Economía

Votar con el bolsillo

23 May, 2011 -

Cuando empezó la crisis, que yo esperaba más o menos como ha salido (hacia 2006, España era un país volcado en dos clases de inversión: grúas y molinillos), me preguntaba si la gente toleraría cuatro millones de parados sin provocar un vuelco electoral.

Y para mi inmensa alegría, la respuesta ha sido un NO rotundo.  La sociedad española, indiferente e ignorante tanto política como económicamente,  entregada a toda clase de lugares comunes sobre los “derechos sociales” y dividida amargamente por unas líneas imaginarias derivadas de la Guerra Civil, sin embargo ha demostrado una asombrosa madurez política, que se ha resumido en castigar ferozmente al Gobierno por el paro.  Uno podría fantasear con una opinión pública capaz de anticipar el impacto de algunas políticas cortoplacistas, pero me doy por satisfecho con una respuesta meramente conductista al sufrimiento percibido. 

Voy a resumir claramente el nuevo escenario, para que cualquier político, por tonto y miserable que sea, lo entienda: ningún Gobierno español será re-elegido con un stock de más de tres millones de desempleados. Nadie tiene tiempo, y casi nadie tiene ganas para entender nada, ni para analizar nada, ni para participar en nada. Pero los votantes son zombies estadísticos que por encima de un desempleo de tres millones votan por la oposición.

Desde luego, esos mismos votantes responderán (si se comete el error de preguntar) que desean más derechos sociales, más ayuda al exterior, que apoyan a los sindicatos, que quieren una subida del salario mínimo, menos precariedad, y más empleo público. Se manifestarán por los saharauis, por la marihuana, y por las ballenas. Gritarán que quieren sanidad y educación gratuitas y trabajos para los licenciados en filosofía y filología, se declararán de izquierdas, y en general parecerán idiotas desinformados pidiendo ser engañados. Y probablemente, en términos políticos lo son, ya que dedican su inteligencia y su interés a sus actividades profesionales, el ocio o la seducción: es decir, a la vida.

Pero al final, aunque parecen tontos, por encima de tres millones de parados, votarán por la oposición. Si les duele a ellos, te duele a ti. Así que con el matrimonio gay, el cheque bebe, la desgravación de 400 euros, la memoria histórica, el aborto, la prohibición del aborto, ETA en las instituciones, o fuera de ellas, placas solares o centrales nucleares, el Estatut o la sentencia del Estatut, como diría San Pablo, si no hay empleo de nada te sirve.

Y no te sirve de nada dar migajas, porque los mercados no te van a regalar el dinero, y la economía sumergida limita lo que se puede recaudar. Así que necesitas PIB, y empleo. No basta redistribuir la miseria: hay que crear empleos reales y riqueza real.

Eso quiere decir que el objetivo político más importante para cualquier partido con voluntad de permanencia en el poder es evitar los ciclos económicos y mantener la economía en una senda de crecimiento sostenible, con bajo desempleo.  Si un partido fracasa en eso, los electores le abandonan. Y todos los amigos, banqueros o perro-flautas, no sirven para nada.

Ahora, el PP está a punto de tomar el poder, y ha llegado hasta aquí a base de competir en demagogia y desvergüenza con el PSOE. A base de hacer promesas inconsistentes con la Contabilidad Nacional (ya no hablemos de la Economía) y de culpar al PSOE de no ser bastante socialista. Es decir, a base de tomar a la gente por idiota. De momento a mí me vale.

Sin embargo, si gobierna como ha prometido acabará su legislatura por encima de cuatro millones de parados y perderá (merecidamente). Por otro lado, si se atreve a hacer lo contrario de lo prometido (copago en sanidad y educación, contención del gasto público, congelación de la oferta de empleo público y contención salarial, ya sea con convenios a la baja o mejor con reforma laboral), tendrá manifestaciones, huelgas, y hostias en las calles, y los medios de comunicación y los intelectuales de izquierdas les pondrán a parir.

Y sin embargo por debajo de tres millones de parados ganará las siguientes elecciones. Después, con el bolsillo lleno, la gente se irá olvidando de los malos tiempos y volverá a votar con el corazón. Pero para eso quedan más de ocho años.