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Justicia, errores y sentencias extrañas

26 Ene, 2012 - - @egocrata

El veredicto del caso Camps es, creo, bastante inexplicable. Llevo un rato intentando encontrar a alguien que me pueda dar una explicación lógica sobre qué puede llevar a un jurado a declarar que el ex-presidente valenciano no es culpable de cohecho pasivo impropio, pero no llego a imaginármela. La idea más lógica (y es echándole bastante imaginación)  es que no se han creído que los regalos iban a cambiar la conducta del acusado, unida a una idea un poco extravagante de lo que es necesario considerar algo como probado.

Es un veredicto extraño, ciertamente, pero creo que de aquí a decir que es algo vergonzoso o que la justicia no funciona va un buen trecho. Y digo esto porque ver políticos escapándose por los pelos en casos parecidos sucede en las mejores familias, y en casos bastante más escandalosos que este.

¿Recordáis a Rod Blagojevich? Este tipo era el gobernador de Illinois en el 2008, cuando Obama dejó su escaño en el Senado para irse a la Casa Blanca. Al bueno de Blago el FBI lo llevaba investigando (vía escucha telefónica) desde hacía una temporada por sobornos, así que ya apuntaba maneras. En Illinois, cuando hay una vacante en la delegación en el Congreso, le corresponde al gobernador nombrar un substituto para el resto de la legislatura, así que el hombre tenía que designar a alguien para el cargo. Os podéis imaginar la sorpresa del FBI cuando lo cazarón en un montón de conversaciones telefónicas intentando vender el escaño al mejor postor, con toda la jeta del mundo.

No pasó mucho tiempo, obviamente, antes que el fiscal del distrito presentara denuncia y lo llevara a juicio, mientras el país entero se mofaba de la increíble incompetencia de Blagojevich. Lo presentan ante los tribunales, lo acusan de 24 delitos federales… y el jurado es incapaz de alcanzar un veredicto sobre 23 de ellos, sólo declarándolo culpable por un delito menor.  Los miembros del jurado declaran, simplemente, que la acusación no ha sido capaz de demostrar que que hubiera conexión entre los favores pedidos y el escaño vacante, aún con las grabaciones. Quince minutos después del veredicto, el fiscal recurría la sentencia, esta vez acusando a Blago de 20 delitos.

¿Qué sucedió un año después en el segundo juicio? La fiscalía preparó el caso a consciencia, presentó el caso de nuevo, y esta vez sí sacaron condena, cazándolo en 17 delitos. Blagojevich está ahora mismo en una prisión cerca de Denver, Colorado, donde se va a comer 12 añitos a la sombra. Se ha hecho justicia.

Sí, la sentencia del caso Camps es extraña. Y sí, es probable que fuera culpable. Eso no quiere decir, sin embargo, que un jurado escogido al azar no pueda tener cinco miembros que, tras ver las pruebas y escuchar las declaraciones, deba llevar necesariamente a esa conclusión. El fiscal puede haberse confiado; la defensa puede haber generado suficientes dudas; el jurado puede creer que todos los políticos son iguales y que tener amigos no es delito. Yo que sé. Hay gente ahí fuera que vota al Partido Carlista. No es tan extraño que alguien no vea a Camps como un tipo medio honesto.

La sentencia es recurrible; si la sentencia es un error, un segundo grupo de juristas está ahí para echarle un vistazo. El sistema está diseñado de modo que no metamos a inocentes en la cárcel por error, pero también para asegurar que todo resultado extraño reciba una segunda opinión. Si la sentencia es tan absurda como parece, el segundo juicio tendrá un resultado distinto al primero. Un error judicial, sin embargo, no debe llevarnos a decir que todo el sistema es incapaz de hacer su trabajo.

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(Eso no quita, por cierto, que España no necesite una buena reforma de la justicia. Pero sobre  qué es necesario hacer y las reformas de Gallardón os remito a Geógrafo Subjetivo, que parece tener más idea que yo, y otro artículo que sacaremos pronto por aquí).