Algo particularmente enervante del seguimiento del tema de Egipto/Túnez, etc… es que se parece demasiado al futbol. El fútbol es un ámbito dónde lo que priman son los “colores”, es decir, la emotividad gratuita, el sentimiento de pertenencia, la tribu… Yo que soy del atleti, conozco esto de cerca: esa idea de que lo que cuenta para ganar el partido es jugar con pasión y coraje, ser de los nuestros, y no tener más presupuesto, un club mejor gestionado y mejores jugadores; y si perdemos, no tiene nada que ver con eso, sino con los árbitros que nos tratan mal o el mundo que está contra nosotros.
Así, tengo la sensación de vivir en un país de 40 millones de expertos en conflictos en el mundo árabe. Por un lado, hay gente que ve de forma automática en las revueltas el signo del islamismo con la reacción automática de apoyar a Mubarak -a veces tengo la sensación de que es una competición por ver quien la suelta más gorda y quien apoya al dictador más sanguinario. Lo comentaba el otro día con un amigo, que después de explicarme con bastante aplomo su narrativa del asunto, le pregunté de dónde sacaba su conocimiento sobre Egipto y me contestó que honestamente era una impresión. Por otro lado, hay todo un grupo de gente que ve en las revueltas el signo del flower power, de la aspiración universal de los pueblos a la democracia y los derechos humanos, del triunfo de la democracia, etc…
Naturalmente, lo anterior es una caricatura for the sake of argument. Por eso, para poder tener un debate razonablemente civilizado, creo que es interesante acotar el debate en cosas que todos reconocemos como más o menos razonables.
La idea de que todo país musulmán es estructuralmente incapaz de tener una democracia más o menos funcional es excesivamente determinista. Lo que no significa que el Islam sea “democracy friendly”; creo que todos estamos de acuerdo en que hay que mirar algo más de cerca otros factores y que probablemente el factor cultural juegue un papel más o menos importante, pero no es el único.
La idea de que existe algo así como las fuerzas del bien guiando a las masas ciudadanas súbitamente imbuidas de valores republicanos es una estupidez romántica heredada del mito de la toma de la Bastilla. Si algo caracteriza a la oposición a un régimen dictatorial es su diversidad. Pensad solo en la transición española. Mientras la oposición no tenga una estructura organizada -como solidarnosc en Polonia, por ejemplo- y de momento parece que no la tiene, no tiene mucho sentido atribuirle “intenciones” y “voluntad” al “pueblo”. Lo único que cohesiona a una oposición es el enemigo y es probable que no toda la oposición desea una democracia británica modélica.
Llegados a este punto y como da la impresión de que inevitable alegrarse o dejar de alegrarse por lo que ocurra, vamos a intentar escoger un ganador. Voy a ordenar tres posibles resultados, en cuyo orden de preferencia creo que todos estamos de acuerdo:
- 1) Los egipcios derrocan a Mubarak y Egipto se transforma en una democracia liberal /régimen mejor que el anterior (dejando el listón bajo; consideramos Rusia o Venezuela como democracias)
- 2) Mubarak (o los suyos) se quedan en el poder y Egipto sigue siendo una dictadura
- 3) Mubarak es derrotado, pero egipto sigue siendo una dictadura, una democracia islámica o se convierte en un estado fallido.
Asumo que 2) es mejor que 3) para computar los costes del cambio político, que un estado fallido siempre es peor que una dictadura y que una dictadura antioccidental siempre es peor que una dictadura prooccidental. Si pensáis en ello, hay dos fases a) Derrocamiento o no derrocamiento b) Transformación o no en democracia.
Ahora, os invito a que vosotros en vuestra casa os divirtais asignando valores y probabilidades. Si yo supiera algo más sobre egipto y su situación (como está repartido el poder entre las facciones de la oposición, cuantode organizada está la oposición, el papel potencial del ejército y sus preferencias etc…) podría hacer esto de una forma un poco más precisa, pero voy a hacerlo a ojímetro.
