Política

Reformas, partidos y el vacío del PSOE

9 Jul, 2012 - - @egocrata

Otra encuesta, otra confirmación que el PSOE no levanta cabeza.  Ocho meses después de perder las elecciones los socialistas no hacen más que ir de mal en peor en las encuestas;  menos de un 25% de los votantes dice que quiere votarles. Es bastante natural que los votantes sigan culpando al PSOE del desastre que es la economía española (y con razón, por supuesto); Los americanos, incluso hoy, siguen echando la culpa a George W. Bush de la recesión.  Lo que es completamente anormal es que el apoyo del partido siga cayendo de esta manera, y más con el triste espectáculo que está ofreciendo Rajoy estoy días.

¿Por qué? No hace falta ser un genio para darse cuenta que para empezar, el partido socialialista está casi desaparecido estos días. El mensaje del partido es confuso, tontorrón y lleno de tópicos reciclados de programas electorales de los años ochenta; lejos de intentar buscar nuevas ideas y un nuevo lenguaje para dejar claro que no son el partido que se estrelló en noviembre, el PSOE parece estar obsesionado en repetir errores. Los socialistas están en contra de recortes y están en contra de subir impuestos; lo de cuadrar presupuestos es algo que parece no importarles. Reformas, lo que se dice reformas, ni una; la “alternativa” a la reforma laboral del PP fue volver al modelo anterior de Zapatero, que tantos éxitos nos ha dado. Por no pedir, ni siquiera han pedido perdón; los dirigentes del partido podrían haber dicho que el gobierno olvidó los ejes de un gobierno de izquierdas, o que miró atrás, o lo que quieran, y decir que no se volvería a repetir. Pero ni eso.

El origen del problema, obviamente, es que es muy difícil dar ideas nuevas, pedir perdón y hablar de nuevos tiempos para el partido cuando el liderazgo de la organización es continuista. Por mucho que Felipe pida que el partido tiene que actuar como si estuvieran en el gobierno, tener un puñado de veteranos del último ejecutivo diciendo que harán lo que ya hicieron es bastante contraproductivo. Los votantes culpan al PSOE de los problemas del país;  si el partido quiere recuperar la confianza del electorado, tiene que empezar por hacer borrón y cuenta nueva dando señales claras que el partido ha cambiado.

El pequeño problema, sin embargo, es que es muy difícil cambiar cuando no queda casi nadie. Basta con repasar futuribles para un posible relevo de Rubalcaba y la vetusta dirección actual, tenemos una ejecutiva llena de apparatchiks anónimos o veteranos de mil derrotas electorales (pregunta: ¿cuántas elecciones tiene que perder Trinidad Jiménez para que salga de la dirección?), los dos últimos barones regionales que quedan con vida (uno cuestionado por sus bases, el otro en una precaria posición electoral), y un par de portavoces que no han tenido responsabilidades ejecutivas en su vida, y que van camino de seguir sin llegar a tenerlas.

Fuera de la ejecutiva, el partido tiene dos o tres jovenes promesas que no han demostrado gran cosa (y sí, incluyo a este – no lo he visto o he oído ni una vez), una exministra de Zapatero que se presentó al Congreso sin programa, un montón de veteranos de gobiernos de los ochenta y algún ministro de la primera época de Zapatero que no se ha atrevido a dar un paso adelante (Sevilla, López Aguilar, etcétera). El PSOE, ahora mismo, es un erial; aunque quisieran hacer una reforma en profundidad poniendo nuevas ideas sobre la mesa, parece que no hay nadie con capacidad o ganas de hacerlo.

La estrategia del PSOE ahora, si quisieran tener alguna, debería ser agachar la cabeza y empezar de cero. El partido está seco; la única manera de conseguir una renovación es reformar la organización de veras, abriendo las puertas a gente nueva, y modernizar el partido renovando sus vetustas instituciones. Esto no quiere decir, por cierto, lanzarse a hacer cosas efectistas y populacheras estilo primarias; los socialistas madrileños llevan años con esta chorrada, y el partido está más muerto que nunca en la región. Las primarias pueden funcionar si el partido puedo generar candidatos viables y equipos preparados; si no son capaces de reclutar esa gente, escoger entre un tonto y un incompetente no aporta nada.

Por supuesto, reformar instituciones es muy difícil; es muy poco probable que Rubalcaba tenga ganas de hacerlo. Volvemos al un debate que lleva unos días dandos vueltas por NeG (Jesús Fernández-Villaverde lleva unos días con ello), y que hemos mencionado alguna vez por aquí también: el PSOE está organizado de esta manera por muy buenos motivos, o más concretamente, porque los que deciden sobre cómo funciona el PSOE viven muy bien bajo este sistema de organización. Los líderes del partido no cambiarán ellos solitos; necesitan que alguien cambie la estructura de incentivos para forzar estos cambios. Y en un partido con tan pocos militantes como el socialista, los dirigentes no es que vayan a recibir demasiadas presiones de los que ya están ahora.

Insisto: si queremos que los partidos políticos cambien en España, lo mejor que puede hacer uno es meterse en un partido  político. El PSOE es cómicamente pequeño (insisto: el PSC tiene menos de 1.500 militantes en Barcelona ciudad; el PSM anda sobre los 3.000 en Madrid) que un grupo de gente decidida con ganas de hacer cosas puede tener un peso tremendo en el debate interno. El PP es un poco más grande, pero tiene aún menor tradición participativa y es más vulnerable a grupos externos. Recordad como la AVT básicamente “tomó” la política antiterrorista del partido hace unos años. Un grupo de liberales organizados en serio (no liberales buscando ser cooptados) puede armar un ruido espantoso.

Los partidos y sus instituciones son, por definición, equilibrios; son como son porque nadie tiene incentivos para que las cosas cambien. Si queremos reformas, lo primero que debemos hacer es cambiar esos incentivos. Y eso, al hablar de partidos, quiere decir meterse dentro.