Ciencia recreativa

Lo peor de ambos mundos: Dualidad y Flexibilidad en el margen

20 Feb, 2012 -

Ayer estaba mirando artículos para una sorpresita que estamos preprando en esta web y me topé con este artículo que viene a explicar rigurosamente algo que llevo intentando explicar en todos mis posts sobre mercado laboral en españa desde que empecé a leer sobre el tema.

Idealmente, la protección del empleo (la indemnización por despido) puede ser alta o baja. Cada tipo de regulación produce dos tipos de mercado laboral distintos. Un mercado laboral flexible suele registrar bastante rotación en los puestos de trabajo y mas volatilidad cíclica en el desempleo. En cambio, un mercado laboral rígido produce menos rotación de puestos de trabajo y menos volatilidad cíclica en el desempleo.

La rotación y la volatilidad tienen ventajas e inconvenientes. Lo más obvio es el inconveniente desde el punto de vista del trabajador. Si uno parte de la idea razonable de que los trabajadores, ya sea por pura aversión al riesgo, por razones de estabilidad personal o por otros motivos, prefiere tener un trabajo estable, la volatilidad es un coste para el trabajador. Esto es algo que está estudiado en behavioural economics: el coste psíquico del desempleo tiene un componente de “coste fijo” cuando se pierde el empelo y un componente de coste variable en función de la duración, de modo que es más costoso estar cinco veces en paro durante un mes que una vez cinco meses en paro. Sin embargo, tiene también una serie de ventajas. La primera es en términos de productividad: la reasignación de trabajadores desde puestos menos productivos a otros más productivos es una forma de mejorar las formas de producción, de modo que obstaculizar este proceso supondrá siempre imponer restricciones sobre la economía y, en
última instancia, afectar a la productividad y a los salarios negativamente.

Una segunda desventaja que se suele ignorar es que el desempleo es mucho más doloroso en un mercado rígido que en uno regulado. Está más o menos establecido que la rigidez del mercado laboral tiene un efecto neutro sobre el empleo (aunque con dualidad las cosas son distintas). Sin embargo, para que esto sea cierto y la rotación sea mayor en un mercado laboral flexible, en este no solo se debe destruir mucho más empleo, sino que también crea simultáneamente mucho más. El efecto de esto es afectar a la duración media del empleo y el desempleo. En un mercado laboral rígido, un trabajador sabe que si es contratado de forma indefinida por una empresa está ahí para quedarse al menos una temporada, lo que le va a llevar a invertir en habilidades específicas para esa empresa o ese sector (específicas significa que no le van a ser útiles en otras empresas), algo que va a repercutir en la organización interna de las empresas. En este tipo de mercados de trabajo, la estructura interna de las empresas tiende a ser más
jerárquica, más basada en la antigüedad y entrar en una empresa de nuevas requiere un proceso largo de adaptación y de escalada interna, porque la productividad inicial de un trabajador en una empresa va a ser menor que en un mercado de trabajo flexible. No hace falta señalar que en este tipo de mercados, el resto de instituciones -y especialmente el sistema educativo y el sistema de relaciones industriales- tienden a acomodar esta forma de funcionar gestionando la formación de los trabajadores enfocada al interior de la empresa.

Aunque en principio esta forma de funcionar no es necesariamente peor que otras, un efecto colateral negativo va a ser que la transición de un empleo a otro va a ser mucho más dolorosa. En un mercado laboral rígido, pasar por el paro es mucho menos probable pero mucho más traumático porque supone perder el stock de capital humano acumulado (ya que las habilidades de una empresa no son portables a otra) y la estructura interna de las empresas hace que haya que volver a empezar desde abajo en la siguiente empresa. Esto produce una pérdida neta de remuneración, además de efectos de estigmatización e histéresis que suelene aparecer en los estudios empíricos (es un hecho estilizado que para dos trabajadores con una formación similar, si uno pasa por el paro, el otro va a mantener una remuneración persistentemente superior durante unos cuantos periodos de tiempo). Además, hay razones para pensar que cuando el desempleo es poco frecuente, el coste fijo “psíquico” de la pérdida del empleo será mucho mayor porque,
por un lado, los trabajadores tienden a formar hábitos (de consumo o de status profesional) mucho más enraizados. Pero a esto se le añade que, al ser la creación de empleo significativamente menor y la especificidad de las habilidades de cada trabajador inferior, los emparejamientos van a ser mucho menores y por tanto la duración media del desempleo va a ser significativamente superior. El hecho de que la expectativa, justificada o no, de encontrar un empleo sea menor y el miedo a convertirse en parado de larga duración o a ser “desclasado” es algo que probablemente acentúa el coste psíquico de quedarse desempleado.

