mali.

Azawad, pues, ha sido lo que técnicamente se conoce como santuario (safe haven), un refugio a salvo del brazo de la ley donde establecer el cuartel general o la base de operaciones, y donde de paso garantizarse las sinergias intersectoriales de rigor. AQIM, cuya principal actividad durante un tiempo fue la lucrativa industria del secuestro, empezó a instalarse en la zona allá por 2005, y del todo a partir de 2008. Una de sus katibas (brigadas, lo que ETA llama comandos) puede desplazarse hasta la vecina Mauritania, secuestrar a tres cooperantes españoles, llevárselos a Mali y obtener un rescate por ellos, y el mayor problema que encontrará será parar a mitad camino a repostar en los depósitos de gasolina que tienen enterrados en el desierto. Las fuerzas armadas malienses ascienden a solo unos 7500 efectivos y no pueden hacerse cargo de la seguridad de la vasta extensión que aquí consideramos. Pero otro impedimento no menor a la hora de investigar, perseguirlos y capturarlos es la corrupción generalizada en todos los estamentos oficiales y una equivalente deslealtad institucional (en el sentido de que, ante la más nimia dificultad, un soldado puede dejar el fusil en el suelo y salir corriendo o un funcionario girarse de espaldas para no comprometerse). Traficantes y terroristas disponen de cuantiosos fondos para comprar silencios, voluntades y ayudas, y el gobierno no se interpone en su camino.

Estado fallido, sí; Estado débil, por supuesto; territorio sin ley, también. Pero acaso un incidente ocurrido en 2010 arroje más luz al respecto. Un grupo de árabes y tuaregs de alcurnia —de Ifoghas, como los de arriba— emboscaron a unos contrabandistas de la provincia de Gao (kel ulli, «los de las cabras») y les robaron su cargamento de armas y drogas. En represalia, «los de las cabras» secuestraron al anciano jefe de la tribu Kunta, una de las importantes de Azawad, un venerable abuelito de 88 años cuyo nieto, al parecer, estuvo involucrado en el asalto. La opinión pública —el todo Timbuctú, que diría un gacetillero cursi— encontró el secuestro «irrespetuoso y peligroso para la relativa paz existente» (habría que animar a la politología convencional a que discurriera un adjetivo no peyorativo con el que definir a quienes califican un secuestro como «un acto irrespetuoso»). El gobierno de Bamako, para resolver la más que probable contienda intertribal, mandó una delegación de alto nivel a negociar la liberación del jefe secuestrado. Menos uno, todos sus miembros procedían de la tribu de los secuestradores. En dos días se resolvió el incidente y el anciano fue liberado. ¿Pero alguien pagó con cárcel por sus delitos? Nadie. Hablamos, por tanto, de un Estado que cabe definir como fallido, pero que merece un matiz adicional: es un Estado que renuncia a constituirse tal como aquí lo entendemos porque le pesan más los códigos tribales y el honor (personal, familiar, del clan, de la tribu, de la etnia) que la constitución de 1992, que es moderna, laica, admirable, de hechuras occidentales… y en la que no se menciona una sola vez la existencia de tribus.

Siempre que «respete a los respetables» del lugar, i.e. a los jefes de clanes y tribus, una banda terrorista como AQMI, con cientos de cadáveres a sus espaldas, puede establecerse en Azawad sin temor alguno a ser denunciada. Hace unos días, una katiba autodenominada ora «Los enmascarados» (Al Mulatahemin), ora «Los que firman con sangre» (Al Mua’qi’oon Biddam), tomó por las armas el control de la enorme gasística de British Petroleum y Statoil en In Aménas (Argelia), reteniendo a cientos de trabajadores como rehenes. Por reciente y por sobradamente difundida en los medios no es necesario que analicemos aquí el desarrollo de esa operación terrorista, pero sí procede subrayar que es el clásico ataque que se ejecuta desde un santuario. El líder de «Los que firman con sangre» es el tuerto Mojtar Belmojtar, que hasta diciembre de 2012 era uno de los comandantes históricos de AQIM. Ese mes fundó su propio grupo salafista-yijadista, pero sigue sometiéndose a Ayman al Zawahiri y colaborando con AQIM en lo que sea menester.

