Ciencia recreativa & Globaglobalización

Esto hay que pagarlo (I): La historia de los tres cerditos y el lobo

16 Abr, 2012 -

El gráfico que veis abajo ilustra el hecho económico más importante de la última década y media. Se trata de la evolución de la Posición de Inversión Internacional Neta (PIIN) para cuatro países de la Eurozona, Alemania y tres países de la periferia, España, Grecia y Portugal.

Es posible que no hayáis oído hablar nunca de la PIIN. Sin tecnicismos, lo que la PIIN recoge es lo que un país debe o en qué cuantía es acreedor del resto del mundo dependiendo del signo, es decir, el saldo de sus pasivos y activos frente al resto del mundo. Cuando digo “deber” no debéis pensar solo en “deuda”, sino cualquier tipo de activos y pasivos financieros, que incluyen las acciones, los créditos o la inversión extranjera directa. Pero lo que todos esos cacharros tienen en común es que suponen una transferencia de renta en un sentido que espera, en algún momento futuro, una transferencia de renta en sentido contrario.

Si observáis el gráfico, veréis que en 1998, el nivel de endeudamiento de los cuatro países estaba separados por una horquilla relativamente pequeña (0,4% acreedor para Alemania y 31,7% deudor para España). Durante el periodo que va hasta 2010, que coincide “casualmente” con el del Euro, Alemania llega a ser acreedor del resto del mundo por un 38% de su PIB mientras que Portugal llega a deber un 107% de su PIB y España un 89%.

Los porcentajes no se pueden sumar (porque el denominador, el PIB, es distinto), pero si estuviéramos trabajando con miles de Euros y pusiéramos a todos los países de la Eurozona en el mismo gráfico, veríamos que la mejora de las PIIN de unos explican, aproximadamente, el empeoramiento de las de los otros. En otras palabras, unos países, típicamente del centro, se han convertido en acreedores de los de la periferia.

Durante la época de prosperidad (1) esto se interpretaba como los beneficios de tener mercados de capital integrados: ahora los Europeos podíamos invertir y financiarnos en el extranjero. Los españoles podíamos tomar prestado de los alemanes para comprarles sus máquinas y modernizar nuestra economía; los alemanes podían invertir en la economía española, una de las más dinámicas del mundo, sin tener que mantenerlo en su anémica economía.  Sin embargo, la realidad microeconómica que había detrás de esto era distinta: o Estados que se estaban endeudando por encima de sus posibilidades (Grecia), o flujos de crédito que alimentaban desarrollos de inflación de activos (burbujas) e inversiones fallidas en sectores financieros mal regulados.

¿Cuál es la fuerza detrás del deterioro o mejora de la PIIN? Hablaremos de ello en otro artículo de la serie, pero la principal fuerza es el saldo de la cuenta corriente. La cuenta corriente es, aproximadamente, la diferencia entre lo que un país produce y lo que gasta en un año; por tanto aproximadamente igual a la diferencia entre lo que importa y lo que exporta. La única forma de gastar más de lo que uno produce es modificando su posición financiera, esto es, endeudándose con el extranjero o tirando de sus ahorros. En otras palabras, la cuenta corriente refleja lo que podemos prestar (capacidad de financiación si es un superávit) o lo que nos prestan (necesidad de financiación si es un déficit).

La relación entre la PIIN y la cuenta corriente es la siguiente: cada año en que uno tiene un déficit por cuenta corriente, éste se acumula en la PIIN como una deuda frente al extranjero. De esta forma, y aunque hay efectos financieros que también hacen variar la PIIN, la principal fuerza real es el saldo exterior (la cuenta corriente) de la economía.

Veamos ahora que nos dice el gráfico de cuenta corriente:

Como era de esperar, la cuenta corriente refleja aproximadamente la evolución de la variación en la PIIN. Veréis que la cuenta corriente de los países de la periferia no ha dejado de deteriorarse. En España y el resto de la periferia la brecha entre lo que gastábamos y lo que producíamos aumentaba cada año, mientras que en Alemania ocurría justo lo contrario.

Simplificando, la distinta evolución de precios en cada país es lo que nos ha traído hasta aquí. Cada año los bienes españoles eran más caros y los Alemanes más baratos, y en consecuencia, en agregado, los alemanes importaban menos de España y los españoles importábamos más desde Alemania. Una tendencia de este tipo no es sostenible indefinidamente porque, como he dicho más arriba, la deuda no puede aumentar de forma eterna ya que todas las transacciones financieras deben tener una vuelta en algún momento. Es un tema sobre el que volveremos más adelante.

(1) Cuenta la leyenda que un grupo de economistas españoles estaban mirando los datos que veis en el primer gráfico en los “buenos/viejos” tiempos. Varios de ellos habían hecho de intervenciones hablando de los beneficios de la pertenencia al Euro, de la posibilidad de modernizar la economía española con nuevos bienes de capital, de las posibles justificaciones basadas en la demografía, en las preferencias o en las expectativas de crecimiento futuro de que España estuviera financiándose con ahorro alemán. Uno de ellos, sin levantar la vista del papel, dijo con cierto escepticismo “Ya,… pero esto,… esto hay que pagarlo“.

Nota: Quiero agradecer su ayuda a Kiko (@kikollan) que ha tenido a bien transformar mis cutregráficos de Excel en la maravilla “appelínea” que veis más arriba y que caracteriza a la marca Politikon ;-).