El mercado laboral italiano es un desastre. Las cifras de paro en enero fueron increíblemente malas, con el desempleo alcanzando la peor cifra en ocho años. El desempleo juvenil es uno de los más altos de la Unión Europea; las diferencias regionales en tasa de desempleo son las peores de la unión. Los líderes italianos entienden que es necesaria una reforma urgente para corregir la enorme dualidad laboral y las profundas ineficiencias del sistema, y se preparan para impulsar una reforma laboral ambiciosa: un modelo de contrato laboral único.

Antes de seguir con los detalles, vale la pena recordar lo que en el resto del mundo se consideran cifras catastróficas de paro estructural que requieren reformas ambiciosas y urgentes. La tasa de paro en Italia alcanzó un horrible 9,2%, y el desempleo juvenil ronda el 28-29%. En España navegamos en el 23% por un lado, y superamos ampliamente el 40% en el otro. La única cifra donde estamos “mejor” es al hablar de diferencias entre regiones, y en España son menores  porque en las regiones donde la economía va “bien” tienen cifras peores que la media italiana.

Esto no quita , sin embargo, que el modelo laboral italiano sea cómicamente ineficiente. El país tiene casi 400 tipos de contrato laboral, un galimatías legislativo incomprensible. Italia es un país con una estructura productiva moderna (especialmente en el norte del país) pero una legislación cómicamente gremial, en ocasiones casi dieciochesca. El país ha minimizado este problema con su tradicional desprecio a lo que dicen las leyes (corrupción, vamos), pero con una situación fiscal gravísima y la necesidad de ahora sí recaudar impuestos ahora sí se ven forzados a cambiar.

En España no tenemos esa suerte. Nuestra legislación es casi tan mala como la italiana, pero nuestra base económica no es tan sólida. Al hablar de mercado laboral, de hecho, nuestro sistema es bastante peor; mucho más dual, mucho más rígido, mucho menos eficaz. La reforma laboral que ha presentando Rajoy es, sin embargo, muchísimo menos ambiciosa que la que se está planteando Monti. El único apartado donde la reforma española es ambiciosa es en negociación colectiva, precisamente el único apartado relevante pactado entre sindicatos y patronal. Cuando los agentes sociales son más atrevidos que tú, es para hacérselo mirar.

Aún así, vale la pena recordar que estamos hablando de Italia. Este es el país donde un gobierno puede tener una mayoría aplastante en el parlamento y aún así ver como sus encantadores socios de coalición difuminan cualquier reforma en trámite parlamentario, como ha sucedido con las últimas medidas de liberalización de Monti. Es probable que el contrato único acabe siendo el contrato-con-trece-excepciones-y-varios-agujeros, siguiendo la tradición.

En España tenemos problemas distintos. Por un lado, tenemos un gobierno muy tímido que ha aprobado una reforma dura y en ocasiones injusta, pero que se las arregla para dejar el origen de la mayoría de nuestros problemas (la dualidad) casi intacta. Por otro tenemos una opinión pública que sigue sin acabar de entender la enorme, descomunal magnitud del problema, y lo mucho que necesitamos cambios; la encuesta de ayer en el País es francamente deprimente.

Nos queda mucho, mucho por hacer antes de de ver una reforma decente en este sentido. Especialmente porque aquí no parece que el gobierno no parece entender el problema, y no hay tecnócratas a la vista.