Belmojtar, tuareg argelino, veterano afghan arab que combatió en Afganistán en los 90 y que al volver se enroló primero en el GIA y luego en el GSPC (que pasaría a llamarse AQIM en diciembre de 2006), vive tan campante en Azawad, disfrutando de la protección de los locales y de la indiferencia de la administración en la región del norte. Tal indiferencia la debe a su intermediación en el secuestro en 2003 de 17 turistas alemanes y austriacos, cuando posibilitó su liberación. Agradecido, el coronel maliense El Gamou Hajj, también tuareg, le garantizó una suerte de «asilo político» a cambio de que nunca emprendiera acciones hostiles en Azawad («On lui avait promis de le laisser tranquille à condition qu’il ne se livre pas à des actions hostiles sur notre sol»). Y para merecer la protección de los locales lo que hizo fue contraer distintos matrimonios estratégicos: primero con una joven árabe de una prominente familia de Timbuctú, y posteriormente con otra joven tuareg y con una tercera de la tribu árabe de los Barbiches. Mediante estas alianzas no solo se integró en el sistema local, sino que obtuvo de los líderes tribales el permiso para involucrarse en actividades de contrabando. Ha generado para la causa —y para su propio bolsillo— decenas de millones de euros (sic) gracias al tráfico de armas, tabaco y droga. No por nada se le conoce también por el apodo de Mister Marlboro. El resto del prestigio local lo consigue pagando las piezas de ganado por el doble de lo que valen, financiando escuelas, dispensarios y programas caritativos.

3. ¿Una guerra con doble fondo?

Habiendo descrito el contexto de partida, se entenderá fácilmente que la rebelión de los kel tamasheq, a quienes a priori no hay por qué negar su patriotismo azawadiense, pudo tener un doble propósito: el primero, por supuesto, conseguir la independencia (y la declararon con pompa y ceremonia, pero con nulos efectos diplomáticos, a principios de abril de 2012); y quizá hubiera el segundo interés de limpiar la región de maleantes por vía interpuesta. Sería coherente con ese patriotismo, aunque solo saldremos de dudas si en el futuro se dan a conocer algunas actas anteriores a su primer congreso. Aun sin ellas no resulta muy aventurado deducir a partir de los hechos, que se caracterizan por ser obstinados. En toda apuesta arriesgada, y la rebelión lo ha sido, siempre gana el más comprometido. Eso explica que los grupos terroristas que se sumaron a ella —Ansar ad Din, AQIM y MUYAO (Movimiento por la Unidad y el Yijad en África Occidental), dependiente en último término de AQIM— hayan barrido al MNLA del mapa. Reconquistaron las ciudades que los kel tamasheq habían «liberado» e impusieron en ellas su versión de la shari’ah. La población maliense profesa un Islam moderado emparentado con el sufismo, muy abierto y nada proclive a extremismos, y he aquí que los yijadistas prohibieron la música en la cuna africana del blues, obligaron a las mujeres a llevar velo negro —práctica que siempre aprovechan los yijadistas varones para aquello del viejo truco del almendruco—, profanaron tumbas —como ya hizo uno de los suyos en España hace un tiempo—, lapidaron y degollaron (qata al raas) a mansalva, reclutaron niños soldado y, en suma, arrasaron allá por donde pasaron, obligando a los lugareños a buscar salvación en campos de refugiados (pdf). No era esto lo que perseguían los del MNLA; pero tampoco debía andar muy lejos de lo que sospechaban que podría pasar.

Un Azawad así es inasumible en nuestro patio, como lo llama Reinares, y menos aún todo un Mali oficialmente yijadista. Sería un foco de inestabilidad permanente para el norte de África, para el Golfo de Guinea y, last but not least, para Europa misma. Las lecciones de Somalia desde finales de los 80, las de Sudán y Yemen en los 90, o las del Afganistán de los talibanes, tienen que servir de algo. Las lecciones de siglos pasados también. En definitiva, los kel tamasheq pusieron en marcha una cuenta atrás que los yijadistas reconocieron al instante, y entendieron que no les quedaba otra alternativa que hacerse con el control de la situación y agravar el problema para suscitar la solidaridad de los afines en todos los rincones del globo. Van ser derrotados con cierta facilidad a poco que Francia y sus aliados aprieten, pues ese desierto no permite las florituras asimétricas del montañoso y pobladísimo AfPak y la vigilancia satelital o mediante drones, ayudada por una sólida HUMINT, les haría la vida harto complicada. Por ello no sería de extrañar que en breve alguna figura yijadista lance un llamamiento a la yijad mundial como hiciera Abdulá Azzam en el Afganistán de los soviéticos. Saben que están condenados a perder el santuario, y querrán que lo paguemos con sangre. Porque ellos, como presumen los que atacaron In Aménas, firman con sangre. Entiéndase bien: aunque la guerra en Mali termine rápido, la amenaza terrorista no lo hará.

