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Cambio climático: por qué hablar de energía no es suficiente

20 Jul, 2011 - - @egocrata

Cuando se habla de cambio climático y reducir emisiones, los debates casi siempre giran en torno a dos sectores de la economía: generación eléctrica y transporte. El primero es un debate de sobras conocido; debemos abandonar el carbón, usar energías más limpias como el gas natural, poner molinillos de viento y/o nucleares y rezar para que alguien descubra por pura potra cómo construir reactores de fusión nuclear. El segundo gira alrededor de cómo substituir el petróleo, llenar el mundo de trenes y mover más mercancías usando maravillosos ferrocarriles.

Esta clase de emisiones, sin embargo, son sólo parte del problema; los seres humanos tenemos un talento especial para generar emisiones en toda clase de actividades, incluso en cosas tan bucólicas y pastoriles como la producción de alimentos.

Para hacernos una idea de la magnitud del problema: un 18% de las emisiones globales generadoras de efecto invernadero proceden de la ganadería. Como señala Ezra Klein, uno puede reducir su gasto en CO2 haciéndose vegetariano que cambiando su todoterreno monstruoso por un Prius. Producir carne requiere utilizar mucha más energía que producir esas mismas proteínas sólo con plantas; es más eficiente cultivar grano y comer pan que usar esos cereales para engordar vacas. Y si queremos comer carne de cordero, ni te digo; nunca hubiera dicho que los cabrones fueran tan contaminantes.

¿Quiere esto decir que para salvar al mundo debemos empezar a comer todos alfalfa? Aunque ayudaría bastante, no. Como señala Kevin Drum, ver estas estadísticas indica no que es hora de hacernos vegetarianos, sino que la carne de cordero o ternera son probablemente demasiado baratas, ya que no incluyen su coste real en el precio. Dicho de forma gafosa, la producción y el consumo de carne genera una externalidad negativa tremenda en forma de emisiones que pueden destruir el planeta tal como lo conocemos, y lo que deberíamos hacer es poner un impuesto sobre emisiones que reflejen este hecho.

El resultado es que en vez de tener a ministros del ramo perdiendo el tiempo diciendo que comer lechuga es sano, ecológico y maravilloso, con sólo los cuatro gafapastas comprometidos haciéndoles caso, lo que veríamos sería una subida bestial del precio del queso, cordero y vacuno en general, mientras que el resto de alimentos permanecerían más o menos estables. En vez de ir por el mundo rogando y suplicando a la gente que se porte de forma responsable, hacemos que ser responsable salga mucho más barato. Si la gasolina es cara, los coches pequeños son más atractivos. Queremos hacer lo mismo con alimentos.

En un mundo normal con políticos racionales, el sistema fiscal seguramente se basaría en penalizar cosas que no queremos, como las emisiones de carbono, y gravar lo menos posible cosas que buscamos generar más, como el trabajo. Bajar el impuesto de la renta a cambio de crear un impuesto sobre emisiones es una buena idea, ciertamente. Y si queremos mantener la progresividad del sistema fiscal (un impuesto sobre emisiones sería regresivo), podemos crear un crédito fiscal (un impuesto negativo sobre la renta) para rentas bajas, aunque la mayor parte de la redistribución se hace vía gasto de todos modos.

Eso aparte tendría el estupendo efecto colateral de hacer las energías renovables mucho más atractivas, por cierto, atrayendo inversiones y contribuyendo a la aparición de economías de escala, mejoras de eficiencia y demás, por descontado. Y sí, haría los trenes, que son absurdamente eficientes en uso energético, muchísimo más competitivos.

Que a estas alturas nadie (aparte de Australia) se haya planteado seriamente cambiar el sistema fiscal en esta dirección es un poco incomprensible, realmente. Políticamente es un paso complicado, pero no es ni de lejos nada suicida. Y si la presión fiscal agregada de la economía se mantiene estable (algo en absoluto complicado) no tendría efectos directos en la competitividad del país. Si el precio del petróleo sigue subiendo, de hecho (y seguirá haciéndolo),  trabajar en reducir emisiones contribuirá a aumentarla.

Si Zapatero hubiera querido, esta podía haber sido una de esas reformas estructurales que pedía hace una temporada.

Y sí, sé que un impuesto sobre emisiones puede ser relativamente complicado de recaudar, pero ese es otro tema.