- >>Mi asignación de probabilidad a que, una vez derrocado Mubarak, Egipto pase a ser una democracia es, aproximadamente, de 25%. La de que se transforme en un régimen igual o peor que el anterior de un 75%
- >>El valor que otorgo a cada resultado, en una escala de 0 -1 es a) Democracia: 1 b) Status quo; 0,3 ) Estado fallido/democracia islámica: 0
- >>En la fase actual en la que estamos dónde lo que se está decidiendo es si echan o no a Mubarak ¿cuanto debería alegrarme? Pues calculamos mi utilidad esperada (suponiendo que soy neutral al riesgo):
Mis valores esperados son:
- >>Derrocamiento: 0 x 0,75 + 1 x 0,25 = 0,25
- >>Status quo: 0,3 x 1 = 0,3
Eso significa que en la actualidad y si me creo mis probabilidades (os juro que lo he hecho en el orden correecto, no las he montado para concluir lo que quería concluir) debería ser relativamente pesimista respecto a las revueltas.
El punto interesante de este ejercicio consiste en intentar ser coherente con lo que uno cree realmente en lugar de con sus prejuicios. Es decir, no se trata de pensar en esto como en un partido de futbol sino como el que hace una apuesta si uno tuviera que jugarse su dinero en esto ¿a qué apostaría? . Por ejemplo, incluso valorando el triple la democracia que el status quo, lo que considero una evaluación realista de las posibilidades de cambio a mejor (1/4) me lleva a ser relativamente contrario al proceso actual de cambio a la hora de elegir un lado. La ventaja es que, mientras que la evaluación de cada estado es un juicio de valor, la probabilidad de que un desarrollo u otro tenga éxito se puede estimar de forma más o menos objetiva.
Pero la principal lección de este post es el grado de incertidumbre que presenta la idea. Es decir, la poca discrepancia que hay entre los resultados esperados de que echen o no echen a Mubarak es muy pequeña (de 0,05). Mi argumento es que el grado de entusiasmo y de ilusión que estamos viendo a un lado o a otro no en consistente con ninguna evaluación razonable ni de las probabilidades ni de los resultados y responde más a una actitud infantil y supersticiosa de abordar los problemas. Suponed que evaluamos la probabilidad de que lleguemos a una democracia o no después del derrocamiento a un 50/50 (¡que ya es!); con mi asignación, solo habría una mejora de 0,2 (un 20%), lo que es modesto.



















Muy buen post. La gente está empezando a ser un poco cargante con este romanticismo revolucionario, la verdad.
Jelouses, Cives
En Egipto hay dos grandes sectores: población urbana y población rural. Dentro de la urbana hay dos grandes clases: los secularizados (minoría) y los no secularizados (mayoría). En la población rural no existen los secularizados.
No existen instituciones públicas ni privadas que hayan preparado eso que suele llamarse “el camino a la democracia”. Solo una escandalosa minoría dentro de la población urbana sabe más o menos en qué consiste una democracia, el contrapeso de los poderes y demás.
Mubarak solo es una pieza del régimen. El régimen es el Ejército, que curiosamente cuenta con la simpatía popular porque, como dicen que aconsejaba Franco, “nunca se mete en política”. Si tumban a Mubarak, el Ejército designará a su sucesor o tutelará a quien gane unas próximas supuestas elecciones libres. ¿Por qué? Porque el Ejército no es solo un montón de soldaditos y oficiales: tiene en sus manos la economía del país. Los oficiales de mayor rango, herederos directos de los coroneles de Nasir, terminan en los consejos de administración de las grandes empresas públicas, semipúblicas y privadas… además de en embajadas extranjeras tan apetitosas como Suiza, donde según las malas lenguas terminan parte de los fondos que se reciben de USAID.
Egipto es, desde el golpe de los coroneles de 1952, un país socialista. No lo es menos ahora, pese a los años que EEUU lleva dándoles ayuda económica. Es socialista en el sentido más pedestre: el Estado es el gran proveedor de todo, el que se ocupa de todo, el que paga a todos (incluso a los universitarios, como me gusta repetir). Salvo la elite, que ha estudiado en Europa y EEUU y maneja el tinglado en coalición con los militares, el resto del país no sabe qué es una economía libre en la que cada uno trata de prosperar lícitamente por sus propios medios. Y tampoco quiere averiguarlo. La mayoría quiere seguir con la mamandurria, solo que aligerando la presión policial y dos o tres detalles más.
