Economía

Observatorio del apocalipsis (XII): ópera bufa

27 jul, 2011 - - @egocrata

Supongo que ya todo el mundo debe estar un poco harto de que sólo hable sobre del (potencial) desastre del techo de la deuda. Creedme, no sois los únicos. El pequeño problema, sin embargo, es que es algo realmente muy importante, y que por una vez y sin que sirva de precedente parece que tenemos una salida clara. Estrecha, angosta, rebuscada y puede que la puerta esté demasiado lejos y la cosa se derrumbe antes de llegar fuera, pero parece que hay un posible plan.

Agarraos, porque es complicado. Por partes.

1. Qué tenemos ahora:

Dos planes.

a. Harry Reid, líder de la mayoría demócrata en el Senado, quiere reducir 2,7 billones de gasto en diez años y sube el techo de deuda hasta el 2013, incluyendo una comisión que puede proponer recortes adicionales.

b. John Boehner y los republicanos en el Congreso tienen un plan en dos pasos: primero, un recorte de más o menos un billón, según él, con una extensión del techo de la deuda de seis meses. Al final de esos meses, una comisión mixta propondría una reforma adicional con 1,7 billones extra de recortes, y el Congreso además debería votar sobre una enmienda constitucional de presupuesto equilibrado.

2. Situación en ambas cámaras:

Los demócratas, por una vez y sin que sirva de precedente, se han rendido patéticamente pero al menos están de acuerdo en algo. Todos sus senadores, presidente y la minoría en la Cámara de Representantes apoyan el plan de Reid, que a pesar de ser una lamentable capitulación sobre todo lo que pedían hace unos meses (y eso que controlan dos de las tres ramas del gobierno en votación) al menos saca la pesadilla del techo de la deuda de la agenda hasta después de las elecciones.

El problema esta vez son los republicanos. En contra de lo que decía hace unos días (lo hacen para hacerme quedar mal), el habitualmente disciplinado partido conservador ha escogido precisamente ahora para liarse a tortas entre ellos. Rush Limbaugh (el Federico Jiménez Losantos local, por así decirlo), ha dicho que la propuesta de los líderes de la cámara baja es cosa de blandengues. Mark Levin ha llamado a Boehner poco menos que traidor a la causa. El Club for Growth, la Heritage Foundation y varias coaliciones de tea partiers han criticado duramente la legislación.

Si a a eso añadimos que el plan de Boehner ha resultado recortar menos de lo previsto incialmente (la CBO ha hablado), no es de extrañar un grupo de representantes (tea partiers y talibanes del patrón oro) ha dicho que no quiere aceptar ningún pacto, por mucho que les favorezca, y se ha plantado.   El plan republicano, con recortes no precisamente moderados y una enmienda constitucional absolutamente enloquecida para equilibrar el presupuesto, es cosa de blandengues, así que no van a votarlo. Es decir, John Boehner no tiene votos suficientes de su propio partido en la Cámara de Representantes para aprobar su propuesta.

Por descontado, Nancy Pelosi, la líder de los demócratas en la cámara baja, no va a mover un dedo para ayudar que apruebe nada con los votos de su partido, ya que ella quiere la propuesta de Reid. El resultado ha sido un apresurado cambio de opinión de Boehner y sus muchachos, retirando el plan, aplazando la votación hasta el jueves, y prometiendo uno más duro, más ambicioso y más salvaje, a ver si convence a esos palizas del ala derecha del partido. Y estos, ya por adelantado, ya ha dicho que nada de nada.

¿Os acordáis que el mundo se acaba el martes que viene? Quizás es un poco más tarde, pero esta gente ha escogido un momento estupendo para tener una guerra civil.

3. ¿Dónde está la salida de emergencia?

Ahora es cuando viene lo increíblemente rebuscado: la solución. Los demócratas confían (y el mundo entero con ellos – no saben a quién se están arrimando) que el plan de Boehner fracasará tarde o temprano. Es posible que naufrague en la Cámara de Representantes él solito, pero lo más probable, si los republicanos no tienen ganas de hacer el rídiculo, es que llegue al Senado y sea rechazado ahí de inmediato.