4. Desde España

Si AQMI no ha atentado todavía en Europa solo ha sido porque no ha podido. No le ha faltado voluntad, expresada en decenas de ocasiones desde 2007 a través de comunicados y declaraciones amenazantes, sino capacidad operativa y cadena de mando local; y tampoco le faltan durmientes ni redes de apoyo, sino la oportunidad de despertar a unos y que se activen las otras. A diferencia de lo que el cine de espías ha dado a entender en alguna ocasión, un durmiente no es una persona hipnotizada en la niñez a quien hay que sacar de su sonambulismo cotidiano mediante una misteriosa llamada telefónica: es solo alguien —una persona, un grupo— que está dispuesto a practicar la violencia cuando se presenten las circunstancias propicias, sin importarle morir en el intento. Y por redes de apoyo se entiende a todos aquellos que les justifican intelectual o ideológicamente, y que llegado el caso les ayudan en cuestiones de logística, de análisis de objetivos o de financiación. Hasta finales de 2011 —o, si se quiere ser más preciso, hasta pocas semanas antes de concluir la guerra de Libia—, todo estaba en relativa calma: los durmientes durmiendo y los simpatizantes manifestando su impotencia en los distintos foros islamistas. Unos y otros necesitan un tipo especial de esperanza contagiosa y no la había en el horizonte, y tambien necesitan un liderazgo vinculante y una causa viva a la que sumarse, y tampoco y tampoco. Lo cual, dicho sea de paso, explica la perplejidad de algún analista que encuentra que sus datos en este sentido son contraintuitivos.

Hasta la fecha groso modo indicada, el riesgo de que esta situación cambiara era menor, no merecedor de ningún seguimiento especialmente intensivo por parte de nuestros servicios contraterroristas. Pero Libia lo cambió todo, y ya no digamos los acontecimientos posteriores en Mali. Aquí y ahora, a solo tres horas de avión del teatro de operaciones saheliano, se detecta una euforia antes inexistente, y los durmientes empiezan a salir de su anónimo letargo. Ya tienen causa viva, aliciente, circunstancias propicias, y por si les faltara algo renace el yijadismo en Siria. Los casos se acumulan, lo mismo en Marruecos ( 1 | 2 | 3 ) que en Francia ( 1 | 2 | 3 ) que entre nosotros ( 1 | 2 | 3 ). Nadie podrá alegar esta vez, a diferencia de 2004, que no estamos avisados (audio).

5. Conclusiones

¿Tiene solución la crisis maliense? Dado que los problemas ajenos siempre tienen solución, la respuesta tendría que ser afirmativa. Cosa discutible es cómo implementarla. La frialdad que proporciona la distancia aconseja que el gobierno de Mali, llegado al poder el 22 de marzo de 2012 por un golpe de Estado, convoque elecciones generales para que un nuevo Parlamento —no este vergonzoso paripé— redacte una nueva constitución en la que haya espacio para la autonomía política de Azawad y cauces garantizados para su adecuada financiación. Está previsto que Francia presione en esa línea. De los fondos internacionales que inevitablemente se van a dedicar a la reconstrucción del país, una parte tendría que destinarse a ese fin. Igualmente, Argelia y Mali tendrían que acordar una cooperación antiterrorista que ahora mismo no existe, y al objeto de impedir que la región siga siendo un Eldorado para traficantes y terroristas, lo lógico sería que una misión de paz de Naciones Unidas se ocupara de mantener el orden en el norte hasta que los propios azawadienses fueran capaces de asumir esa función. África es el continente con mayor número de misiones de paz de Naciones Unidas —un total de 7—, así que una más no haría daño. Yo, si fuera España, colaboraría por simple egoísmo.

 

Adendo

Este artículo, solicitado por Politikon la semana pasada, les fue remitido el sábado 26 al mediodía, y resulta obvio que algunas observaciones del final han quedado obsoletas. En el texto anticipé que los yijadistas iban a ser vencidos con cierta facilidad, y me quedé corto: el mismo día 26 por la tarde, las tropas francomalienses conquistaban la ciudad de Gao, el lunes la de Timbuctú y hoy Kidal, la que se suponía era el bastión de los yijadistas. En consecuencia, Francia dice que ya ha terminado y le pasa el paquete a Mali, país al que aconseja que resuelva políticamente sus problemas en Azawad.

En cuanto al otro lado de la trinchera, en el artículo también supuse que alguna figura llamaría a la yijad mundial. Bueno, pues ayer el Global Islamic Media Front publicó repentinamente el número 38 de la revista Sadā al-Jihād (Ecos de la Yijad), después de dos años de silencio (el número 37 salió en diciembre de 2010). Dedica varias páginas a Mali. La más llamativa para nosotros es la 29-30, donde sus amenazas contra Francia quedan plasmadas con estas dos fotos:

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