Internacional

El triste, recurrente fracaso de la clase política europea

10 Dic, 2012 - - @egocrata

Estos últimos días he leído cuatro historias que por separado serían decepcionantes, pero que juntas bastan para sumir a cualquier observador en la más profunda tristeza.

Por un lado tenemos la historia de George Osborne, el gobierno conservador del Reino Unido y su tozuda, absurda cruzada para salir de la gran recesión a golpe de austeridad. Como era previsible, el resultado ha sido una larga, deprimente, patética recesión, especialmente deprimente por ser completamente innecesaria. Es dolor y sufrimiento sin motivo aparente, todo por dar una imagen de seriedad.

La segunda historia es el lento, esperpéntico descenso de la derecha francesa hacia algo parecido a una república bananera. Siguiendo la enorme decepción que fue Sarkozy, sus sucesores se han metido es un guerra interna que haría ruborizarse a Izquierda Unida en un día malo. Alex Harrowell tiene un estupendo artículo explicando el peculiar circo de la UMP y el RUMP (no preguntéis); sería cómico si no fuera porque esta tropa son la presunta alternativa de gobierno de un país con 60 millones de habitantes.

Terceros en la lista son los italianos y el retorno de Berlusconi. Que el PDL es como una parodia mala del peronismo era conocido, y que Berlusconi es un cretino tampoco sorprende a nadie. Ver como el ego de un multimillonario corrupto e incapaz de gobernar de forma efectiva va camino de meter la eurozona en otro lío, sin embargo, es para echarse a llorar.

La cuarta historia es el artículo de Pablo de ayer, combinado con el reportaje sobre indultos del sábado en El País  y esta extraña idea (mencionada por Escolar) que Díaz Ferrán era un caso aislado sin relación con el sistema político. En España todo el mundo parece haberse dado cuenta que el país es un desastre menos los políticos; necesitamos reformas con urgencia, un rescate financiero como antes mejor y una renovación a todos los niveles, y el gobierno sólo parece preocuparse sobre las horas lectivas en castellano en las provincias rebeldes del noreste.

En condiciones normales, con países más o menos sanos, la economía creciendo a buen ritmo y los europeos comiendo perdices, muchas de estas historias serían frivolidades, distracciones sin demasiada relevancia. Con la economía del continente sumida en una depresión económica, la Unión Europea al borde de la desintegración y sociedades en todo el continente a punto de estallar es realmente patético.

Por aquí hablamos a menudo sobre el fracaso de las élites políticas españolas. Nuestros problemas, no hace falta decirlo, son peores que los de nuestros vecinos. Nuestra crisis es bastante peor. También nuestros problemas de partida (como el absurdo mercado laboral, herencia del franquismo) eran peores. Pero el fracaso de la clase política nacional no parece ser algo exclusivo a nuestro país; los políticos en los grandes estados europeos han conseguido hacer el ridículo con similar entusiasmo, con contadas excepciones (Brown y Monti). Aparte del puñado de países pequeños que nunca parecen equivocarse demasiado (Suecia, Dinamarca, Holanda, Austria, etcétera) el naufragio ha sido casi completo.

A menudo me meto con Estados Unidos y su a menudo desesperante clase política. Estos días andan metido en uno de esos rituales nihilistas tán tipicos del país (el fiscal cliffpara más señas. Y sí, os debo un artículo sobre ello), con el Congreso buscando nuevas formas de hacer el ridículo.  Cuando empezó la crisis, sin embargo, el sistema político reaccionó como debía: un rescate financiero verdaderamente descomunal (aprobado al segundo intento, pero vamos), un plan de estímulo fiscal agresivo y extenso (seguido por otro a finales del 2010), y una intervención masiva, continuada y decidida de la Reserva Federal para apuntalar el sistema. La recuperación quizás ha sido lenta (como es típico tras crisis financieras), pero infinitamente más rapida que en Europa, que sufrió una crisis financiera comparativamente menor.

Mirando al futuro, es difícil ser optimista al mirar hacia Europa, con sus políticos cortos de miras incapaces de entender dónde se han metido. Los americanos, aún con sus problemas, sencillamente tienen mejores gobernantes. Hablando del país de Rick PerryMichele Bachmann, tiene mérito.