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El esperpento del abismo fiscal

2 Ene, 2013 - - @egocrata

Hoy quería empezar con una crónica de las negociaciones sobre el abismo fiscal en Estados Unidos, y cómo el Congreso ha acabado haciendo lo correcto en el tiempo de descuento, tarde, mal y a rastras, con un arreglo torpe que no acaba de gustar a nadie. Los detalles, sin embargo, son bastante familiares; antes de Navidad parecía estar casi todo cerrado, hasta que John Boehner se dio cuenta que sus compañeros de partido en la Cámara de Representantes le habían dejado solo. Lejos de intentar aprobar el acuerdo con el apoyo de algunos demócratas, Boehner se dio por vencido y poco menos suplicó al Senado que le sacaran las castañas del fuego.

En los últimos días, Mitch McConnell, líder de la minoría republicana en la cámara alta, ha hecho precisamente eso: negociar con la Casa Blanca a todo correr. El acuerdo es relativamente poco ambicioso, pero al menos evitaba el grueso del abismo fiscal. Suben sólo impuestos para rentas altas, suben los impuestos sobre el capital, se limitan varias deducciones y sube ligeramente el impuesto sobre sucesiones. Además, se postpone un recorte en los pagos de Medicare, extienden las prestaciones de desempleo y cupones de alimentos (parte del farm bill), y se mantienen unos cuantos créditos fiscales para clases medias. Lo que ha quedado fuera es el recorte de las cotizaciones sociales, que subirán dos puntos, encontrar una solución a los recortes automáticos de gasto, aplazadas dos meses, y (el punto más importante) no hay un incremento o reforma del techo de la deuda.

¿Es un buen acuerdo? No especialmente. Aunque la contracción fiscal será bastante menor que el 4,5% del PIB de un “salto al abismo” sin acuerdo, a efectos prácticos veremos un 1-1,2% en subidas de impuestos. La mayoría de este frenazo, además, es vía cotizaciones sociales, un impuesto que afecta sobre todo a rentas medias y bajas, así que será bastante contractivo. Aunque Estados Unidos está creciendo a un ritmo decente, no será una gran ayuda, especialmente contando que hay un ajuste de gasto a negociar.

El acuerdo fue aprobado en el Senado a las dos de la mañana el uno de enero, con la Cámara de Representantes votando a las once de la noche. Técnicamente, entonces, hemos saltado al abismo, aunque si aprueban hoy el texto del Senado no tendrá efectos secundarios graves.

El pequeño problema, sin embargo, es techo de la deuda. El techo de la deuda es una de las reliquias históricas del sistema legislativo americano; el Congreso aparte de aprobar los presupuestos del gobierno federal, también establece un límite de emisión de deuda para el Tesoro. Es una ley absurda; el legislativo puede en teoría votar a favor de gastar más de lo que ingresa y prohibir a la administración endeudarse para pagarlo. Hasta el 2011, el Congreso normalmente lloraba un poco cuando tocaba subir el límite, pero nunca ponía demasiadas pegas. Los republicanos, sin embargo, decidieron utilizarlo para forzar recortes de gasto a la administración, bloqueando la subida. Si el gobierno federal no puede endeudarse, hay un 35-40% del gasto que no puede cubrir – a efectos prácticos, estamos hablando de forzar una bancarrota soberana para pedir un cambio presupuestario.

Estados Unidos superó el techo de la deuda anteayer; el Departamento del Tesoro puede hacer unas cuantas acrobacias contables para seguir tirando sin endeudarse hasta finales de febrero, pero no mucho más allá. El acuerdo de hoy ha evitado la subida de impuestos, pero los republicanos (o al menos, el sector montañés del partido en el Congreso, no precisamente pequeño) están ya diciendo que si no hay un montón de recortes de gasto están dispuestos a enviar el país a la bancarrota. La Casa Blanca ha dicho (como siempre dice) que no van a negociar. Van a ser unos dos meses muy divertidos.

El acuerdo ha salido aprobado, por cierto,  con la mayoría de los representantes del GOP votando en contra (85-151); la minoría demócrata ha acabado sacando la ley adelante. El partido republicano realmente no está por la labor de gobernar, o nada por el estilo.