No existe ninguna oposición organizada. Baradei, al que algunos quieren aupar con calzador a la categoría de líder político, volvió el año pasado después de décadas viviendo en Europa, fundó un partido con la intención de competir por la presidencia y al cabo de tres meses del partido no quedaban ni octavillas. El 80% del país ni le conoce de oídas. El grupo opositor mejor organizado es la Hermandad Musulmana, ilegal, que hace las veces de ayuda social en el medio rural y que reserva para las capitales su acción llamémosle política.
Vamos ahora con tu juego de posibilidades.
Si cayera Mubarak, el Ejército se apartara y se celebraran algo parecido a elecciones libres, serían ganadas claramente por los HM en primera o segunda instancia. Los secularizados que han iniciado estas protestas —pero que hace días que ya no las controlan— no son atractivos en el ámbito rural, donde vive casi el 60% de la población del país (prácticamente el mismo porcentaje que hace 70 años). ¿Qué significaría un gobierno de los HM? Fundamentalmente dos cosas: 1) no volvería a haber elecciones libres; 2) se rompería el tratado de paz con Israel. Hace tantísimos milenios como anteayer, un portavoz de los HM, Mohamed Ghannem, dado el fervor revolucionario de estos días, declaró en un medio iraní —Irán financia a los HM de Egipto— que el canal de Suez debería ser cerrado inmediatamente, que habría que cortar el suministro a Israel y que el pueblo tendría que prepararse para la guerra con este país. Nada distinto a lo que vienen diciendo en su propia página web los HM, por lo demás. De todos es sabido, por
ejemplo, que uno de los clérigos principales de los HM es Yusuf al Qaradawi, quien aplaude el terrorismo suicida siempre que tenga por objeto matar a judíos. En cuanto a su inclinación por la democracia en las actuales circunstancias, no estaría de más que se recordara que la rama jordana de los HM mandó en agosto del año pasado una carta de apoyo a Omar al Bashir, presidente de Sudán acusado de genocidio por la Corte Penal Internacional. Como vemos, les preocupa la supervivencia de las dictaduras. La situación, en suma, calcaría lo ocurrido en Argelia en los 90, cuando el triunfo de los islamistas fue respondido por un golpe militar.
Tu segunda posibilidad es la única con visos de realizarse, y así lo dije hace días para sorpresa de los hipnotizados por el flower power y de los subyugados por la narrativa liberacionista de los medios de comunicación, cuya irresponsabilidad en esta crisis no puede ser mayor y cuya ignorancia merece el cum laude. Uno se ha maliciado, al cabo, que tampoco somos tantos los que no queremos una cuarta guerra árabe contra Israel. Al parecer la mayoría la desea.
Tu tercera posibilidad no es distinta de la segunda en cuanto a que seguirá siendo una dictadura, y de hecho sería consecuencia de la primera en lo que tuviera de islámica.
“Lo comentaba el otro día con un amigo, que después de explicarme con bastante aplomo su narrativa del asunto, le pregunté de dónde sacaba su conocimiento sobre Egipto y me contestó que honestamente era una impresión”
Coño, pues como este post! Seguro que tu amigo se hizo las mismas cuentas (casi idénticas), le salio esto, y luego reconoce (honestamente) que es una impresión.
Mi sensación es te equivocas no tanto en las probabilidades, sino en los valores que otorgas a cada resultado. ¿De verdad el estado actual te parece algo casi intermedio entre una democracia y un estado fallido? Yo creo que el cociente debería ser muchísimo mayor a favor de la democracia. Por otro lado, ¿es mejor Mubarak que una república islámica? ¿por qué? El fallo más grande: ¿es el valor de un estado fallido (una guerra civil) igual al de una república islámica?
Yo haría algo así como:
P(democracia)=0.2
P(Mubarak sigue)=0.35
P(república islámica)=0.35
P(guerra civil)=0.1
c(democracia)=1
c(Mubarak sigue)=0
c(república islámica)=0
c(guerra civil)=-1
El valor aquí sería:
V(status quo)=0.35*0=0
V(Mubarak cae)=1*0.2+0.35*0-0.1*1=0.1
Con lo que sí interesaría que Mubarak cayera.
Salvo que el cálculo esté hecho desde el punto de vista de “lo que nos conviene a nosotros”. Con suficiente cinismo, aquí si podemos asignar el mismo valor a una guerra civil que a una república islámica. Pero en ese caso ¿de verdad es mejor una democracia que un dictador complaciente? Quizás hasta deberías asignar más valor a Mubarak que el que tendría una democracia contestona.
