Economía

El ataque de los vampiros capitalistas

3 May, 2012 - - @egocrata

En España, los últimos meses, se habla a menudo de zombies. Para ser más concretos, lo que preocupa a muchos inversores no son estrictamente hordas de seres tambaleántes de mirada perdida comiéndose a turistas desprevenidos (aunque si hubieran estado en según qué sitios de Santa Coloma, lo estarían también) si no de entidades financieras muertas en vida, devorando poco a poco la salud del país.

El sistema bancario español, especialmente esas gloriosas cajas de ahorro públicas, es un problema grave, no hace falta decirlo. Pero lo que debería preocuparnos más a largo plazo es otra clase de no-muertos: los vampiros.

¿Qué es un vampiro? Acemoglu y Robinson, en su último libro, hablan de un grupo de actores políticos habitual en muchos países llamado extractive elites, o élites extractivas. Estas adorables criaturas son políticos, grupos de interés, empresas y organizaciones que habitan en algunos países en desarrollo y se dedican a acumular la riqueza creada por una economía monopolizando su acceso, creando barreras de entrada o restringiendo el desarrollo de otros sectores para proteger sus intereses. El caso más típico s es el de grandes latifundistas queviven de rentas sobre la tierra, y trabajan tan duro como pueden para bloquear reformas agrarias, apoyar régimenes autoritarios y cargarse cualquier conato de industrialización que pueda hacerles sombra. Son gente que intenta ocupar la estructura del estado para dedicarlo a proteger sus intereses, protegiendo sus recursos naturales y encima pidiendo subvenciones para explotarlos.

En su (imprescindible) bitácora, Acemoglu y Robinson dan algunos ejemplos menos caricaturescos pero igual de relevantes. Algunos son familiares, como Argentina y su inefable “capitalismo de estado” de protección a amigotes; otros menos conocidos, como la excelsa incompetencia de la oligarquía de Haiti o cazadores de subvenciones en Colombia. Los vampiros (que es lo que en fondo son las élites extractivas) están en todas partes, pero son especialmente habituales en países pobres. Aquellos países que tienen la desgracia de estar gobernados por vampiros, más concretamente, son aquellos que  están parecen destinados a no salir de la pobreza.

¿Por qué es esto relevante para España? Como comentan en su última entrada (vía Mark Thoma), los países desarrollados también pueden tener sus vampiros haciendo de las suyas. Buttonwood, en el Economist, señalaba que es bastante probable que el sector financiero en Estados Unidos (pre-2008, al menos) cumpla con todas las condiciones para ser considerado un ser de ultratumba chupasangres, igual que los sindicatos del sector público. Me encanta leer a alguien del Economist dando la razón a Matt Taibbi en su descripción de Goldman Sachs (“a great vampire squid wrapped around the face of humanity), aunque comparto con  Acemoglu y Robinson la idea que el caso contra los sindicatos es muy limitado.

Lo que es más interesante, de todos modos, no es tanto buscar a grandes vampiros en Estados Unidos, sino en España. Una de las características que distinguen al capitalismo español del de nuestros vecinos europeos es, probablemente, la existencia de una candidad considerable de grupos de presión y empresas que viven total o parcialmente de la protección del estado. Estoy hablando, por un lado, de cosas como el sector eléctrico, donde las empresas del sector se las apañan para tener tarifas elevadas, cobrar subvenciones a mansalva, tener unos beneficios descomunales y encima no tener que competir con nadie, pero también de vampiro a menor escala, derivado de todos esos mini-cortijos regulatorios que tanto parecemos adorar. Colegios profesionales, farmacéuticos, abogados, horarios comerciales, Renfe, montañas de micro-regulaciones autonómicas, universidades y un largo etcétera son ejemplos quizás menos descarados pero igualmente significativos de colectivos o instituciones que viven protegidas por una regulación estatal. El mercado laboral español, tan descaradamente dual, no deja de ser un caso de vampirismo: la crisis se la han comido casi en exclusiva los menores de 30 años “gracias” a un sistema de protección social que sólo protege unos pocos.

Este no es un detalle trivial; muchos de los problemas estructurales de la economía española se reducen al legado de instituciones vampíricas heredadas del franquismo. Grandes sectores de nuestra economía no están diseñados para la eficiencia, igualdad o desarrollo económico del país, sino para proteger los intereses, ingresos o rentas monopolísticas de un determinado clan vampírico. La mayoría de estos grupos son pequeños y extraen relativamente poca sangre de la economía. Todos ellos estan dispuestos a salir a la calle a protestar o invertir cantidades ingentes de capital político para defender su pequeña parcela de poder. El resultado es una de esas horribles situaciones en las que una reforma no tiene apoyo de nadie (liberalizar el taxi es un tema secundario para la mayoría de votantes, mal que nos pese) pero es resistida con uñas y dientes por un grupo que hace muchísimo ruído.La caza de vampiros y de sus privilegios es, casi siempre, un trabajo muy complicado.

Limpiar el país de criaturas que duermen en ataudes, sin embargo, puede tener efectos muy positivos, y hay estudios que señalan resultados considerables sobre el crecimiento económico. Lo que es importante recalcar, de todos modos, es que cuando nos ponemos marxistas y hablamos sobre cómo los capitalistas toman el control del estado y lo utilizan para proteger sus intereses, a menudo no estamos hablando de banqueros, industriales o grandes corporaciones. El capitalismo español está lleno de vampiros aparentemente inofensivos que hacen un daño social atroz igualmente, aunque sólo sea a base de ser muchos.

Y por cierto, recordad  que en España los banqueros no fueron los peores chupasangres. La parte del sector financiero que está casi totalmente quebrada son las cajas de ahorros, la mítica banca pública sin ánimo de lucro que todos decidimos ignorar. Pero ese es otro tema.