Economía & Unión Europea

Hollande negocia antes de ganar

25 Abr, 2012 - - @jorgegalindo

El candidato socialista (y favorito) a la Presidencia francesa acaba de descolgarse con una declaración entre bastante y muy seria (aunque en fondo estaba ya en su discurso y su programa, en forma es relativamente más dura de lo esperado en este momento concreto): dice que no ratificará el último pacto europeo en caso de ganar en una semana y media. No se tratará de una enmienda a la totalidad, sino que afirma que pedirá una serie de medidas concretas: eurobonos para política industrial y de infraestructura (!), lo cual significaría una especie de intervención del BCE en países con problemas; liberar fondos del Banco Europeo de Inversiones y de los fondos estructurales europeos a tal efecto; y una tasa a las transacciones financieras.

Tres fenómenos interesantes se observan aquí, a mi entender. Voy a intentar comentarlos de forma desordenada y poco formal, para después intentar darles algo más de empaque en sucesivos artículos refiriéndome a la situación en otros países, como la reciente caída del gobierno holandés.

El primero es el considerable incremento de atención e interacción consiguiente que unas elecciones de un país europeo despiertan en los demás países, hasta el punto de conseguir un seguimiento bastante más minucioso de las declaraciones de cada candidato por parte de los medios foráneos, y hacer que personas como Merkel y Berlusconi tomen partido (Merkel con Sarkozy, y Berlusconi con… Hollande). Quiero pensar que esto es algo que puede hacer más fácil la integración política europea, pero también puede hacerla más difícil: cuando los ciudadanos de un país soberano observan detenidamente cómo lo que sucede en otro afecta al suyo, las opciones que les quedan se hacen muy claras: o estamos juntos en esto, o deshacemos lo andado y nos separamos definitivamente. Muchas hipótesis caben aquí sobre qué afectará que los ciudadanos se decanten más por una opción o por otra. Intuitivamente, creo que a mayor sea el conflicto entre gobiernos, mayor será la tendencia de los votantes hacia el euroescepticismo y la vuelta a la pura soberanía nacional y “cada uno se resuelve lo suyo como buenamente puede”.

El segundo es el hecho de que Hollande está jugando por anticipado en sus elecciones nacionales con asuntos que afectan de manera directa a otros estados soberanos, cuando aún ni siquiera tiene el poder para tomar medidas. Enlazado con el primero, esto muestra, por si aún no había suficiente evidencia acumulada, que lo que era importante en la crisis ha pasado a ser urgente: reformar el sistema de toma de decisiones europeo con una necesaria cesión de soberanía por parte de los Estados para evitar estos desajustes en la medida de lo posible.

El tercero y último es, si el farol es cierto, la alineación clara del candidato con una opción keynesiana de salida de la crisis (económica) que se basa en gasto público no perteneciente a los estabilizadores automáticos sino de carácter especial. Esto me recuerda a un artículo de Kantor que andaba releyendo estos días. Cito:

La estimulación keynesiana es una ayuda, pero antes de referirnos a ella, es importante entender que no es la política más importante de reactivación; por este orden, lo primero es salvar los bancos, lo segundo es dejar que los factores y activos reajusten su valor, y solo lo tercero es la estimulación pública de la demanda, que es primero estimulación de la inversión, y solo en segundo lugar del consumo.

(…)

La suma de lo que hemos aprendido tiene una consecuencia sencilla, que en el fondo resume lo que el keynesianismo debería haber sido: el Estado debe tener siempre sobre la mesa un stock de proyectos de inversión rentables, y debe ejecutarlos lentamente en la fase alcista del ciclo y muy rápido en las etapas de crisis.

Cabe preguntarse si tenemos ese stock de proyectos, por un lado (más bien no, y en todo caso creo que lo que anda por la cabeza de Hollande es algo más parecido a nuestro horroroso Plan E), y por otro si somos conscientes de que, dado que las deudas hay que pagarlas sí o sí y el margen de que disponemos para subir impuestos es escaso e irá en su mayoría destinado a cubrir dicha deuda, esto implica inflación, con el BCE de por medio.

En cualquier caso, respecto a este último punto, creo que Hollande va en parte de farol: es posible que renegocie algunos puntos del pacto, pero no creo que se plante si no consigue la mentada lista, que se antoja imposible. Esperemos que así sea, porque como decíamos arriba, si en la toma de decisiones sobre economía se fuerza la (no) máquina política europea, el invento puede estallar por los aires.