Sobre previsiones fallidas y tecnócratas (no tan) deshonestos

Acabo de leer un post de Dani Rodrik dónde compara las distintas proyecciones de crecimiento que se han hecho para Grecia según ha ido pasando la crisis mostrando que estas han sido bastante desencajadas. Rodrik sugiere que todo esto se debía a que se pedían reformas estructurales que no produjeron los efectos esperados y lo atribuye, me da la impresión, a alguna combinación de oportunismo político, dogmatismo ideológico y falta de honestidad de los tecnócratas que pululan por el FMI y comen niños. Asimismo, culpa de la mala evolución de la deuda a este tipo de diagnósticos porque la deuda con respecto al PIB depende del crecimiento proyectado. Finalmente, acepta que esto puede deberse a que Grecia no se tomó en serio las reformas estructurales, pero que no explica cambios tan grandes. Pienso que lo que el comentario de Rodrik es pertinente y apunta a algo importante, pero en mi opinión hay varios matices en esta historia que no considera.

En primer lugar, predecir dinámicas de deuda es complicado, mucho más complicado que predecir el resultado de unas elecciones, porque, además del resultado de las elecciones, uno tiene que controlar muchos otros factores. Saber con cierta certeza dónde íbamos a estar ahora hace cuatro años era simplemente imposible, así que uno solo puede jugar con predicciones más o menos ambiguas. La crisis del Euro ha estado llena de eventos muy infrecuentes e impredecibles y esto, en mi opinión, exonera de una buena parte de su culpa a los tecnócratas del fondo.

En segundo lugar, es importante entender que un informe de una institución como el FMI es, a la vez, un diagnóstico y un instrumento de política económica que se usa para motivar el comportamiento del gobierno. La diferencia entre el FMI y Politikon es que, cuando en Politikon hacemos un diagnóstico, esto tiene un impacto mínimo sobre las percepciones de la gente y sobre la legitimidad de un gobierno. Cuando el FMI sugiere que un país va a quebrar, hay bastantes posibilidades de que eso se transforme en una profecía autocumplida. Además, los informes del FMI tienen siempre, o casi siempre, repercursiones políticas. Cuando un gobierno se enfrenta a implementar un programa de reformas relativamente impopulares, el FMI simplemente no puede producir un diagnóstico totalmente pesimista de que son insuficientes, sino que el mensaje tiene que ser algo así como “Lo habéis hecho bien, pero tenéis que hacer más”.

Los que hayáis leído alguna vez un Informe del artículo IV podéis divertiros buscando como el FMI elige sus palabras. En ocasiones, como en el último de España, llegan hasta el punto de dividir las opiniones del staff (relativamente más pesimistas) de las de los directivos (más entusiastas). Lo interesante de este fenómeno es que hay un juego de disimular información entre los receptores de la señal (los que leen el informe). Lo que quiero retener es que este problema de endogeneidad -de que el diagnóstico influya sobre la precisión del diagnóstico- es algo que es inevitable porque los incentivos del FMI son los de sesgar su información en uno u otro sentido y las de los actores a anticipar esa reacción corrigiendo por el sesgo de forma que lo único que es un equilibrio es una situación dónde todo el mundo miente, al menos un poco -porque si fueran sinceros y los agentes entendieran esa sinceridad como sesgada, entonces incluiría un efecto pesimista.

Como ya expliqué en un post anterior, esta dinámica produce cosas “graciosas” como saltos discretos en los diagnósticos y en la política de comunicación de un gobierno. La idea básica es que cuando el número de intervalos en la escala de alarma aumenta, es posible ser más preciso, pero también es más fácil mentir. Cuando uno solo tiene dos intervalos (“bien, mal”), mentir es mucho más dificil porque es más fácil que te pillen.

Finalmente, un aspecto importante es que los diagnósticos siempre se hacen con algo en mente y en función de eso se establece un prior más o menos optimista. Cuando uno quiere argumentar a favor de un programa de reformas estructurales y de un ajuste fiscal, por ejemplo, lo razonable es chequear la necesidad de este programa de ajuste en un escenario optimista. ¿Por qué? Porque eso significa que incluso aunque uno vaya a crecer a un ritmo optimista, la reformas son necesarias; el argumento es favor es mucho más débil cuando el escenario “no reformas” es catastrofista en lugar de optimista.

Esto es algo que debe ser puesto en la balanza con el problema que comenta Rodrik; si contemplar proyecciones optimistas por defecto es una forma de hacer más robusto en el diagnóstico de la necesidad de reformar, también es una forma de dar argumentos para la idea de que “no es para tanto” y se puede retrasar la solución.

Como decía, pienso que el problema al que apunta Rodrik es real; hay gente que se ha equivocado, que ha sido incompetente e, incluso, es posible que se haya dejado llevar por su ideología. Pero pienso que hay que verlo a través de la lente de que a) Los griegos no hicieron los deberes como se habían comprometido b) Hacer buenas previsiones en este contexto es especialmente complicado c) Hay un contexto político inevitable que convierte al propio diagnóstico en parte de lo que se diagnostica d) Cuando un diagnóstico se usa para motivar la necesidad de algo doloroso, es razonable hacerlo con un sesgo optimista.

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One Response to Sobre previsiones fallidas y tecnócratas (no tan) deshonestos

  1. Penny 26 mayo, 2012 a las 14:40 #

    Gracias, Cives, por esta interesante entrada

    Aparte de que los comeniños puedan ser más o menos mantas, sospecho que en las grandes organizaciones hay importantes problemas de gobernanza interna

    En el caso del FMI, existe un organismo externo de evaluación que elaboró un documento sobre la vigilancia del FMI IMF Performance in the Run-Up to the Financial and Economic Crisis: IMF Surveillance in 2004-07 http://www.ieo-imf.org/ieo/pages/CompletedEvaluation107.aspx

    En el apartado IV Why Did the IMF Fail to Give Clear Warning? puedes leer:

    Many area department economists felt that there were strong disincentives to“speak truth to power,” particularly in large countries, as there was a perception that staff might not be supported by Management if they disagreed with these authorities

    o

    Staff reported that incentives were geared toward conforming with prevailing IMF views

    o

    many staff reported concerns about the consequences of expressing views contrary to those of supervisors, Management, and country authorities

    También

    As one staff member who worked on a large country explained, “it was hard to give difficult messages to the authorities even if the team had the analysis … the concluding meetings
    were really just negotiation sessions on language.

    ¿Conoces algún análisis teórico sobre este tipo de problemas?