breves & mercado de trabajo & sindicatos

Hecho curioso del día: la distribución de la renta en una economía de mercado

23 Sep, 2011 -

El otro día me ponía un lector un comentario dónde me pedía que explicara la distribución de la renta entre trabajadores y capitalistas.  La distribución de la renta es probablemente uno de los temas políticamente más sensibles. El otro día mencionaba este aspecto en un post refiriéndome al impacto que pueden tener los sindicatos sobre la distribución de la renta. Hoy quería ilustrarlo con un gráfico.

El gráfico de arriba muestra la evolución entre 2000 y 2008 (el intervale del que he encontrado datos más o menos rápido) de la distribución primaria de la renta según los datos del INE. La distribución Primaria de la renta es la que ocurre a través del mercado, es decir, antes de que haya habido ningún impuesto ni transferencia, entre salarios, excedente bruto de explotación (que aproxima las rentas del capital más las rentas mixtas que son, aproximadamente, las de los autónomos) y las rentas de la propiedad. Esto significa que no es una medida directa de la desigualdad que tenemos en nuestra sociedad: en primer lugar, porque habría que computar la redistribución de la renta que se produce a través del Estado y, en segundo lugar, porque la desigualdad que, en principio, nos interesa es la que ocurre entre individuos, no entre “el capital” “el trabajo” y la “propiedad” como entes abstractos.  

El gráfico es, como véis, relativamente plano y, de hecho, podéis ver que el efecto de la crisis, al menos para principios del 2008 es relativamente pequeño (“curiosamente” hace que la porción de las rentas del trabajo aumente ligeramente y la del capital caiga). Sobre todo, refleja un hecho estilizado para el conjunto de las economías de mercado que ha sido cierto durante los últimos, digamos, 100 años.

Este hecho es que, la distribución primaria de la renta entre capital y trabajo ha sido, históricamente durante todo el siglo y para todas las economías de nuestro entorno, de alrededor de 60-70% para el trabajo y 30-40% para el capital. Esto ha sido así durante un intervalo muy largo de tiempo y se ha mantenido estable. Esto es importante porque durante todo el siglo veinte este hecho se mantiene estable entre distintos sistemas sociales, distintos países y distintas circunstancias; es un hecho estilizado bastante robusto. Da igual que tengamos impuestos altos o bajos, sindicatos fuertes o débiles, etc… el mercado termina, a largo plazo, repartiendo la misma proporción del PIB a cada factor de producción. Esto es así debido a la sustituabilidad que existe entre factores de producción: si modificamos los precios de uno de los factores, la tecnología de producción funciona de tal forma que las empresas adaptan las proporciones de trabajo y capital que usan, de modo que cuando el capital se vuelve
relativamente más barato frente al trabajo, las empresas reaccionan usando más.

Una conclusión tentativa que se puede sacar de esto es que los intentos de afectar a la distribución primaria de la renta desde mecanismos institucionales tienen pocas probabilidades de éxito, o, al menos unas probabilidades limitadas, al menos mientras queramos mantener una economía de mercado donde las decisiones de producción sean tomadas por personas cuyos incentivos estén alineados con la idea de producir los bienes con la combinación óptima de recursos.