mercado laboral & Sociedad

Mercado laboral, dualidad y estado de bienestar

15 Mar, 2012 - - @egocrata

José Fernández-Albertos y Dulce Manzano han publicado un artículo fascinante en la Fundación Alternativas sobre el apoyo social al estado de bienestar en España. En contra de lo que sucede habitualmente, los electorados de ambos partidos mayoritarias tienen preferencias bastante parecidas sobre este tema. El apoyo al estado de bienestar no tiene un carácter ideológico o partidista, algo francamente extraño. De hecho, los grupos sociales con menos recursos económicos no son los más favorables a una expansión del estado de bienestar, aunque apoyan políticas redistributivas.

El origen de esta curiosa distribución social de preferencias, obviamente, no nace del vacio, sino de la peculiar configuración del estado de bienestar español. De forma más específica, sobre cómo las extrañas instituciones del mercado laboral hispánico hacen que el sistema de seguridad social beneficie más a los “insiders” (los afortunados con contrato indefinido) que a los outsiders (parados y temporales):

En mercados duales un sistema de seguridad social que exija un periodo mínimo de contribución para ser beneficiario y fije el monto de las transferencias de manera proporcional a los ingresos durante la vida laboral, protege especialmente a los insiders -quienes han podido cotizar a la seguridad social de forma sostenida y mantener salarios más altos- y penaliza a los trabajadores con ingresos más bajos e historias laborales más precarias. Así cuanto mayor es el grado de división de la clase trabajadora (mayor grado de dualismo), menos redistributivos serán los programas de seguridad social y, por ende, el Estado del Bienestar.

Como mayor es la dualidad del mercado laboral, menos efectivo es el estado de bienestar, especialmente uno basado en cotizaciones sociales. Los que apoyan el sistema actual, por tanto, no son necesariamente los pobres, sino aquellos realmente beneficiados por el sistema: los insiders. A los jóvenes, precarios y demás chusma les toca depender de la familia, porque el estado realmente no les da un céntimo. La interacción entre dualidad y un sistema contributivo lo único que consigue es que no estemos protegiendo a quienes peor lo están pasando en la crisis, sino a los que ya están empleados. El resultado es realmente surrealista:

Los insiders, quienes no forman parte normalmente del grupo de trabajadores con bajos salarios, apoyarán una expansión del Estado del Bienestar pero no necesariamente una mayor redistribución de los ricos hacia los pobres. Los trabajadores con salarios más bajos, aunque desean un grado más alto de redistribución, no estarán muy dispuestos a que el Estado del Bienestar se expanda en un mercado de trabajo dual dado que se les excluirá de los privilegios que gozan los asalariados mejor pagados. En cambio, en países con mercados de trabajos no duales, los partidarios de la intervención del Estado del Bienestar tenderán a tener preferencias más fuertes por la redistribución al tener dicha intervención una naturaleza más redistributiva. Por tanto, es de esperar que la correlación positiva entre preferencias por la redistribución y por el Estado del Bienestar esté condicionada por el nivel de dualismo en el mercado laboral.

Dicho en otras palabras: tenemos un electorado condenado a la esquizofrenia. La dualidad del mercado laboral español no sólo es injusta con los que están fuera del sistema, sino que encima hace que toda esas proclamas de proteger el estado de bienestar les suenen al timo de la estampita, ya ellos no ven un duro de ese gasto público. Mientras tanto los que más servicios quieren son los que están relativamente bien; el paro está sobre el 16% en adultos entre 25 y 54 años, y un 10,5% en mayores de 55.

Hemos conseguido montar un mercado laboral que no sólo excluye salvajemente a un tercio de la población activa, sino que además se las apaña para sabotear cualquier intento del estado para redistribuir renta y combatir la pobreza. Lo nuestro es realmente de frenopático.

Pero no, el problema es que no trabajamos suficiente horas o cobramos demasiado. En fin. (y sí, Cives, esto es sarcasmo)