Hispania. & Política

De manifestaciones y dudas

16 May, 2011 - - @egocrata

Las manifestaciones de ayer me han dejado con el corazón dividido. Vaya por delante, creo que fueron un éxito considerable; si bien los números no fueron apoteósicos, sacar unas 15.000 personas en Madrid sin apenas infraestructura organizativa previa tiene su mérito. Hay que aplaudirlo, sin duda, aunque los organizadores harían bien de escuchar a César y contener la euforia.

La movilización es especialmente relevante porque es algo que hacía tiempo que necesitábamos en España. Para los que no se acuerden, el año pasado me exclama, un tanto exasperado, que era realmente increíble que con un 20% de paro y una clase política en estado catatónico no hubiéramos visto ni una sola protesta decente, más allá de los sindicatos ejerciendo de reaccionarios de izquierda. Ver como finalmente alguien ha salido del agujero y ha empezado a moverse es realmente algo que me alegra mucho (*). Esto es participar en serio, haciendo ruído y pidiendo explicaciones; si se siguen con las movilizaciones (no necesariamente manifestaciones – espero que sean creativos) estas acciones son infinitamente más efectivas que la perroflautada de #nolesvotes, ymucho más necesarias.

El problema, como todo, es el contenido. La “democracia real ya”, como reivindicación, es bastante mejor que #nolesvotes, pero tampoco es para tirar cohetes. Y cuando leo la listas de propuestas que acompañaban a la manifestación es cuando me vuelven a doler todos los huesos. Por Ruína Imponente (¡pronto en Politikon, por cierto!) le daban un repaso decente al manifiesto, y si yo me pusiera, creo que mi postura sería bastante más negativa. Las propuestas de regeneración democrática incluyen un montón de medidas entre irrelevantes y contraproducentes (si reduces los salarios de los políticos, sólo la gente con pasta querrá dedicarse a la política, sin ir más lejos), sin ir más lejos; las secciones de vivienda y servicios públicos cuestan un montón de dinero que uno no puede cubrir ni de broma con las medidas fiscales propuestas; y las medidas contra los bancos son entre
ingénuas y horriblemente mal informadas. No sé cúantas veces tendré que repetir que  el problema de España no son los bancos y que ha sido la “banca social y pública” (las cajas de ahorros) las que han saltado por los aires, pero vamos, es lo que hay.

La cosa no se queda ahí, sin embargo. Las medidas para combatir el desempleo son, casi sin excepción, cosas que se han probado aquí o en otras partes y que no han funcionado. El “reparto del trabajo” es una idea zombie nacida de los socialistas franceses y sus dichosas 35 horas que no funcionó nunca. La edad de jubilación tiene un efecto cero en la tasa de desempleo. Subir los costes de despido y arreglar la contratación a base de caras, confusas e ineficientes bonificaciones es algo que llevamos haciendo desde hace treinta años, y no hace falta que recuerde a nadie lo bien que nos ha salido. Y sobre las reformas políticas, ya he comentado la poca gracia que me hacen los referéndums por principio, y la alergía que me produce tener una ley electoral que forzara gobiernos de coalición constantes.

El resultado es un tanto descorazonador. Por un lado tenemos algo que España necesita desesperadamente: algo que intente despertar a la clase política (especialmente al PSOE, IU y sindicatos) del patético letargo en el que andan sumidos. Por otro, la manifestación se presenta con una lista de la compra de medidas de la clase de izquierda reaccionaria que me pone de los nervios, pidiendo cosas que suenan bien en teoría pero que funcionan horriblemente mal en la práctica (**).

No soy gran amigo de hablar de grandes discursos, grandes tendencias y tectónica de ideas, pero es un tanto preocupante. No lo es en el sentido de “oh, cielos, que idiotas” (uno no va a pedir un tratado de macroeconomía en un manifiesto de esta clase), sino en el hecho que la izquierda “oficial” ha sido completamente incapaz de mover el discurso más allá de lo que decían en los años setenta. Vivimos en un mundo completamente distinto, la economía es totalmente diferente y hay un montón de cosas que se proponían entonces y nunca sobrevivieron el contacto con la realidad (léase: Mitterrand, François), pero la retórica que lanza la izquierda que protesta no ha variado un ápice. Esto es, en gran medida, porque los partidos de gobierno han sido completamente incapaces de justificar su existencia de forma mínimamente decente. El gran grito de guerra del PSOE estas municipales es decir que no son el PP, francamente. Así no vamos a ningún sitio.

Por supuesto, no es sólo cuestión de retórica. La lamentable exhibición de inoperancia de la izquierda en toda Europa estos años ha ido mucho más allá de no hablar bien. En España, de los pocos sitios donde el grado de incompetencia no fue suficiente como para perder elecciones (Mariano Rajoy les superaba en inutilidad retórica), el espectáculo de dudas, falta de liderazgo y cinco millones de parados han hecho que no haya donde mirar. Si el gran partido de la izquierda es incapaz de explicar quién le está soltando collejas, no habrá discursos nuevos que valgan. Seguiremos con las bobadas de siempre.  Y la verdad, es lo que el PSOE prometía no hace mucho, y no ha podido darlo. Si alguien cree que los votantes seguirán a alguien que vuelve a ofrecer lo mismo, vamos mal.

En fin. Resumiendo: gracias a Dios que protesta alguien. Es una lástima que no sepan qué pedir.

(*): Y no, no me estoy poniendo medallas; no he tenido nada que ver con toda esta movida. Vivo un poco demasiado lejos.

(**): Supongo que me está bien empleado, por no tratar de montar una plataforma de masas neoprogre. Aunque la verdad, no creo que llegáramos demasiado lejos. Por cierto, antes que nadie me acuse de neoliberalismo conservador: mis objectivos principales para un gobierno son uno, igualdad de oportunidades radical (del tipo que requiere mucho gasto público),  y dos,  red de protección social muy fuerte (con mucha redistribución).  Y trenes (que molan).  El gasto público me encanta, y la redistribución más. Mi queja es que la izquierda “verdadera” quiere hacer eso mismo, pero lo hace mal. Mis objetivos son los mismos, por eso.