Hace unos días me dediqué a echarle un vistazo al “programa” de Rubalcaba de cara a estas primarias. Lo cierto es que no acabé especialmente impresionado – más bien lo contrario. Ayer el equipo de Carmen Chacón, con cierto retraso (¿quién narices publica un programa político después que la gente haya votado?) publicó su decálogo de medidas económicas, así que supongo que tendré que echarles un vistazo.

Desde el punto de vista meramente estético, realmente es un ejercicio de contrastes. El programa de Rubalcaba fue publicado en formato juguetería 2.0, con iconos, colores y empaquetado postmoderno envolviendo ideas más bien minúsculas. La gente de Chacón, por el contrario, ha apostado por un PDF de 14 páginas sin un cochino dibujito ni letra de colores; un despiadado muro de texto para frikis de la política. Otra cosa no, pero al menos dan más texto para leer.

El contenido, sin embargo, es otro tema. El texto empieza con la ya inevitable diatriba contra el avance imparable del pensamiento conservador en el mundo, etcétera, etcétera, y quejidos contra los habituales fantasmas de la izquierda estos días, como las agencias de calificación. Hablar de “economía del miedo” es estupendo en una barra de bar, pero está a dos pasos de clamar contra los Gnomos de Zurich. Mencionar el “pensamiento único”, a estas alturas, es para echarse a llorar.

En fin, es la introducción. Aquí es donde das la carnaza y te cubres las espaldas señalando que eres uno de los nuestros, supongo. Igual que hablar del crecimiento redistributivo y sostenible. Es una de estas cosas. Hablar sobre desigualdades con lenguaje de 1910 es una de esas cosas que haces en un partido antiguo. Veamos las medidas.

1. Política Europea de Empleo:

el análisis no es del todo torpe, pero las medidas que pide para el crecimiento son bastante burdas. El problema de Europa no es sólo cosa de política fiscal contracíclica; hay mucho de problemas estructurales. Esto pasa por un sistema monetario sin estabilizadores automáticos, una regulación bancaria nacional en vez de Europea, y una serie de instituciones nacionales que hacen imposible un crecimiento económico mínimamente equilibrado o decente. Retrasar los ajustes y estímulo fiscal en Alemania o políticas de igualdad no arreglarán nada en este aspecto; el problema de la eurozona no son las desigualdades.

2. Nueva gobernanza económica europea:

Dejando de lado la extraña obsesión con una agencia de calificación pública (una pérdida de tiempo) tenemos bastantes ideas sensatas. También son una revolución en toda regla del sistema institucional europeo, y algo totalmente inaplicable con Merkel de Canciller, pero ese es otro tema.

3. Nueva fiscalidad para reducir desigualdades:

Subir impuestos a los ricos, eliminar deducciones y agujeros fiscales. Lo primero me parece loable en teoría y deseable en la práctica, pero tiene un efecto relativamente limitado en la reducción de desigualdades. Lo repito a menudo: el estado de bienestar redistribuye muy poco recaudando impuestos, ya que ni hay tantos ricos ni es tan fácil sacarles dinero, pero redistribuye muchísimo vía gasto público. Un partido de izquierdas tiene que preocuparse mucho más de gastar bien que de recaudar mucho.

Dejando de lado este detalle, la simplificación del sistema fiscal haría mucho más para aumentar la progresividad del sistema que el subir impuestos sin más. Y de paso tendría un efecto positivo sobre el crecimiento.

4. Modelo productivo sostenible:

Menciona política industrial, crédito oficial, favorecer a las pymes y sostenibilidad. Tres lugares comunes que o no quieren decir nada o son contraproducentes. Al menos defiende una política de competencia sólida. Es algo.

5. Estado de bienestar fuerte:

En un partido de izquierdas pedir esto es como decir que beber agua es necesario, así que otro lugar común. Lo de poner un gasto mínimo por ley debe ser el equivalente de izquierdas a la ley de estabilidad presupuestaria, pero en versión tonta. Limitar el déficit estructural tiene sentido porque es peligroso que un gobierno ahora deje deudas impagables a un gobierno futuro. Si los votantes de un gobierno actual quieren gastar menos, sin embargo, no están haciendo daño a nadie más que a sí mismos.

6. Sistema financiero al servicio de la economía productiva:

Por aquí siempre he dicho que yo quiero que el sistema financiero en general y los bancos en particular sean instituciones fuertemente reguladas e increíblemente aburridas. Hasta aquí bien. Los bancos españoles no estaban demasiado lejos de este modelo, pero las cajas públicas ya se ocuparon de tener tendencias suicidas. Cosa que no mencionan, para variar, y piden algo parecido a banca pública o crédito oficial. Otra vez.

Regular los bancos a nivel europeo, por cierto, es imprescindible. Otra cosa es que el Consejo de la UE lo apruebe.

7. Reforma energética basada en la innovación:

Otro cúmulo de lugares comunes, con la vieja manía antinuclear y ganas de planificar qué sector económico nos hará ricos. Ni una palabra sobre la solemne, gigantesca pifia que han sido las renovables en España, o el disparatado mercado eléctrico español. En este apartado cualquier cosa que no sea impuesto sobre emisiones y salir de enmedio es una bobada, especialmente viniendo de un partido de izquierdas.

8. Mercado de trabajo:

Tras tres años de fracaso continuo y lamentable del diálogo social, piden… bueno, más de lo mismo. Este semana hemos visto acuerdos en este aspecto, pero sólo porque el gobierno del PP ha avisado por activa y por pasiva que si no había pacto legislaban ellos y punto. Incluso así no hemos visto reforma laboral.

El resto de la sección es aún peor, sin embargo. No a la reforma laboral, negociación colectiva sectorial, y la enorme estupidez que con esta legislación el paro ha llegado a estar al 9%, tasa que en cualquier país del mundo es una catástrofe pero aquí se menciona como un gran éxito. Y por descontado, el kafkiano sistema actual y sus 40 modelos de contrato no tiene nada que ver con el crecimiento económico.

En condiciones normales, esta sección me bastaría para votar a otro candidato automáticamente. El problema es que Rubalcaba ni mencionaba esto en su programa. No sé qué es peor.

9. Formación contínua:

Una sección llena de ideas autoevidentes, pero ninguna demasiado espantosa. Señalan con acierto que la educación preescolar es clave; cosa que está bien. No mencionan la dinamita al hablar de universidades públicas, cosa que decepciona un poco.

10. Derecho a vivienda:

Al menos habla de alquileres. El resto es echar la culpa a los bancos y crear formas para pedir clemencia.

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Resumiendo: de los diez puntos, tenemos un montón de obviedades, unas cuantas listas de la compra de la izquierda clásica, un diagnóstico aceptable de la crisis de la eurozona y dos o tres ideas horribles típicas de la izquierda verdadera que no sé qué hacen en un programa electoral a estas alturas. También tenemos un par de ideas decentes (reforma fiscal e instituciones europeas) y unas cuantas cosas bastante inofensivas pero aceptables, pero nada que me haga pensar que detrás de este programa hay alguien especialmente interesado en modernizar el programa político del PSOE.

La verdad, es bastante decepcionante; me esperaba más de Chacón y su equipo. Lo mejor que se puede decir de este documento es que es al menos una lista concreta de ideas mediocres, cosa que supera la lista dispersa de ideas vacias que presentó Rubalcaba. Pero esto no es decir gran cosa.