Jorge San Miguel lleva un par de días trolleando explicando por Inteligencia Colectiva (¿leeís ya IC? Todo Politikon escribe por ahí. Muchas cosas muy interesantes, en serio) algo que olvidamos a menudo: la humanidad está viviendo una auténtica edad dorada estos últimos veinte años, y parece que nadie realmente se ha dado cuenta.

Si no lo creéis, echad un vistazo a los datos siguientes. En 1989, un 41% de la población mundial vivía en condiciones de pobreza extrema (ingresos por debajo de $1,25 al día). El año pasado, este porcentaje rondaba el 15% de la población mundial. Si en vez de mirar porcentajes observamos cifras absolutas, los resultados son aún más espectaculares: en los últimos cinco años 500 millones de seres humanos han abandonado la pobreza más absoluta, y empiezan a ver los beneficios de esto que llamamos “civilización”.

País por país, hay algunos casos increíbles. En China el porcentaje de habitantes que viven por debajo del umbral de pobreza ha caído del 85% en 1981 al 15% el 2005 – y probablemente ha caído aún más en los últimos cinco años. India ha caído del 60 al 40%. Brasil del 17 al 8%, con una redistribución substancial de la renta y una caída notable del nivel de desigualdad.

Si excluímos estos tres países, por cierto, los datos siguen siendo sorprendentemente buenos. En los últimos cinco años la pobreza en la África subsahariana ha caído del 54 al 46%, un descenso considerable – y lo más notable, la continuación de una mejora sostenida en los últimos veinte años. En el sudeste asiático el porcentaje ha caído a la mitad, del 40 al 20%. America Latina (que tenía menos pobreza extrema que otras regiones) ha sacado diez millones de personas del hoyo en cinco años. Las cifras son realmente increíbles, nunca vistas en la historia de la humanidad. Como comentaba Jorge, hemos cumplido ya ahora el objetivo del milenio, que hablaba de reducir la pobreza extrema al 20% por el año 2015.

¿De dónde ha salido toda esta reducción de pobreza? La respuesta es muy, muy simple: crecimiento económico. Tras largas décadas de política económica incompetente, aislacionismo absurdo, disfuncionalidad política galopante y tozuda negación de la realidad, los dos países más poblados de la tierra decidieron dejarse de historias y enchufar su economía a la del resto de la humanidad. Siguiendo el modelo japonés después de la Segunda Guerra Mundial por un lado, y la enormidad de su mano de obra por otro, empezaron a aceptar inversión exterior, se lanzaron a fabricar y ofrecer servicios al resto del planeta, y dejaron que la inacabable demanda del mundo desarrollado hiciera el resto.  Otros, como Brasil o Indonesia, les siguieron con parecido entusiasmo, cada a uno a su modo. Otros, como (tristemente) parte del mundo árabe, decidieron que esto del capitalismo es una cochina conspiración del Gran Satán y se quedaron atrás.

El resultado ha sido espectacular – los últimos veinte años han generado más crecimiento económico para la especie humana que cualquier otro periodo de la historia… con la posible excepción de la última gran globalización, de 1870 a 1914, aunque en esos tiempos los europeos andábamos por el mundo colonizando sin demasiada educación. Es cierto que el crecimiento en no pocas regiones del mundo se deriva de la subida del precio de las materias primas, pero dinero es dinero. Y sí, es posible que toda esta riqueza y consumo energético adicional acaba por destruir el planeta a base de tostarlo. Lo que es innegable, sin embargo, es que para el resto del mundo estos últimos años ha sido realmente para tirar cohetes.

Esto es el resto del mundo. ¿Qué hemos visto en Europa y Estados Unidos? Básicamente, un poco de todo. Estados Unidos tuvo dos décadas decentes, pero el decenio 2000-2009 fue realmente espantoso (datos – ¡en Inteligencia Colectiva!). España ha sido una especie de putiferio surrelista en los años de la burbuja, precedidos por dos décadas prodigiosas. Alemania tuvo unos ochenta decentes, noventas mediocres y dosmiles realmente fantásticos. Francia tuvo unos malos ochenta, noventas mediocres y dosmiles bastante buenos. Dinamarca, Suiza y Holanda siempre han ido bien.

Podríamos seguir. Básicamente hemos tenido de todo, dependiendo en gran medida de condiciones políticas variadas, decisiones económicas de cada gobierno y cómo ha respondido cada país a la globalización. Y como decía hace unos meses, los gobiernos tienen mucha capacidad de decisión en este aspecto (aviso: artículo largo, pero me encanta. Y es mío), por mucho que pretendan que no tienen nada que decir. Es cierto que las fábricas chinas y la pura evolución tecnológica han hecho que cosas que antes hacíamos en Europa ahora hayan dejado de ser viables. También es cierto que el aumento de la productividad de las economías europeas han hecho que algunos trabajos que antes tenían sentido hayan desasparecido, ya que ya no aportan suficiente valor añadido.  Pero el crecimiento económico no ha
desaparecido, y la crisis actual no es el fin del capitalismo, el acabose del mundo occidental o nada parecido. De hecho, es exactamente lo contrario.

Dónde veremos el crecimiento económico en España, claro está, es otro tema. Pero de eso hablaremos otro día, con un poco de suerte. De momento, Nada es Gratis tiene una serie excelente de artículos sobre el tema – echadles un vistazo.