Reid y sus muchachos entonces harán algo muy sencillo: cogerán esa ley recién enviada desde la cámara baja, la vaciarán del todo, y pondrán vía enmienda el plan de los demócratas bajo ese mismo envoltorio. Esto lo hacen por motivos de procedimiento; pasar enmiendas a una propuesta “existente” es mucho más fácil y requiere plazos más cortos que crear una ley nueva que debe superar filibusterismos. Una vez acabado el reciclado, mandarán el recién creado Frankestein a la Cámara de Representantes, y entonces, y sólo entonces, los demócratas prestarán suficientes votos a Boehner para que pueda esquivar el bloqueo de sus alegres talibanes. Si la ley se aprueba, los tea partiers casi seguro procedarán a fusilar al pobre Speaker de inmediato. Telón.

¿Suena lógico, verdad? Hay un par de problemas. Los demócratas en el Senado no pueden hacer nada hasta que los republicanos en la Cámara de Representantes les envían algo, lo que sea. No hace falta ser un genio para ver que Boehner no lo va a tener fácil para hacer nada en ese sentido. En teoría (y digo en teoría) Harry Reid podría coger una ley cualquiera que esté por ahí tirada sin aprobar y hacerle el tratamiento descrito arriba, pero eso podría cabrear a senadores republicanos, y Reid los necesita. El segundo problema es que aunque la población de chalados nihilistas es menor en la cámara alta, un par de palizas especialmente entusiasta pueden retrasar la ley varios días (cinco o más). Recordad que Boehner no tendrá nada hasta el jueves, y sumar.

4. ¿Quién ha “ganado”?

Nadie. En todo caso, podemos decir quién ha perdido menos. El patético espectáculo de tener toda las clase política del país más poderoso de la tierra debatiendo cómo no activar la máquina del juicio final no ha dejado un buen sabor de boca a nadie, y todos los implicados se han llevado una galleta de impresión en las encuentas.

En este contexto, sin embargo, los que menos han perdido han sido los demócratas en el Congreso (por invisibles) y Obama. Los republicanos, cordialmente detestados hace unos meses (36% de aprobación en febrero) son ámpliamente odiados ahora (un patético 25%). Como comparación, Obama andaba en un 49% en febrero, y ha “caído” a un 44% ahora. Las encuestas son muy consistentes en este aspecto, con los votantes enviando a la mierda de forma entusiasta a todo lo que huela a político, pero haciéndolo con especial entusiasmo al hablar de los republicanos, que tienen la opinión pública en contra incluso en la necesidad de subir impuestos.

Tenemos, entonces, la madre de todas las paradojas: cualquier observador racional puede decir que los republicanos le han metido una santa paliza a los demócratas en estas negociaciones, consiguiendo prácticamente todo lo que querían, pero los votantes prefieren al Presidente y a los demócratas. No sólo eso: las bases del GOP están convencidas que van perdiendo, y siguen pidiendo más sangre.

La política americana es realmente surrealista a veces.

Resumiendo:

Los republicanos ganan en políticas concretas, pierden ante la opinión pública, y aún tienen tiempo de reventar todo el proceso provocando el apocalipsis. Mientras tanto, sólo un 16% de americanos dice que su principal preocupación es la deuda, comparado con un 31% que dice la economía y un 27% que dice el desempleo.

Es para echarse a llorar.




3 comentarios

  1. CumanTrapote dice:

    Odio comentarios que no aportan nada como este, pero bueno, qué se le va a hacer:

    No, no estamos hartos del tema. No dejes de comentar la política americana.

    La serie esta del apocalipsis es fantástica.

  2. Francisco dice:

    No creo que los republicanos estén perdiendo nada. Precisamente se les votó para subir eso, para que no se subieran los impuestos ni aumentara la deuda.

  3. [...] sin embargo, es bastante distinta; todos los actores en esta ópera bufa parecen entender que el escenario que describía ayer es la salida más probable a todo este jaleo, y ahora todo es cuestión no en ver qué sucede sino [...]

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