Política

La reforma de las becas universitarias, y más allá

2 May, 2012 - - @jorgegalindo

El Gobierno anda lanzando globos-sonda para lo que será en breve (seis meses para una propuesta en firme, al parecer) una reforma en firme del sistema educativo español. Han comenzado por la universidad, y particularmente por las becas. Varios me habéis pedido que comente lo que opino del asunto, así que aquí van my two cents.

Las becas universitarias sirven, principalmente, para dos cosas. Primero, garantizar la igualdad de oportunidades. La idea es que nadie con capacidad e interés por estudios universitarios se quede fuera de los mismos por no poder permitírselos. Segundo, establecer incentivos para la excelencia académica. Por supuesto, ambos están hasta cierto punto enlazados: queremos ‘subvencionar’ la educación a aquellos que vayan a producir una mayor externalidad positiva en la sociedad, al futuro Einstein antes que a la futura Carmina Ordóñez. A la luz de esto, echemos un vistazo a dos de las propuestas principales del Gobierno, que no es sino subir el nivel de exigencia para obtener y mantener una beca concedida por el Estado:

a) Subir la nota media a 5,5 o 6 para obtener la beca. Habida cuenta de que en muchos países con sistemas de 1 a 100 ni siquiera se considera que el alumno haya aprobado si saca más de 6, intuitivamente esta medida no me parece mal. Al final, es una manera de subir ligeramente el listón hasta un punto que la inmensa mayoría podrá alcanzar igualmente.

b) Incrementar el porcentaje de créditos aprobados para mantener la beca, en el caso de las de mayor cuantía hasta el 100% (en el caso de las becas-salario), es decir: todo aprobado. Esto es peligroso, porque al final de lo que se trata con este umbral es de establecer un tope alto para asegurarte de que no estás invirtiendo en alumnos que no hacen su trabajo, pero dejando un mínimo margen de error que cubra contingencias diversas, desde una mala relación profesor-alumno hasta una dedicación necesaria a otros cursos. Dejarlo en torno al 90% me parece bien (75% para las carreras de ingeniería y alrededores).

Sin embargo, estos dos puntos parecen más destinados a ahorrar dinero (digamos, 166 millones, por ejemplo) a través del endurecimiento de los criterios meritocráticos que a mejorar nuestro deficiente sistema de becas universitarias, que para mí tiene dos puntos débiles fundamentales:

Por un lado, el mayor ‘coladero’ de becas mal repartidas y concedidas viene de las Comunidades Autónomas. En algunas, como la Valenciana, un amplio porcentaje de los estudiantes universitarios no pagaban ni un euro de matrícula a pesar de estar en umbrales de renta equivalentes a la clase media, y con unas notas normales y corrientes. Esto es un mecanismo bastante regresivo, en el cual todos los contribuyentes están financiando casi al 100% la educación superior de personas que, como hijos de padres universitarios, iban a recibirla igualmente. Esto tiene que acabar, simple y llanamente. Antes incluso de plantearnos subir las tasas universitarias (de lo que, como muchos sabéis, soy partidario), hay que dejar de dar dinero a quien no lo necesita, y se gasta lo que ahorra por ahí en consumo privado para el ocio. Es probable que esto requiera de una recentralización de competencias en materia universitaria. Pero es que la educación universitaria es uno de esos bienes donde la cercanía al territorio y la localización no es tan importante, y es mejor trabajar a mayor escala para establecer especializaciones y evitar duplicidades.

Por otra parte, como defendía Daniel Peña, rector de la UC3M, necesitamos un sistema de becas de movilidad más ampio y mejor pensado, que cubra al máximo las necesidades de. Lo malo es que para que dicho sistema tenga sentido hace falta que en España haya universidades más competitivas y más especializadas. Si no, lo único que estaremos haciendo es mover a más jóvenes en un mismo escenario de mediocridad académica. Y, claro, esto cierra el círculo y se refiere de nuevo al párrafo anterior.

Y es que nada de esto tiene sentido (ni un mejor sistema de becas, ni recentralizar la gestión universitaria, ni subir las tasas) si no existe una reforma en profundidad del sistema universitario español, por un lado, y de todo el resto del sistema educativo, por otro. Lo que deberíamos hacer es:

1. Reasignar los recursos ya invertidos haciendo un mayor esfuerzo en las primeras etapas de la enseñanza. Quiero guarderías, pero sobre todo quiero a los mejores profesores posibles. Y también garantizar que nadie se queda fuera del sistema porque ha de ponerse a trabajar (becas, sí).

2. Insisto en subir las tasas universitarias, pero solo una vez asegurado el punto 1. Razón, aquí.

3. Cambiar varias (muchas) reglas de juego. Cada uno de estos puntos requeriría un artículo por sí mismo, de momento los dejo caer como posibilidades interesantes:

– Educación obligatoria lo más pronto posible y hasta lo más tarde posible (18 años).

– Mejor sistema de selección de profesorado.

– Creación de itinerarios educativos para que los estudiantes puedan dirigir sus carreras desde más pronto y minimizar el abandono escolar. Ahora esto debería ser más fácil porque fuera del sistema educativo hace mucho frío (50% paro juvenil, y sin salarios espectaculares en la construcción). Esto incluye un fortalecimiento de lo que llamamos ‘Ciclos Formativos de grado superior’ y que en otros países son considerados como ‘carreras técnicas’ de entre dos y cuatro años. Por descontado, habrá que mantener vías entre los itinerarios creados para evitar la imposibilidad de deshacer una decisión tomada cuando se es adolescente. Más que querer menos estudiantes universitarios, quiero una masa laboral en los cuadros técnicos cualificados mucho más grande. Es decir: quiero menos estudiantes universitarios en proporción.

– Como llevamos años diciendo, necesitamos dinamitar la universidad española actual y empezar de cero, como quien dice. Es fundamental evitar que los departamentos sean pequeños y mediocres imperios donde unos pocos contratan a los estudiantes más afines en lugar de a los más preparados. Por cierto, interesante también es la idea que apuntaba Roger el otro día sobre cómo elegir quién gobierna una Universidad.

En resumen: las becas son un mecanismo de incentivos e igualador imprescindible pero que solo funciona si se construye sobre un sistema educativo que ya de por sí establece los incentivos adecuados e iguala oportunidades cuando y donde hay que igualar. Una educación pública deficiente no se arregla nunca con una beca. Y en España haríamos bien en no comenzar la casa por el tejado.