Economía

La austeridad no es el problema

29 May, 2012 - - @egocrata

Carlos Mulas habla hoy en el País sobre una campaña paneuropea pidiendo el fin de las políticas de austeridad para salir de la crisis. La idea básica, crear un movimiento político europeo para pedir un cambio de rumbo en el continente, tiene todo el sentido del mundo, es muy loable y debería haberse hecho hace años. Mi duda, sin embargo, es el titular, el nombre de la iniciativa: “la austeridad no está funcionando” suena bien, pero me temo que esa no es la fuente de nuestros problemas.

No es una cuestión de matiz. Sabemos (cualquier economista más o menos decente te dirá esto) que subir impuestos y/o recortar el gasto público tiende a frenar el crecimiento económico a corto plazo. Según a quién le preguntes te estimará un frenazo más o menos pronunciado (el dichoso multiplicador del gasto va de 0,5 al 3 o más), pero ese efecto existe. Es cierto que la política de austeridad que está siguiendo Grecia, Italia, España y allegados tiende a deprimir la economía, y es cierto que en algunos casos se está pidiendo un imposible, con cada recorte disminuyendo la recaudación más de lo ahorrado.

El problema, sin embargo, es que estos recortes son a veces necesarios, sencillamente porque los números no cuadran. Las cuentas públicas españolas sólo registraban superávit antes de la crisis gracias a una monumental burbuja inmobiliaria; un país que siempre había construido 250.000 viviendas al año se tiró casi una década construyendo más de 500.000. Todo lo que creeíamos poder recaudar pre-2008 era un artefacto estadístico. Los números son parecidos en Irlanda, y son aún más cómicamente absurdos en Grecia (no en Italia – tienen mucha deuda, pero sus presupuestos están mucho más cerca del equilibrio estructural que los nuestros). Queramos que no, en España vamos a tener que gastar menos o recaudar más, algo que no podremos hacer hasta que arreglemos nuestra horrenda tasa de paro y todos los problemas estructurales (ejem, ejem) que lleva asociada.

Lo que debería preocuparnos sobre la Unión Europea, sin embargo, no es la situación presupuestaria a corto/medio plazo de algunos estados miembros. Hay lugares en el mundo con déficits públicos mucho peores de los que nadie duda que puedan pagar sus deudas.  Lo que debería dejarnos sin sueño es qué clase de reformas podemos introducir en la Unión Europea y la eurozona para que fenómenos como la burbuja inmobiliaria de la década pasada no se repitan.

No sé si os acordaréis, pero en la gloriosa década de los dosmiles (¿cómo la llamamos si no?) también teníamos un Banco Central Europeo, y en esa época figura también tenía la inflación como objetivo único y primordial. En aquellos años los alemanes estaban haciendo una serie de reformas estructurales muy serias intentando recuperar el terreno perdido tras la unificación. No fueron años precisamente estelares de crecimiento por esos lares, y eso se reflejaba en unas tasas de ahorro altas y escasa inflación. Todo ese dinero que los alemanes no gastaban mientras se apretaban el cinturon furiosamente no iba a quedarse en un rincón perdiendo el tiempo, obviamente. En Europa había sitios como España construyendo casas como posesos, construyendo como locos y cogiendo todo el dinero alemán que nos pudieran prestar.

No tuvo que pasar mucho tiempo para que viéramos cosas como esta: inflación en las economía del sur, merced de la enorme entrada de capitales, y precios estables en el norte, merced de una economía artificialmente deprimida vía (adivinad) devaluación interna. El BCE, en su infinita sabiduría, mantuvo los tipos de interés increíblemente bajos para apoyar las maltrechas economías de alemanes y franceses, ignorando alegremente que esos mismos tipos de interés eran negativos en el sur y estaban creando la madre de todos los desequilibrios financieros. Al cabo de unos años la burbuja estalló,  los países del sur descubrieron que el fujo de capitales giraba en dirección contraria (hacia un centro más estable y que crece con fuerza), secando completamente el crédito  y creando el ciclo de crisis que estamos viendo ahora.

En ambos casos (euforia burbujil y crecimiento post-deflación) los actores “ganadores” de la transacción tienen todos los incentivos del mundo para creerse increíblemente inteligentes y decir que todo va bien. En los años de la burbuja muchos decían (servidor incluído, no lo olvidéis) que si España recibía tanta inversión es porque el mundo entero creía que eramos un sitio fantástico, y que todos esos flujos de capital eran una señal de éxito, no un desequilibrio.  Ahora que la periferia se la ha pegado y Alemania crece, Merkel y sus muchachos se pasan el día hablando de hacer los deberes, muestra de confianza en nuestra rectitud económica e irracionalidad de esos tontos españoles. Un empresario alemán tiene motivos excelentes para creerse el amo del universo.

Cuando se dice que la eurozona nace coja y no tiene mecanismos claros para evitar desequilibrios estamos hablando de esta clase de problemas. Evitar que esta clase de desajustes sucedan es relativamente fácil de arreglar y no exige grandes inventos institucionales.  Xavier Sala-i-Martín tiene una excelente lista de propuestas (nota: no sé a qué espera para traducirlas al latín y clavarlas en la puerta del BCE) para salir de este agujero; todas ellas son perfectamente ortodoxas y razonables, y bien conocidas en círculos académicos. Lo que está fallando en este caso no es la teoría, es la política. Y un movimiento social europeo detrás que exija estos cambios.

Entiendo que gritar “la austeridad no funciona” es una estrategia de movilización política mucho mejor que decir “queremos una unión fiscal real con estabilizadores automáticos y regulación bancaria paneuropea“. Buena suerte pidiendo a un danés, alemán o austríaco que la mejor manera de salir de este pollo es otro impuesto del que no verán un duro de la recaudación en los próximos cinco años (con suerte), mientras le quitan poder de decisión a sus eficaces, honestas y estables instituciones de gobierno para darle poder a esos cretinos del sur de Europa. La cuestión es que el primer lema está intentando combatir los efectos, no la causa, de la crisis actual. El segundo es más difícil, pero es lo que necesita Europa realmente; un movimiento social que quiera salvar la economía del continente debería trabajar para convencer a políticos y ciudadanía que todos estos cambios son necesarios y urgentes.

Si no hacemos que sea políticamente viable de algún modo,  esto va a acabar horrorosamente mal. Y me temo que no vamos a poder evitarlo.