accountability & Política

Si perdieron por ser del PSOE… ¿Perderán por ser del PP?

4 Jul, 2012 - - @kanciller

Una frase que recuerdo especialmente a tenor de la derrota electoral del PSOE en las elecciones municipales y autonómicas de 2011 fue la que dijo el entonces vicepresidente Pérez Rubalcaba: “Habéis perdido por ser del PSOE”. Fue una frase que resumía perfectamente la idea – aunque sin que él lo supiera – del fenómeno de la interacción entre arenas electorales. Me explico. Dejemos por un momento de lado el componente ideológico y supongamos que los votantes hacen un control retrospectivo de los gobiernos en función de sus rendimientos económicos. Si la economía va bien te premian, en caso opuesto te castigan. Esta idea es tremendamente exigente en al menos dos aspectos. Primero, asume que los votantes atribuyen correctamente las responsabilidades políticas cuando evalúan a los gobiernos. Y segundo, tema que me interesa hoy, se asume que existe una independencia total entre los niveles de gobierno. Es decir, que cuando un ciudadano quiere castigar o premiar al gobierno no tiene en cuenta lo que ocurre en la otra arena electoral. Pues bien, esto no se cumple en los estados multinivel ya que una importante cantidad de votantes valoran lo que ocurre en diferentes niveles de manera simultánea a la hora de votar. De modo que Rubalcaba tenía (parte de) razón cuando decía aquello de que los votantes habían castigado al gobierno central a través de las elecciones autonómicas y municipales. Se había cumplido el principio de patada en el culo por persona interpuesta.

La presencia de esta interacción (o contaminación entre arenas) tiene un efecto colateral negativo, y es que esto hace poco responsables a los gobiernos autonómicos. Si su suerte en las urnas depende – en un grado variable – de lo que haga el ejecutivo central, ello erosiona los incentivos de un gobierno autonómico para ser responsable y cumplir con el mandato de sus votantes. Su destino depende mucho de tener el viento nacional a su favor. Quizá el modelo más popular en este sentido es el que habla de las elecciones de segundo orden. Según esta idea, los votantes jerarquizan las elecciones en función de su importancia y transfieren sus evaluaciones sobre la política nacional a las que consideran menos importantes – regionales o europeas –. Sería así un mecanismo para dar un toque de atención al gobierno si no te gustan sus políticas y que cambie de rumbo, asumiendo que esas elecciones de segundo orden no importan gran cosa. Creo que este modelo puede servir relativamente bien para las elecciones europeas pero tengo la intuición (y algo de evidencia) de que a medida ha avanzado la descentralización en España los votantes han empezado a valorar la importancia de las elecciones regionales. Un porcentaje importante de votantes saben que temas como la sanidad o la educación está en manos de las autonomías y que no es un asunto baladí.

¿Y por qué introduzco esta cuestión ahora? Básicamente porque estoy pensando en los barones populares y la preocupación lógica que deben tener pensando en el coste electoral de los recortes. De hecho, existe una cierta resistencia de las comunidades a la hora de aplicar el ajuste y el componente electoral tiene algo que ver. Sí, sé que hasta 2015 queda una eternidad, pero los traspiés de Andalucía y Asturias han sido un aviso – jamás pensé que a un gobierno el “efecto Luna de Miel” le podía durar tan poco –  y no falta demasiado para que entren en juego Galicia y País Vasco. Por lo tanto, es inevitable pensar que puede ocurrir algo similar (probablemente menos brutal) a lo que le pasó al PSOE en las autonómicas de 2011. ¿Podrían perder en diferentes comunidades por ser del Partido Popular? Supongamos que somos unos barones del PP ¿Cómo evitar comernos el desgaste del ejecutivo nacional? Creo que esto dependerá principalmente de algunos factores, no todos igual de controlables.

