accountability

¿Se está erosionando el sistema de partidos en los países intervenidos?

19 Jun, 2012 - - @kanciller

Últimamente circula por foros académicos y periodísticos la idea de que la crisis económica está amenazando seriamente la estabilidad de los países democráticos: Esta crisis estaría haciendo que se desmoronaran los sistemas de partidos tradicionales. Ejemplos no faltan. Los partidos que están en el poder pierden las elecciones estrepitosamente, la competición política se realinea, entran partidos antisistema… Si nos paramos a mirar las últimas elecciones en los países directamente intervenidos – o en riesgo de serlo – la casuística es variada pero parece ir en este sentido. En Irlanda, el Fianna Fáil – el partido que ha gobernado históricamente la isla – se hundió  del 41% al 17% de los votos, dejando paso a una coalición entre Fine Gael y Laboristas. En Portugal los socialistas se dejaron 8 puntos a favor de los socialdemócratas. En Italia aún no ha habido elecciones – aunque las encestas apuntan a que el PdL de Berlusconi pasa a tercera fuerza -, en Grecia ya hemos visto el pelo que le ha corrido al PASOK – el amplio sorpasso de SYRIZA y, de rebote, la entrada de Amanecer Dorado-, mientras que en España la historia es de sobra conocida. Entonces ¿Hay motivos para preocuparse? ¿De verdad se desmoronan los sistemas de partidos?

Intentando ser un poco sistemático creo que en todos los casos tenemos, al menos, dos rasgos en común. El primero es que los gobiernos de los respectivos países han perdido las elecciones con un grado de mayor o menor contundencia. Probablemente la diferencia en la caída ha venido modulada por el momento de la elección, el sistema electoral, si eran o no gobiernos de coalición, el sistema de partidos… Pero por otro lado el segundo rasgo fundamental es que estas elecciones han tenido una notable volatilidad electoral: Gran cantidad de votos han cambiado de manos, muchísimos más de lo que viene siendo habitual en Europa Occidental. Desde una perspectiva sistémica, que los gobiernos pierdan elecciones no es algo que preocupe demasiado si adoptamos una definición procedimental de democracia a la Przeworski – está claro que los perdedores no están de acuerdo conmigo -. Sin embargo, en lo que se refiere a la volatilidad, el asunto es mucho más espinoso. Que haya transferencias de votos gobierno-oposición es bueno para garantizar la accountability pero si hay demasiada y los partidos son inestables eso puede comprometer la estabilidad del propio sistema democrático.

Las lecturas que se han hecho desde la ciencia política de la volatilidad ha tendido a estudiarla dentro del mismo paquete y solo recientemente se ha empezado a refinar más la idea hablando de dos tipos diferentes. Una es la llamada volatilidad A (o fuera del equilibrio) y se refiere a aquellos flujos de votos que se producen desde partidos estables dentro del sistema hacia partidos nuevos, o bien partidos que entran y salen del Parlamento. La segunda volatilidad, conocida como volatilidad B (o dentro del equilibrio) se refiere a aquella volatilidad que se produce entre partidos estables dentro del sistema. Hay que señalar aquí un par de cosas. Primero, que esta idea de distinguir entre volatilidades permite capturar aquella que potencialmente puede ser más dañina para la estabilidad (la de partidos que vienen y van) y distinguirla de la centrada en la rendición de cuentas. Y segundo, que esta diferenciación tiene un sesgo a favor de los partidos del statu quo, por lo que la clave está en diferenciar a partir de que momento un partido deja de considerarse nuevo (¿Dos/ Tres legislaturas seguidas en el Parlamento como punto de corte?).

Si se toma esta perspectiva en los casos de España, Portugal e Irlanda parece bastante claro que las elecciones recientes se han basado en volatilidad de tipo B. Los votos han ido de los partidos en el gobierno a los de la oposición al margen de flujos muy pequeños a partidos nuevos y alguno que ha salido. En el caso de Portugal ha habido un cambio de votos total entre partidos dentro de equilibrio y en Irlanda ha sido en gran medida igual (a excepción de algunos pocos a la People before Profit Alliance y la salida de los Verdes, en total un 5% de flujo de votos). Si se mira España en las elecciones de 2011 el panorama es relativamente similar pues la volatilidad hacia los partidos que podrían considerarse como nuevos – Amaiur, FAC, GBai y UPyD – fue en torno a un 7%. Por lo tanto, en estos tres casos de lo que hablamos es de un importante ajuste de cuentas a los gobiernos, pero no de una virtual implosión del sistema de partidos. Desde una perspectiva sistémica podríamos estar relativamente tranquilos si uno la compara la volatilidad externa con la total de las elecciones.

El caso griego es el que se sale completamente de esta serie, por más que quiera generalizarse al resto de países. Jugando en contra de mi propio argumento voy a considerar a SYRIZA como un partido de dentro del sistema. Pues bien, incluso así, en las últimas elecciones sumando Amanecer Dorado, DYMAR e Independientes ANEL arrojan en torno a un 24% de volatilidad, lo que apunta que en este caso el sistema de partidos sí que se esta resquebrajando de una manera clara – contando SYRIZA el flujo subiría otro 10% -. Pensad que cuando hablo de volatilidad estoy considerando sólo los flujos de voto, que es exclusivamente el porcentaje de votos que suben o bajan los partidos respecto de las elecciones anteriores, de ahí que no coincida con el resultado brutos de los partidos si estos no son totalmente nuevos.

Volviendo a la cuestión inicial ¿Se desmorona el sistema de partidos estatal en los países intervenidos o en vías de serlo en la “periferia”? Si se deja al margen Grecia y tomando esta diferenciación entre los dos tipos de volatilidad, mi respuesta sería que no. ¿Podría ocurrir que si la situación económica a la griega se generaliza a estos países pase? No tengo respuesta todavía. Pensad que estoy partiendo de la foto fija disponible. En todo caso algún motivo para la tranquilidad si hay en algunos de los países intervenidos. Por ejemplo, en Portugal las encuestas apuntan a un deterioro ordinario del gobierno y una ligera subida de la oposición, sin sorpresas extremistas en el horizonte. Lo normal en democracia, vamos. Pero en cualquier caso… ¿Qué pasará en Italia? ¿Y qué ocurrirá en países en los que la alternativa política son partidos que ya han gestionado a fondo la crisis, como España e Irlanda? Muchas preguntas en el aire pero parece que nuestros sistemas de partidos están resistiendo. De momento.