Economía

Impuestos, gasto y redistribución (o por qué la subida del IVA es buena noticia)

10 Jul, 2012 - - @egocrata

La subida del IVA ha generado las previsibles quejas de ciertos sectores de la izquierda. El gobierno sube un impuesto regresivo para rescatar bancos, dicen. El IVA hace daño a los pobres mientras protege a los ricos y los que defraudan. Aunque ambas cosas son ciertas (el IVA es regresivo y el PP protege a los ricos. Joder, es un partido de derechas), creo que vale la pena recordar que la progresividad del sistema fiscal es un tema al que no le debemos dar demasiada importancia.

¿Por qué? si queremos redistribuir renta, los impuestos son un instrumento muy torpe. Echemos un vistazo a esta gráfica:

Los puntos blancos son la reducción del coeficiente de Gini en cada uno de estos países después que el estado haya recaudado impuestos. En general vemos que no hay ningún país que sea capaz de reducir las desigualdades demasiado a base de cobrar más impuestos a los ricos; Estados Unidos tiene uno de los sistemas fiscales más progresivos del mundo (¿quién lo hubiera dicho?) y aún así apenas tiene efecto en la distribución de renta. Los puntos negros, mientras tanto, indican el nivel de reducción de desigualdad una vez tenemos en cuenta el gasto público. Aquí es donde el estado sí es capaz de redistribuir renta de forma efectiva.

¿Por qué sucede esto? Dos motivos principales. Primero, recaudar impuestos es difícil, y hacerlo sin crear horribles distorsiones en la economía lo es aún más. El IVA es un impuesto razonablemente fácil de recaudar (mucho más que renta, patrimonio o capitales) y que no genera demasiados problemas.  Cives escribió un artículo estupendo sobre este tema no hace mucho; vale la pena repasarlo. Segundo, y más importante, el estado de bienestar es muy caro, y cualquier gobierno que quiera redistribuir riqueza en serio necesita cantidades ingentes de dinero. El IVA es un impuesto increíblemente potente en términos de recaudación, y los estados que quieren mucho gasto público acaban recuriendo a él de forma invariable:

Aunque la correlación entre nivel de redistribución e impuestos indirectos no es perfecta, la tendencia es clara. Los países con estado de bienestar potente no son nada tímidos cosiendo a sus contribuyentes a impuestos sobre el consumo, por mucho que sean o proporcionales o regresivos. La redistribución se hace del lado del gasto público, no del lado de ingresos.

Dos notas finales. Para empezar, soy perfectamente consciente que el PP no anda subiendo el IVA porque quiere convertir a España en la Suecia del Mediterráneo.  La idea en este caso es mucho más simple; el gobierno necesita dinero y lo va a sacar de donde pueda. El IVA era, y es, la solución más lógica ya que genera pocas distorsiones sobre la economía real (afectará el crecimiento, pero menos que otros impuestos), y es lo que recomendaban todos los expertos desde hace años, no la absurda subida del IRPF con deducción a la compra de vivienda que nos brindaron en enero. Por añadido, subir los impuestos indirectos puede ayudar a mejorar la competitividad del país a través de una devaluación fiscal (más información aquí y aquí; incluso José Rodríguez cree que es buena idea) si se acompaña de otras medidas compensatorias. Conociendo este gobierno, me temo que no las vamos a ver (para variar), pero es una medida necesaria.

Aparte de esto, es importante recalcar un detalle importante que olvidamos a menudo: el gasto público es importante, pero no basta por sí solo para conseguir políticas redistributivas eficaces. Echad un vistazo a las gráficas en el fascinante artículo de Kiko y Cives de hace unas semanas, teniendo en mente que el país con más gasto público de Europa es Francia. El enorme sector público francés es incapaz de reducir desigualdades de forma eficaz. En España, la espantosa dualidad del mercado laboral hace que un sector público no precisamente pequeño tenga un efecto redistributivo prácticamente nulo, como comentaba no hace mucho.

Conclusión: cuando hablamos de estado de bienestar y redistribución, debemos pensar en dos cosas. Primero, recaudar cantidades gigantescas de dinero sin preocuparnos demasiado sobre cómo lo hacemos. Segundo, gastar el dinero que tenemos bien.  En España recaudamos poco y gastamos peor, así que más vale que empecemos a pensar en cómo arreglarlo.

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