Un primer componente que viene dado es el grado en que nuestra comunidad autónoma es o no divergente de la arena nacional. Quizá la manera más fácil de comprobarlo sea analizando la diferencia en la oferta de partidos a nivel nacional y autonómico. En aquellos lugares en los que la oferta sea más divergente es menos probable que las dinámicas nacionales se trasladen sin más ambages a la autonómica. Por ejemplo, en Navarra, Aragón o Canarias hay partidos regionales propios (incluso gobernando) que atraen el foco a temas autonómicos. Sin embargo en otros lugares como Madrid o Castilla La Mancha la oferta partidista es prácticamente la misma. Por lo tanto, en estos últimos es más probable que al haber los mismos jugadores en los dos niveles los discursos se solapen. Esto también se puede aplicar en positivo. Los partidos que están creciendo a nivel nacional también lo tendrán más fácil para beneficiarse de su ciclo electoral favorable en aquellas autonomías donde la oferta electoral sea más pareja a la estatal.

Un segundo factor es el momento de la elección. Hay una rica literatura que habla sobre los “efectos de arrastre” (coattails effects) y que dice que cuando hay unas presidenciales/ legislativas o nacionales/ regionales son concurrentes, los resultados entre ellas tienden a parecerse. Esto es similar a lo que nos ocurre en España cuando hacemos las elecciones de las autonomías de régimen común de manera simultánea; se favorece la contaminación ya que hay una parte del discurso mediático nacional que penetra en ellas. Por el contrario, hay algunas comunidades que celebran sus elecciones por su cuenta y que por lo tanto permanecen ajenas a esta dinámica. Este es el dilema en el que están los presidentes autonómicos con capacidad para disolver sus parlamentos regionales. Griñán atrasó las andaluzas y se vio que el juego de desgastes le salió bien; Touriño no quiso adelantar las suyas y la cosa le fue relativamente mal. ¿Cuál sería la estrategia para Patxi López o Núñez Feijoo? Yo si fuera el primero las atrasaría todo lo posible porque voy a salir de la Lehendakaritza seguro, al menos a tenor de las encuestas. En Galicia, por el contrario, las hubiera hecho concurrentes con las de 2011 (legislatura corta pero pillo a la oposición muerta y empiezo una con más mayoría). Ahora no sé si agotar legislatura es buena idea… Desgraciadamente no hay encuestas cercanas y hablo solo con intuiciones.

Un último elemento es cómo se maneje el asunto de los atajos informativos y los issues autonómicos. Es decir, la medida en que los partidos autonómicos sean capaces de diferenciarse o no de la marca nacional, ofreciendo una vinculación ligada a sus votantes regionales. Igual que muchos dirigentes del PSOE taparon sus siglas en las pasadas autonómicas (o armaron mucho ruido ¿no, Barreda?), es probable que otros tantos del PP tengan incentivos para demostrar que ellos son “los de allí”. Esto, además, tenderá a ser más importante a medida que las acciones del gobierno nacional tiendan a tocar los intereses de los votantes de tu región. Por ejemplo, estoy pensando en cómo el tema de la minería está haciendo que haya senadores y líderes autonómicos del partido del gobierno matizando o enmendado la plana al ejecutivo. Ellos saben dónde se juegan la reelección y, a parte de que pueda haber un componente de adhesión sincera, se deben a sus votantes. La pregunta es cuanto se tiene que tensar la cuerda para terminar como en Asturias – con un ex Secretario General liderando un partido propio – o como en Navarra – con la ruptura de una tradicional alianza entre dos partidos hermanos, UPN y PP –.

Aún queda un trecho para las elecciones autonómicas de régimen común pero Galicia y País Vasco están a la vuelta de la esquina, así que los resultados del PP allí serán un nuevo aviso para navegantes. De momento las señales no han sido muy halagüeñas, por lo que perfectamente comprensible que los barones autonómicos populares estén dándole vueltas a cómo salvar sus feudos. Aunque son los responsables de su gestión y por ella serán juzgados (en parte), es lógico que los líderes locales quieran minimizar el efecto negativo que les pueda causar un pobre desempeño del ejecutivo nacional. Y quizá la estrategia más barata sea diferenciarse del discurso nacional. Por eso mismo no es descartable que empiecen a surgir nuevas Aguirres dentro del Partido Popular, nuevos versos sueltos del poema, a medida se acerquen las elecciones. Uno, al fin y al cabo, se debe a los suyos… Y lo último que quiere es correr la suerte de su rival.