Hispania. & Política

Perdiendo el tiempo: la reforma electoral

20 May, 2011 - - @egocrata

Siguiendo el debate todo el día de las asambleas por Puerta del Sol, parece que han llegado a la sesuda, brillante, enorme conclusión que el origen de los problemas de la democracia española es la ley electoral. Sí, ese pérfido sistema de representación proporcional, circunscripciones proviciales, fórmula D´Hondt y listas cerradas que se interpone entre los aguerridos votantes y las más altas cotas de democracia.

Cuando dije que era mejor que no hicieran propuestas concretas era por eso. Para que no pidieran tonterías.

Dicho en pocas palabras: al hablar de resultados económicos, políticos y sociales de un régimen democrático,  la ley electoral es básicamente completamente irrelevante. A nivel comparado no hay ningún efecto estadístico relevante. Cero. Nada. La calidad del régimen democrático, lo midas como lo midas, no tiene nada que ver con el sistema de votación.

Echemos un vistazo a un par de listas – empezaremos por el índice de corrupción de transparencia internacional. Los datos son relativamente  imperfectos, pero dan una idea decente sobre qué países tienen un gobierno relativamente competente y qué países son un puñetero desastre. Los cinco países menos corruptos del mundo son, en orden:

  1. 1.  Dinamarca, un sistema con D´Hondt, listas cerradas con voto parcialmente preferencial (los votantes pueden “mover hacia arriba” gente en las listas) y un ajuste de proporcionalidad (los partidos infrarrepresentados reciben diputados adicionales).
  2. 2. Nueva Zelanda, hasta 1996 first-past-the-post estilo británico (estrictamente mayoritario), después un sistema a la alemana con distritos uninominales y listas cerradas a nivel nacional.
  3. 3. Singapur no es una democracia – más bien una dictablanda, o régimen híbrido. Lo dejamos de lado.
  4. 4. Finlandia, listas abiertas. Los escaños se distribuyen según D´Hondt, pero los votantes pueden escoger el orden de los candidatos en la lista que escogen. Como curiosidad, Grecia tiene una ley electoral prácticamente idéntica. Sí, Grecia.
  5. 5. Suecia, parecido a Finlandia, listas abiertas. Hay bastantes distritos muy pequeños, sin embargo (dos escaños) que funcionan como mayoritarios. La barrera de entrada al parlamento nacional es bastante alta, un 4% del voto nacional o un 12% del distrito.
  6. 6. Canadá, first-past-the-post puro. Distritos uninominales, quien más votos saca gana. Simple.

Tenemos entonces dos listas abiertas, uno de listas semi-abiertas, un mayoritario estricto, un híbrido con listas cerradas. No está mal, pero hay de todo. El problema, sin embargo, es que cada uno de estos sistemas electorales es igualmente utilizado por otros países en otros lugares, y con resultados mucho peores. Italia (67) , Brasil (69) y  Grecia (78) usan listas abiertas. Francia (25) usa un sistema mayoritario a dos vueltas. El único sistema que parece (relativamente) consistente generando poca corrupción el el poco habitual mayoritario puro, aunque la posición de Estados Unidos (22) me parece bastante generosa. España, por cierto, está 30 en la lista, un número bastante triste, pero no hay demasiados motivos que señalen que la razón principal sea la ley electoral.

La segunda lista que miraremos será el índice de desarrollo humano, un estudio también con ciertos agujeros metodológicos pero relativamente aceptable. Mirando la clasificación ajustada por igualdad, tenemos en orden Noruega (que hace trampas con el Petróleo; listas abiertas), Australia (STV), Suecia (listas abiertas), Holanda (abiertas), Alemania (mixto, cerradas y first-past-the-post) y Suiza (abiertas). El séptimo país es Irlanda,  tiene una versión de listas abiertas (STV) que ha dado un resultado estelar manteniendo a los banqueros lejos del gobierno. Canadá es octavo (first-past-the-post), Islandia noveno (otro ejemplo de listas abiertas salvando a un país de los banqueros) y Dinamarca décimo.

Por si no os habéis dado cuenta, no hay un patrón demasiado claro, más allá de “sé un país nórdico/aléjate del Mediterráneo”. Una misma ley electoral está presente en países espectacularmente efectivos y en espantosas nulidades económicas. Aunque ciertamente la ley electoral española es un poco extraña (y, a efectos prácticos, funciona como un sistema mayoritario en la mayoría de provincias), el resultado más probable a copiar el sistema de votación holandés o sueco es que lo apliquemos tan bien como Italia, no como un país nórdico.

Más allá de las listas abiertas, la queja habitual estos días es el bipartidismo. No hay vida fuera del PP o del PSOE, se dice; una democracia con más partidos políticos sería más justa y más limpia. Basta mirar de nuevo a los países de nuestro entorno para darse cuenta que la relación entre igualdad, corrupción, crecimiento económico, etcétera y número efectivo de partidos políticos es básicamente inexistente.

La mayoría de países nórdicos son multipartidistas y con coaliciones bastante estables; Bélgica, sin embargo, tiene un modelo parecido y una capacidad de gobernarse a si misma bastante limitada. Italia era también un caso crónico de multipartidismo disfuncional hasta hace poco; unas cuantas reformas electorales después, sigue igual de disfuncional, sólo con un sistema de partidos mucho más restringido. El sistema de partidos alemán o canadiense son bastante parecidos al español, con dos partidos dominantes y una serie de enanitos que entran y salen de gobiernos. Nueva Zelanda, Estados Unidos y Australia son esencialmente bipartidistas, y a Reino Unido se le pasará el multipartidismo de golpe gracias a Nick Clegg. Irlanda era bipartidista (más concretamente, uno grande y un montón de enanitos) hasta este año, por cierto. Es fácil darse cuenta que uno puede saltar por los aires usando cualquier sistema de partidos que le apetezca.

¿Por qué sucede esto? Básicamente porque en una democracia no escogemos a nuestros líderes en las urnas – lo que hacemos es escoger qué grupo de líderes preferimos, dentro de la lista de gente que nos presenta cada partido político. Incluso en un sistema de listas abiertas, el trabajo de selección de élites gobernantes realmente no se hace en las urnas, sino en los despachos, asambleas, congresos y demás de los partidos políticos. Es por eso que un país como Italia puede cambiar de sistema electoral catorce veces en dos décadas y seguir escogiendo inútiles con el mismo entusiasmo de siempre, y por eso un país como Nueva Zelanda sigue igual de bien gobernado antes y después de una reforma electoral.

El problema, en España, no es la ley electoral. El problema es la selección de líderes,  organización interna de los partidos políticos, y cómo escogen a sus élites. Pero de eso, hablamos en el siguiente artículo.

Nota al margen: la disciplina de voto en democracias parlamentarias, por cierto,es muy parecida en todas partes – las listas abiertas no la afectan especialmente. Los países donde hay más votantes insurrectos dentro de los grupos parlamentarios son Reino Unido e Italia, con sistemas políticos que no tienen nada que ver.