Economía

Europa vuelve a la casilla de salida

7 May, 2012 - - @egocrata

Los resultados electorales de ayer en Francia y Grecia dejan claro una cosa: gobernar en tiempos de crisis prácticamente garantiza perder las elecciones. Desde que empezó la Gran Recesión, sólo Canadá y Suecia han reelegido a sus gobiernos. El resto de países de la OCDE, a la que han tenido oportunidad, han soltado una coz a los pobres infelices que habitaban en el ejecutivo, no importa de dónde vinieran. Le ha tocado a Sarkozy hoy, y le ha tocado a los partidos (ex)mayoritarios griegos, que se han llevado un repaso imponente.

Ambas elecciones son importantes, pero por motivos muy distintos. La  mayoría de los comentaristas señalan a  Hollande como el hombre que puede cambiar el rumbo de Europa y salvar la Unión del desastre, dejando a Grecia como la constatación que todo lo que los líderes del continente han hecho hasta ahora ha fracasado. Lo cierto es que me gustaría que así fuera, pero me temo que el orden de importancia es el inverso: el problema vuelve a ser Grecia.

Es obvio que los políticos griegos estaban en una situación completamente imposible. Los líderes europeos han pedido a ND y el Pasok que volaran la economía del país por los aires. El rescate financiero pretendía evitar una catástrofe supuestamente mayor, en teoría. A la práctica, Grecia ha volatilizado un 20% del PIB en apenas un par de años, haciendo que cualquier potencial desastre parezca una opción aceptable, siempre que ponga fin a esta agonía. Los dos grandes partidos gobernantes han pasado de tener un 79% de los votos entre ellos (legislativas del 2009) a un patético 32%. Lleguen o no a los 151 escaños que necesitan para formar gobierno (a esta hora andan en 150, algo que llevaría el país a un adelanto electoral), el país heleno ahora mismo no tiene una mayoría sostenible, no ya de cumplir los acuerdos con Europa, sino de sobrevivir más de un par de meses.

A efectos prácticos, creo que este resultado coloca a Grecia fuera de la eurozona. Los votantes han hablado: prefieren ser gobernados por prácticamente cualquier chiflado que acuda a las urnas antes que por los tipos que apoyan el plan de ajuste impuesto desde Bruselas. La reacción natural, casi inevitable, de los votantes del norte de Europa será que si prefieren neonazis y comunistas trasnochados a recibir ayuda que no merecen y cumplir lo prometido, tendrán lo que han votado. Puerta, y no se hable más. Y los líderes europeos, siguiendo con la tradición heróica de la que han hecho gala esta crisis, harán grandes aspavientos, harán promesas grandilocuentes, pero harán lo que sus votantes.

¿La verdad? No creo que sea mala idea. Algunos griegos habrán votado a gente cuestionable (como mínimo), pero no tienen otra salida. Una salida del euro será traumática y hará que la crisis actual parezca un balneario, pero una vez devalúen, la situación no tardará demasiados años en estabilizarse. Se comerán unos tipos de interés descomunales y su poder adquisitivo no recuperará el nivel (ficticio) del 2007 en décadas, pero al menos habrá luz al final del túnel. El problema, sin embargo, lo tendremos el resto. ¿Qué sucederá ahora que todo el mundo sabe que una economía puede salir del euro?.

La sensación que tengo (y aviso, estoy siendo optimista) es que los mercados llevan tiempo dando por hecho que Grecia acabaría fuera de la eurozona. Nunca debió haber entrado, al fin y al cabo. La pregunta será, en todo caso, si los líderes europeos están dispuestos a defender el resto de países de la eurozona o no, algo que hasta ahora han rehusado a hacer. Es aquí donde entra en juego la victoria de Hollande en Francia, y es aquí, me temo, donde todos lo que piden que la democracia gane a los mercados van a tener que pedir tecnocracia de aquí nada.

¿Por qué? Muy sencillo: no estoy nada seguro que los votantes del norte de Europa estén por la labor de sacrificar soberanía política, cantidades descomunales de dinero y poder adquisitivo para hacerle un favor a Italia, España, Portugal e Irlanda. Los resultados del Frente Nacional en Francia son una advertencia. Salvar el euro va a exigir que los líderes de muchos país europeos ignoren abiertamente las preferencias de sus votantes para montar un tinglado político-económico incomprensible para el común de los mortales. Para un país como España, con una larga tradición de estar gobernados por melones incompetentes, tener un ejecutivo federal en Bruselas casi nos puede parecer una buena idea. Para un holandés que vive en un país rico, serio, aburrido y competente, sin embargo, un burócrata de Bruselas escogido por italianos es una pesadilla aterradora.

Hasta ahora, los políticos del norte de Europa han pedido a sus colegas del sur que dejen de lado su opinión pública y hagan ajustes. Era un plan espantoso, y ha fracasado horriblemente; los políticos del sur, sin excepción, han sido machacados por sus votantes. Ahora para salvar el euro vamos a estar viendo lo mismo en sentido opuesto. Si la eurozona se hunde, sin embargo, no será cosa de la tiranía de los mercados, especuladores o nada parecido; será simplemente políticos europeos haciendo lo que le piden sus votantes y renunciando a hacer lo que deben hacer. Llevamos tres años largos así, y la opinión pública alemana hasta ahora ha ganado siempre.

Hay dos factores, sin embargo, que invitan al optimismo. Por un lado, Alemania tiene una tradicional aversión a tener una política exterior que no incluya un acuerdo tácito previo con Francia. Hay buenos motivos para ello, ciertamente (todo el mundo recuerda eso que hicieron los alemanes hace unas décadas), y Hollande puede ser una bendición. Por añadido, es patéticamente obvio que el el modelo actual no ha funcionado en absoluto. Esto tiene que contar para algo.

En nuestra contra, dos factores nada triviales. Es muy posible que los mercados anticipen la salida de Grecia del euro, y esto desencadene un pánico financiero esta misma semana. Incluso con una intervención decidida del Banco Central Europeo, no creo que vayan a tener demasiado tiempo para decidir qué hacer. Segundo, y algo que no se ha mencionado demasiado, la única experiencia de gestión de Hollande es la alcaldía de Tulle, un pueblo de 15.000 habitantes, y la presidencia del departamento Corrèze, un cargo con competencias muy limitadas. Por mucho que sea un enarque, si me dijeran que el ex-alcalde de Barbastro y presidente de la diputación de Huesca es el hombre que tiene que salvar a Europa del desastre no estaría tranquilo.

En fin, crucemos los dedos.  Esto no ha hecho más que empezar.