Miren Puerta del Sol. Miren cuánta gente hay en esta fotografía de Juan Luis Sánchez (Periodismo Humano). Esto no es, o no es ya, una movilización de activismo digital. Claro que emplea los canales online, pero es casi una mera casualidad (“están ahí, usémoslos”), no un hecho causal. Y, desde luego, esto no es #nolesvotes. Nolesvotes.com y todo lo que giró y gira en torno a ello surgió de lo que surgió, la Ley Sinde, aunque después se tomaron otras reivindicaciones. A muchos no nos gustaba el fondo de esta acción. Ni nos gusta. Pero esto es otra cosa, ha traspasado (porque sí, aún existen) y desbordado las fronteras de lo digital. Resulta innegable que una parte de #nolesvotes ha servido de caldo de cultivo para la situación actual, pero yo advierto pequeños gestos de separación del grano de la paja, por así decirlo. El aporte de un contenido específico y un discurso más formado (aunque aún confuso, siempre lo es en
movimientos-amalgama como este) es un buen ejemplo. Ciertos comentarios en Twitter y en Facebook son otro. Mientras para #nolesvotes el mensaje de cara a los partidos sonaba a “largaos”, aquí lo que yo oigo es “cambiad”. A todos, no solo a los mayoritarios. A lo que ellos llaman “la clase política”. A todos.

A lo que asistimos ahora me parece más bien una respuesta tardía pero firme a la falta de protesta de los jóvenes. Así que lo mejor que podemos hacer todos, incluidos aquellos que nos las damos de analistas escépticos, es prestar mucha atención. En Politikon, de hecho, tenemos a Roger Senserrich dedicado casi totalmente al tema.

Sí, es cierto que aquí hay mucho “emocionado de la revolución” que hace comparaciones absurdas, como nuestra situación con la ola de cambio en el mundo árabe. Ni aquí hay dictaduras, ni se está luchando contra un Estado opresor, ni se lucha por restaurar una democracia. Pero creo que la mayoría de los que están en la calle tienen más o menos claro por qué protestan y solo emplean este espíritu sesentayochista precisamente como eso, como una palanca para mantener los ánimos. Dejando de lado manifiestos y listas, creo que el resumen podría ser más o menos este:

1. Paro, paro y más paro.

2. Situación precaria de los jóvenes, en todos los sentidos, pero especialmente económico.

3. Inmovilismo y falta de talla política de los principales partidos, PP y PSOE.

4. Hartazgo de la corrupción y su aparente carta blanca en algunas zonas del país.

5. Constatación de que hace falta poner coto a la especulación financiera, por decirlo suavemente.

6. Necesidad de una “profundización” en la democracia. El cómo llevar a cabo este abstracto es otra cuestión.

Esos son los puntos fundamentales que yo identifico; los principios subyacentes, si se quiere, que no propuestas concretas. Pero no me cansaré de que su discurso es de izquierdas: hablan de igualdad, de justicia, e incluso de Estado de Bienestar. No les escucho pedir menos sector público, más bien al contrario. Tampoco “libertad” es un concepto clave en su argumentario. De hecho, la derecha ya da muestras de falta de simpatía por la situación. Esto, aunque por el momento aglutina a gente de todos los sectores bajo el paraguas de la indignación, viene por la izquierda. Y, como dice Roger, va a hacer daño al PSOE. Pero IU no está en condiciones de capitalizar este movimiento, por falta de discurso articulado, de presencia en medios y muy especialmente de liderazgo.

Esta es una situación bastante trágica para nuestra democracia. Porque el perfil sociodemográfico de quien protesta parece que es el siguiente: joven, urbano, con preparación universitaria o de formación profesional superior, interesado por “lo que pasa a su alrededor” (política, vamos), y más bien culto y viajado. Así pues, estaríamos asistiendo a un rechazo frontal de los partidos no solo por una buena parte de sus futuros votantes, sino también de sus líderes potenciales. Que, por cierto, también están emigrando en masa fuera de España.

¿Y a partir de aquí, qué pasa? ¿Cómo va a plasmarse en la toma de decisiones todo este movimiento? El PSOE, pese a los guiños que está haciendo a través de Tomás Gómez y Felipe González (y muchos militantes), lo tiene prácticamente imposible para obtener otra cosa que no sea rechazo, razonado o no. IU, como hemos dicho, no está en posición de capitalizar más que una parte relativamente pequeña de todo esto. No hay, o al menos yo no veo, más partidos de entre los existentes que puedan canalizar todo esto: UPyD no es percibido como un partido “social” ni especialmente afín a esta movilización, excepto en los puntos, importantes pero no suficientes, de corrupción y descalificación de los partidos mayoritarios. Tampoco hablamos de algo lo suficientemente articulado ni con objetivos encaminados a para crear su propio partido (aunque no es un escenario descartable para 2012, ojo). Entonces, ¿qué situación se plantea para influir realmente en la situación, dado que el ruido en medios no es suficiente? O, en otras palabras, ¿qué pasará el domingo? ¿Y después?

El lado realista me dice que el PP arrasará. Arrasaría con o sin esta situación, pero ahora arrasará un poquito más. También me dice que IU subirá un poquito más de lo que subiría si esta movilización no se hubiese producido. Pero creo que el dato auténticamente relevante es el de la participación. Electoral, y no electoral. Me explico. En el plano electoral, podría suceder que el 22 de mayo tuviésemos una participación masiva, por encima de lo esperado, y por encima de 2003 y 2007. Si en estudios posteriores se ve confirma que este incremento se debe a los jóvenes, el movimiento habrá sido todo un éxito. Si, por el contrario, la abstención se mantiene o aumenta, cabrá plantearse si esto es una solución para lo que realmente debería serlo, que es la desafección política.

Fuera de los comicios, lo que me gustaría constatar es que la gente, los jóvenes, incrementen exponencialmente a poder ser su grado de participación en la toma de decisiones. Me gustaría que el producto de todo esto fuese una superación del estúpido dilema del prisionero en el que se ha encerrado la juventud de nuestro país, que las asociaciones aflorasen y la militancia en partidos, en cualquier partido, se multiplicase. Que se abriesen millones de blogs, foros, webs que articulasen propuestas concretas, concurrentes o divergentes, y se intentasen mover por todo el espectro político. Activismo. Movilización. Acción colectiva. Cambio. Todo lo que no acabe así será, si no un fracaso, sí una decepción.

De momento, estamos en un comienzo. Deshilvanado, incomprensible, caótico, mezclado y sin dirección, pero un comienzo al fin. A partir del lunes, veremos.