El último fetiche del debate político español es la figura del emprendedor, la última evolución de esa idea que en España lo que nos falta es gente capaz de crear “el nuevo Google / Apple / Amazon / ACME Corporation”. Lo que necesitamos, dice esa teoría, es que en nuestro país florezcan cientos, miles de pequeñas empresas llenas de innovación y empoderamiento, y de ellas emerja algún genio nacido en un pesebre garaje que nos libere a todos del atraso y la falta de glamour.

Aunque esto de innovar es importante (aunque, como de costumbre, la definición en vigor es horriblemente idiota), la obsesión por crear Pymes es una cosa que lleva tiempo sonándome mal. Hoy, por casualidad, encontraba por qué. Según datos de este informe de la OCDE, porcentaje de trabajadores en empresas de menos de cincuenta empleados, por país:

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¿Véis dónde está España, y la compañia que tenemos?  Estamos ahí arriba, con los mejores; Grecia, Italia y Portugal. Ahora dejadme recordaros una gráfica distinta, la productividad por trabajador según el tamaño de empresa, que ya recogí en este artículo:

Esto es, nivel de productividad por trabajador según el tamaño de la empresa. En España tenemos unas Pymes que son realmente muy poco competitivas, por una serie de detalles que recogía en el artículo en cuestión, y varias empresas grandes que son muy eficientes, pero desgraciadamente no tenemos demasiadas (solo un 22% de trabajadores están en empresas de más de 250 trabajadores).

Esto debería dar una pista importante sobre los problemas del tejido empresarial español y nuestro modelo productivo: tenemos demasiadas empresas pequeñas, probablemente porque el marco institucional español pone las cosas muy difíciles a las que quieren crecer. Todo, desde el mercado laboral hasta la negociación colectiva, pasando por la miriada de leyes idiotas que hacen que incluso abrir una empresa sea una odisea. Para una empresa grande, todo esto son costes que ya tienen asumidos (y pagados) desde hace tiempo, pero para una Pyme normal, son obstáculos al crecimiento casi insalvables.

Más que pasarse la vida perdiendo la cabeza ante el brillo inagotable de los emprendedores, el próximo gobierno no haría nada mal en aprobar reformas que faciliten el crecimiento de empresas ya existentes. Es difícilmente comprensible, sin ir más lejos, que un país tan turístico como España tenga tan pocas cadenas hoteleras o de restaurantes de consideración, o que el sector de ocio esté tan fragmentado. Las economías de escala existen, son reales. En esta casa trabajamos muy duro para evitarlas.