Economía

La izquierda y sus mascotas

11 Jul, 2012 - - @egocrata

Si algo me pone de los nervios sobre la Verdadera Izquierda española es su ridícula tendencia a adoptar mascotas. No sé si es pura nostalgia de tiempos pasados, una especie de obsesión por la literatura heroica o que sencillamente les pierde la estética, pero a la que uno de los símbolos tradicionales del movimiento obrero sale a protestar algo muchos comentaristas pierden la cabeza totalmente. Un día son los camioneros, otro día son los astilleros y la semana siguiente tenemos a los ferroviarios, pero la pasión es siempre la misma.

La mascota del mes esta vez son los mineros. Más en concreto, 4.000 mineros que trabajan en un sector que recibirá 655 millones de euros en subvenciones durante el 2012, 200 menos que el año pasado. De todo este dinero, 320 millones se van a prejubilaciones; el sector recibirá, por tanto, 325 millones en ayudas directas este año. Suponiendo que cada minero empleado genera cinco puestos de trabajo auxiliares (una suposición increíblemente generosa, por cierto) nos sale a más de 13.500 euros por barba; es un pico de subvención, incluso con los recortes.

El problema es que estas subvenciones no son nuevas. Desde que yo recuerdo el gobierno lleva impulsando reconversiones en la minería;  el sector ha perdido un 90% de trabajadores desde 1990. Durante estos 22 años el estado se ha gastado 24.000 millones de euros en multitud de planes de rescate, reconversiones, becas, prejubilaciones, ayudas, subvenciones y demás programas públicos. Ese dinero se ha destinado a mover más de 40.000 trabajadores de empresas que pierden dinero a patadas a otros sectores o jubilarlos mientras se seguía sosteniendo el sector con respiración asistida. Y a eso podemos añadir las extravagantes ayudas a las eléctricas para que utilizaran carbón patrio, por supuesto.

Mi pregunta es: ¿qué narices tiene que ver proteger un sector económico tan patéticamente ineficiente con cualquiera de los objetivos que dice defender la izquierda? No estamos defendiendo la igualdad de oportunidades; los mineros viven aislados del mundo protegidos por papá estado. No estamos combatiendo privilegios; estamos hablando de empresas que viven de subvenciones sin ningún mérito especial. No estamos protegiendo al débil de un imprevisto; los mineros saben desde hace veinte años que sus puestos de trabajo tienen fecha de caducidad. Y desde luego, no estamos protegiendo a nadie de externalidades; al contrario, estamos subvencionando un sector que contamina a espuertas. Es un ejemplo absolutamente espantoso de redistribución de renta, donde usamos el dinero de todos para pagar a gente que trabaja en una empresa obsoleta, sucia e inviable.

La argumentación de la izquierda que defiende los mineros es básicamente incomprensible. He leído gente hablando que es un sector estratégico e independencia energética con una retórica que haría feliz a George W. Bush (si es estratégico, mejor guardarlo para cuando haga falta, por cierto. Puestos a ser absurdos). He visto gente diciendo que el gobierno “rompió con lo pactado”, como si las leyes una vez aprobadas fueran imposibles de cambiar cuando hay una nueva mayoría parlamentaria. He leído odas a la simbología proletaria como si eso bastará para dar subvenciones. He contemplado peticiones sinceras de planes de reconversión especiales para el sector, como si el hecho de recibir subvenciones durante 22 años hiciera que cuando te vas al paro mereces prestaciones de desempleo extra-super-especiales (los cinco millones de parados ya presentes, que se chinchen). Un argumento romántico tras otro, una bobada tras otra defendiendo un sector que lleva décadas viviendo de privilegios.

España está hecha un cisco. Durante décadas nos hemos gastado lo que no teníamos, tenemos un mercado laboral idiota, una clase política que ha sido capaz de volar el sistema financiero del país (vía cajas de ahorros) y además cargarse las cuentas públicas con el rescate más incompetente jamás visto. Nuestros dirigentes lo han hecho tan mal que la Unión Europea nos ha retirado el carnet de gobernar y nos han intervenido. El país entero es una especie de apocalipsis de desastres económicos, regulaciones ineficientes, leyes estúpidas protegiendo a los insiders y jodiendo de forma sistemática a toda una generación de españoles que se están comiendo toda la crisis.

Y va la izquierda y decide que tenemos que dar más dinero a uno de los sectores más subvencionados, protegidos e ineficientes de todo el país, el colmo de proteger lo viejo contra lo nuevo. No tiene nombre. Después nos extrañaremos que nadie se nos tome en serio.