Política

Protestar, ¿para qué?

26 Sep, 2012 - - @egocrata

Las protestas de ayer alrededor del Congreso fueron un fracaso. No por asistencia (aunque la verdad, no fue nada del otro mundo), ni por los disturbios (ni me voy a meter en eso), ni por la extraña simbología de pedir más democracia rodeando el parlamento. Estas cosas, aunque importantes, creo que son bastante secundarias, aunque vale la pena recordar que la manifestación del día 15 de los sindicatos fue bastante mayor y no acabaron a tortas con nadie.  Por un motivo que se me escapa la gente del pacífico 15-M siempre tiene problemas, mientras que el resto de manifestaciones de izquierda en este país siempre salen bien, pero ese es otro tema.

No, la manifestación de ayer fue un fracaso porque a nadie le pareció importarle para qué protestar. El por qué es fácil saberlo; los indicadores económicos y sociales del país son una catástrofe tras otra y basta escuchar dos minutos a casi cualquier ministro del gobierno para darse cuenta que no tienen ni puñetera idea sobre qué están haciendo. A estas alturas protestar está tirado; leyendo el periódico no hay ni un sólo motivo para alegrarse. La pregunta difícil, sin embargo, es hablar sobre qué queremos cambiar; para qué protestamos.

Los organizadores hablaban, si no entendido mal, de varias cosas a la vez. Por un lado tenemos gente pidiendo un “proceso constituyente”, sin explicar exactamente por qué. Las constituciones son un documento estupendo, pero la verdad tienen bien poca relación con la justicia social de un país. Uno puede poner tantos derechos como quiera en su ley fundamental, que quien acaba decidiendo el nivel de gasto es el político que ganas las elecciones. Si alguien tiene ganas de poner niveles de gasto mínimo, derechos vinculantes y cosas sobre este estilo, que sepa que no por legislar sobre la existencia de unicornios estos pasan a ser reales. La restricción presupuestaria y las leyes de la aritmética siguen ahí, diga lo que diga la constitución, y España seguirá ingresando un 25% menos de lo que gasta no importa lo que escribamos. No hay dinero, y no hay proceso constituyente que cambie esto.

Por otro lado tenemos a los supervivientes del 15-M, pidiendo con el mismo ahínco más democracia. También supongo que pueden pedir más gatitos, paella todos los domingos y más helados de chocolate, ya que estamos con obviedades maravillosas, pero no lo limitaremos a cuestiones de procedimiento. El problema es que España no tiene un problema sobre cómo tomamos decisiones, sino que llevamos doce años tomando decisiones estúpidas. Decir que un sistema de listas abiertas nos hubieran salvado del desastre es de una ingenuidad pasmosa, especialmente en vista que Portugal, Grecia e Irlanda lo tienen, y han acabado en el mismo agujero. La ley electoral española es de una torpeza bastante única, pero no es la causa de nuestros males o nuestra espantosa clase política.

Más allá de estas cosas… bueno, no he podido encontrar mucho más. Sé que lo dicho arriba tiene un poco de caricatura, pero tengo la sensación que esta manifestación era más de expresar el glorioso cabreo que todos llevamos dentro que otra cosa. Y sí, el país está fatal, las cosas no parecen ir a mejor y tenemos un Presidente del Gobierno que retrasaría una reforma de la carta de ajuste para intentar ganar unas elecciones en su comunidad de vecinos. Eso lo sabemos. Lo que necesitamos ahora es ir algo más allá.

Decimos que los políticos no nos escuchan. Yo creo que el problema es exactamente el contrario, los políticos están haciendo demasiado caso a los manifestantes, y llevan haciendo esto desde hace demasiado tiempo. Es cierto que los recortes han sido brutales, injustos y a menudo increíblemente crueles con los que menos tienen, pero Rajoy, Mas y sus muchachos no están haciendo esto para joder al personal, sino porque nadie quiere prestarnos dinero. Lo hacen porque a menudo no tienen más remedio. Joder, Mariano incluso ha subido el IRPF y el IVA, así que no es que no quiera recaudar para pagarnos los vicios. Pero ni con esas.

Donde los políticos están haciendo demasiado caso a la calle no es en el nivel de gasto, sino en las reformas estructurales. No hablo de ajustes presupuestarios; hablo de todos esos cambios que llevamos pidiendo desde hace años por aquí y que nunca vemos. Cosas como liberalizar el sector del taxi, arreglar el sector eléctrico, cambiar el sistema de financiación autonómica, aprobar una reforma laboral mínimamente decente, abrir a la competencia industrias protegidas, eliminar los privilegios a colegios profesionales, eliminar trabas burocráticas inútiles o favorecer a la innovación y crecimiento empresarial en vez de seguir subvencionando estúpidamente a las dichosas pymes. Cada vez que el gobierno (tanto este como el anterior, que hemos troleado a todo el mundo) ha hecho un conato de querer afrontar una reforma minúscula en cualquier sector, hemos tenido casi de inmediato una pataleta gigante por parte de los afectados, y una patética rendición del gobierno o una santa chapuza que se queda a medias.

Esto nos ha llevado a una situación francamente lastimosa. La economía española necesita urgentemente reformas de calado para poder volver a crecer y empezar a limpiar las cuentas públicas. Estas reformas son políticamente costosas, así que nuestros líderes las intentan evitar como la peste. Cada vez que han intentado alguna, o se han tirado atrás lloriqueando (taxistas) o han plantado una santa chapuza que no arregla nada (mercado laboral). De forma casi automática los defensores del status quo han salido en tromba para defender sus intereses, y los políticos, casi sin excepción, se han acobardado.

Es hora de pedir reformas. En serio, es hora de pedir que alguien haga algo,  y lo haga de una puñetera vez.  Por si alguien no se ha dado cuenta a estas alturas, el status quo es una auténtica castaña; si el país está metido en este pozo sin fondo no es porque no votemos lo suficiente, sino porque gran parte de la legislación vigente es una auténtica mierda. Hasta ahora los españoles nos hemos movido entre agitar el puño en el aire enfurecidos diciendo lo mal que va todo o en la defensa numantina de alguna ley estúpida diciendo que es en defensa de nuestros derechos, las pymes, los padres de familia con hijos en el paro o alguna falacia similar. Hasta que no nos hagamos la idea que para salir de esta vamos a tener que cambiar muchas cosas y plantear reformas que rompan monopolios, acaben con privilegios y cambien el sinfín de instituciones y regulaciones estúpidas que están ahogan el país no vamos a llegar a ninguna parte.

Y sí, sé de sobras que “por un contrato laboral único con indemnización marginal decreciente y mochila austríaca” es un lema espantoso para una manifestación. No me refiero a esto, o no sólo a esto. España necesita reformas, sean de derechas o de izquierdas, pero necesitamos cambios. Hasta que no exijamos eso de nuestros políticos, no vamos a ver nada remotamente parecido a una recuperación. Si no aprobamos estas reformas nosotros solitos o las escribirán desde Bruselas gente que quiere cobrar deudas, no arreglar el país, así que podemos escoger. O podemos seguir haciendo el melón y nos la pegamos de veras.

Sí, puede ser peor.  Y parecemos emperrados en demostrarlo.