Uno puede argumentar que prefiere vivir en una sociedad con mercados rígidos y mucha estabilidad porque es una sociedad más humana. Como dirían “It is not a very good case” pero creo que es argumentable. Uno puede argumentar que prefiere una sociedad como las anglosajonas con un mercado muy flexible, dónde la gente pierde su empleo muy a menudo pero es fácil encontrar uno. Personalmente no es una idea que me entusiasma, ero creo que es algo marginalmente mejor que lo anterior. O uno puede argumentar, como ´haría yo, que lo ideal sería tener lo mejor de ambos mundo: un mercado laboral que permita la rotación, que sea más o menos fluido, y proteger a los trabajadores en sus transiciones de un empleo a otro con un buen seguro de desempleo, políticas de activación y lo que en general se ha venido a llamar “flexiseguridad”.

Pero ahora tenemos el caso de España. Lo que viene a demostrar el artículo que enlazo al principio es que un mercado dual como el Español tendría lo peor de ambos mundos: la misma volatilidad que un mercado flexible, pero ninguna de sus ventajas. La idea básica es bastante simple. Ante cualquier variación de su demanda, las empresas necesitan ajustar su producción. En un mercado flexible, esto se hace despidiendo a una parte de la plantilla. Pero independientemente de como vayan las cosas, siempre va a haber una parte de la plantilla que se quede -a menos que la empresa quiebre. Ahora pensad en un mercado dónde tengamos dos tipos de contratos: uno “de obra” que es contingente a la existencia de una tarea en la empresa o temporal, que tiene que renovarse periódicamente y otro indefinido, con obligaciones genéricas y protegido por la indemnización por despido. Cuando llega la parte baja del ciclo, lo único que tiene que hacer el empresario es no renovar los contratos temporales o extinguir los contratos de
obra (algo legalmente fáctible dado que, de hecho, han desaparecido líneas de negocio de la empresa). Supongamos que por restricciones legales, un empresario no puede tener a todos sus trabajadores con contratos temporales; lo único que tiene que hacer es estructurar su empresa con un núcleo duro de contratos indefinidos, muy protegidos, y un contingente de temporales que se utilizan como factor de ajuste. Los indefinidos corresponden al grupo de trabajadores que no son despedidos en la empresa que opera en el mercado flexible, y los temporales a los que sí. Lo que importa para la volatilidad, por tanto, no es la flexibilidad en términos absolutos, sino la “flexibilidad en el margen”.

El problema de un mercado dual es que teniendo los mismos problemas que uno flexible, tiene también los problemas de uno rígido. Concretamente, la estructura interna de las empresas es, si cabe, mucho más jerárquica, dado que la empresa tiene incentivos para “mimar” a sus trabajadores indefinidos como mecanismo de incentivación (dado que la disciplina de la amenaza de despido es muy pequeña: los trabajadores fijos saben que antes que ellos caerán los temporales) y para tratar mal a los temporales. Encontrar un trabajo precario en una expansión es sencillo, pero pasar de uno precario a uno estable es idénticamente dificil. Las ganancias de productividad derivadas de la reasignación de puestos de trabajo, como consecuencia de la organización interna de las empresas, son por tanto limitadas porque los trabajadores precarios tienden a ocupar puestos de menor cualificación o menos productivos. Finalmente, como mencioné en el otro artículo, dado que la minoría de trabajadores que sirven como factor de ajuste
tienen un peso político limitado -tanto dentro del electorado como de los sindicatos-, las políticas de empleo y la negociación colectiva están hechas a la medida de los trabajadores fijos: los salarios tardan en ajustarse en las recesiones y las políticas de activación y subsidio del desempleo soon poco generosas.

Desde el punto de vista individual, uno de los mensajes básicos de este post es que es singularmente peor ser un trabajador flexible en un mercado laboral dual que en un mercado laboral flexible y es probablemente mejor ser un trabajador indefinido en un mercado laboral dual que en uno rígido. Esta observación, en realidad, explica muchas cosas sobre nuestro mercado laboral, como por ejemplo porque hay tanta gente que sueña con ser funcionario. Una falacia común a la hora de analizar el mercado laboral español es comparar la situación media de un trabajador (la indemnización por despido media por ejemplo), cuando en realidad la comparación relevante es la separar a protegidos y flexibles, dos grupos muy polarizados en sus condiciones, exposición al riesgo social y capacidad de progreso; aunque no se trata de dos grupos herméticos como me decía el otro día un comentarista, las conversiones de temporal a fijo son mucho menor de lo que uno podría esperar en un mercado funcional: lo que vemos en la
dualidad es, sobre todo, un mecanismo de estratificación social.