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Subamos las tasas universitarias en España

27 Abr, 2011 - - @jorgegalindo

En España, la Universidad es demasiado barata para el perfil de ingresos de persona que llega a ella. La mayoría de estudiantes, y especialmente sus familias, podrían permitirse sin problemas pagar más por la matrícula. Y yo digo: cobrémosles más para tener más fondos públicos disponibles.

De repente, la Verdadera Izquierda se alzará y me gritará: “oh, no, malvado capitalista encubierto, cómo osas. Eso significaría un retroceso en el Estado de Bienestar y en los derechos conquistados”. Y los más astutos de entre ellos esperarán que responda con aquello de “no, lo que sería un retroceso es dejar que los servicios sociales conquistados se pierdan por la insostenibilidad de las cuentas públicas”. Así ellos podrían llevar la discusión a unos términos de absolutista versus relativista, idealista versus posibilista.

Pero esta vez se equivocarían. Porque mi respuesta sería (y es) que una Universidad barata es un impuesto regresivo. Muy regresivo. Subir el precio de las tasas es, de hecho, progresivo.

(Silencio indignado a mi izquierda).

La cosa es así: cualquier experto nos dirá que es en las primeras etapas de la enseñanza cuando se decide la mayor parte de las capacidades y habilidades de una persona. Invertir dinero, tiempo y otros recursos públicos en las primeras etapas de la formación es lo que puede garantizar que un hijo de campesino pobre llegue a Europarlamentario (la profesión de moda). Cuando llegan a los dieciocho años, sus capacidades y su red de pares está casi totalmente definida, y ya dará igual que la puerta de acceso a la Universidad sea grande y con luces de neón: su camino estará definido desde mucho antes.

En otras palabras: invertir en educación infantil, primaria y secundaria es una gran idea para aumentar la movilidad social y reducir las desigualdades. Pero claro, el dinero tiene que salir de algún lado. Tenemos dos opciones: incrementar el volumen total de gasto educativo, cosa que me parece estupenda, o repartirlo mejor, lo cual no me parece ideal cuando es bastante obvio que nuestro sistema educativo no anda sobrado de recursos, y si quitas de una parte para poner en otra, se te puede descuajaringar el invento. Así que, en definitiva, quiero gastar más en educación. Pero para eso necesitamos subir los impuestos.

¿Qué impuestos subimos? Como la educación es un bien con fortísimas externalidades positivas, podemos tirar un poco de impuestos directos que afectan a toda la población. Pero como también es un servicio del que se benefician muy especialmente quienes lo reciben, me parece justo ponerle un precio. Quiero además que ese precio desincentive a entrar en la universidad a toda aquella persona que no busque una formación efectivamente universitaria. En España, miles de jóvenes que en realidad quieren ser técnicos se meten en una carrera, o incluso en un master, cuando lo que realmente deberían hacer es un Ciclo Formativo, simplemente porque la Universidad es bastante barata y queda la promesa aparente de un mayor sueldo y prestigio al final del camino. Las empresas utilizan entonces la señalización de diplomados y licenciados como filtro. Subiendo las tasas universitarias podemos tener un efecto lateral interesante: el de más gente reconsiderando los Ciclos. Potenciar la Formación Técnica Profesional en España
requiere de otras muchas medidas, lo sé, pero esta es una más.

A estas alturas, oigo gritos a mi izquierda que me recuerdan que hemos subido el gasto en educación primaria para conseguir que salgan pequeños Krugmans y Newtons de los barrios marginales, solo para estamparles la puerta de la Facultad en las narices cuando creen que van a alcanzar su sueño de ascenso social, clavándoles delante una factura que nunca podrán asumir. Pues no. Y la respuesta es bien sencilla: un estupendo programa de becas. Pero de los de verdad, no el chiste que tenemos ahora. El sistema del Ministerio de Educación tiene más agujeros que un colador, y el de algunas Comunidades Autónomas es tan permisivo que una familia de un solo hijo con una renta anual de 50.000€ puede pasarse cinco años sin pagar ni un duro por la carrera del niño. Lo que yo quiero es que quien pueda pagar, pague. Y quien no pueda, no solo no pague, sino que además tenga la suficiente estabilidad como para moverse de su ciudad y estudiar fuera. Sí, lo habéis adivinado: también quiero menos universidades, más concentradas y
mejores, o bien el mismo número, pero más especializadas.

Tras toda esta exposición, lo que debería quedarnos es un sistema bastante progresivo, en el que quien más renta familiar tiene (es decir: aquel de papás acomodados) paga más para que quien no ha tenido la suerte de nacer en un hogar estable tenga las mismas oportunidades desde el minuto cero, y que al llegar a los dieciocho no se quede en la valla del parking del campus mientras ve cómo, por su flanco derecho, el hijo del arquitecto y la catedrática le adelanta pagando por la matrícula menos de lo que se gasta su familia en las letras del Porsche Cayenne.