Sociedad

Descalificando gratuitamente a la religión

6 Abr, 2012 - - @jorgegalindo

Vaya por delante que no solo no creo en Dios, sino que ni siquiera estoy bautizado. Mi educación, de hecho, estuvo más cerca del ateísmo que del agnosticismo. Creo que es necesario explicitarlo para poner en contexto esta nota.

De un tiempo a esta parte vengo observando que el discurso antirreligioso aumenta en número e intensidad de mensajes. Sus principales defensores pueden resumirse en dos grupos: de un lado, personas de izquierda con perfil de votante de IU/Esquerra/ICV/Compromís/Equo. De otro, amantes de la ciencia y del pensamiento analítico, racional y crítico, de los que intento formar parte. La forma habitual del discurso está relativamente correlacionada, creo, con el sentirse parte de un perfil o de otro de los anteriores (y digo “sentirse” y no “ser” porque, como es obvio, muchas veces coinciden en la misma persona). Cuando uno adapta el rol de izquierdas, la crítica es de furibunda separación entre iglesia y Estado, normalmente acompañada de alguna cita. Sin embargo, en la posición de defensor a ultranza del pensamiento racional, la argumentación se torna chanza: el mecanismo habitual es ridiculizar la religión católica como una superstición que se basa en a) un tipo que resucitó; b) una paloma que es a la vez el mismo tipo; c) un libro lleno de preceptos absurdos que un grupo de locos irracionales sigue, y así sucesivamente.

Mi problema con el primer grupo de argumentos es escaso: por descontado, abogo por profundizar en la separación entre iglesia y estado. Sin embargo, me resulta risible que durante el último año el principal foco de críticas en este sentido haya sido que a la Iglesia no se le ha disminuido la cantidad de dinero que recibe de los Presupuestos de manera directa, que en su mayoría se refieren a la famosa casilla de la declaración del IRPF que posibilita ceder un porcentaje determinado de nuestros impuestos al clero. Pero bueno, esto es un problema de foco de atención (que yo preferiría fijar en la conveniencia o no de tener tantos conciertos educativos de Comunidades Autónomas con instituciones religiosas). Lo que realmente me incomoda es la segunda línea argumental.

No creo que sea ni necesario ni conveniente, al no aportar absolutamente nada al debate público, remarcar la irracionalidad de las creencias religiosas, sean las católicas o cualesquiera otras. Parar ahí la crítica denota, además, una ignorancia preocupante, así como un desprecio por la cultura como tal que me asombra. Para que se me entienda bien: ‘cultura’ es el sistema de códigos y símbolos que empleamos para poder crear nueva información, intercambiarla (comunicarnos) y relacionarnos socialmente en base a una serie de pautas de conducta, cosa que nos facilita (ahora me pondré marxista) enormemente la gestión de los recursos y conflictos existentes. La religión ha sido y es, si bien es cierto que en el mundo cristiano occidental cada vez menos, una parte fundamental (insisto: fundamental) de todo ello. Los estudios sobre por qué nacieron las religiones, de qué manera se han formado y cómo han condicionado nuestro comportamiento han sido uno de los motores principales de las ciencias sociales. Que ahora lleguen cuatro (o cuatrocientos) iluminados a descalificarlas como creencias absurdas, iluminados que además se consideran analistas críticos de la sociedad en la que viven, es sin duda curioso.

Una religión es una forma sistematizada de pensamiento mágico, no analítico, que nos ofrece un mapa para entender mejor aquellas partes de la realidad que nos generan incertidumbre y a las que, por una razón o por otra, no somos capaces de enfrentarnos con las herramientas analíticas y científicas de las que disponemos. Por mucho que la presencia del método científico y el pensamiento crítico haya aumentado mucho en los últimos dos siglos, la necesidad de estos atajos, planos o muletas va a seguir existiendo por las limitaciones neurológicas, psicológicas y sociales de los seres humanos. Rechazar de plano una de ellas, que además ha sido la más importante de nuestra historia, sin tan siquiera pararse a investigarla desde el respeto, me parece una estrategia bastante torpe si lo que queremos conseguir (y me incluyo) es que quede finalmente superada. Entre otras muchas cosas, porque cuando un grupo recibe un ataque frontal tiende a cohesionarse.

En otras palabras: leamos la Biblia. Feliz Viernes Santo.