Sería algo así como:
P(democracia)=0.2
P(Mubarak sigue)=0.35
P(república islámica)=0.35
P(guerra civil)=0.1
c(democracia)=0.5
c(Mubarak sigue)=0.4
c(república islámica)=-0.5
c(guerra civil)=-0.4
El valor aquí sería:
V(status quo)=0.35*0.4=0.14
V(Mubarak cae)=0.2*0.5-0.35*0.5-0.1*0.4=-0.11
Aquí, claro, con bastante cinismo (y cortoplacismo, porque una democracia siempre será más positiva a la larga) no nos interesaría para nada que el dictador cayera.
Supongo que este es el cálculo que se hace, aunque sea inconscientemente, cuando se intenta mantener a estos dictadores amigos. Y lo único que hace es crear una olla a presión que al final nos puede reventar a todos en la cara.
“Hay todo un grupo de gente que ve en las revueltas el signo del flower power, de la aspiración universal de los pueblos a la democracia y los derechos humanos, del triunfo de la democracia, etc”
En general, hay un apoyo a que otros pueblos protesten contra quienes les matan de hambre, son tirando a tiranos y practican el amigachismo. Eso es buena cosa: a pesar de lo que pensamos a veces del derrotismo de los países del primer mundo, la gente sí cree en que otros países pueden tener una democracia más o menos liberal, similar a la nuestra (y que es lo deseable). Yo creo que es mejor que la alternativa…
Lo malo, creo, no es tanto que se tenga ilusión por el derrocamiento de un dictador extranjero. Lo preocupante es otra cosa que comentas: “tengo la sensación de vivir en un país de 40 millones de expertos en conflictos en el mundo árabe”. Las conversaciones al menos en mi oficina son surrealistas, con gente que no pasa de leer el 20 Minutos dando lecciones de sociología egipcia. Yo casi ni me atrevo a decir nada a familia o amigos sobre el tema…es que me da la sensación de no saber casi nada (bueno, es que es la verdad, no sé casi nada). Ese es el lío: la alegría con la que creemos saberlo todo leyendo un rato un periódico gratuito o viendo a Matías Prats diez minutos.
Porque una cosa es lo que nos gustaría y otra lo que puede ser. Pero hay una idea generalizada de que las cosas se aprenden en cinco minutos y ya se pueden dar lecciones. Eso sí es grave.
Dos cosas, con permiso
Da igual los números que uses, todo son hipotesis, donde no se incluye la variable de la irracionalidad ni del interés de terceros. Buen ejercicio estéril.
M
“Y lo único que hace es crear una olla a presión que al final nos puede reventar a todos en la cara.”
Pero el final será más tarde.
Peace for our time!
Ya lo han comentado más arriba. Por muy formal que sea la estimación, toda tu subjetividad la has metido en las probabilidades y los pesos… Bonitas matématicas pero con el mismo valor que la opinión de tu amigo. Si no encuentras una manera objetiva de medir esas variables, todo se reduce a formalizar una opinión. Igualito que la ecuación de Drake
Dejas una sensación de: ¡Que vienen los comunistas!
Sinceramente no comparto tu opinión, ni veo tantas posibilidades de que se convierta en una teocracia, más bien podría seguir el ejemplo del actual gobierno turco a largo plazo, ni creo que la alternativa dictadura amiga sea mejor que la teocracia, eso es amistad para hoy y enemistad para mañana (como nos mostró el ejemplo del Sha en Irán).
” todo se reduce a formalizar una opinión”
Espero que no te parezca poco…
Creo que menospreciáis el hecho de formalizar una opinión. Desde luego es un punto de partida bastante más útil que decir “Pues a mi me parece…”. Además se ve sujeta a variabilidad y posibles modificaciones… vamos que es un excelente punto de partida.
Por otro lado, una pequeña aportación: Creo que la posibilidad de que se convierta en un régimen islamista es menor de lo que podría parecer.
Si la oposición se hace con el poder se va a encontrar con los fondos de EE.UU, que pueden salir volando si la evolución de las cosas no gusta, y esos fondos son indispensable para el sostenimiento actual del Ejercito (O pueden intentar sacar fondos de otro lado, empeorar la situación económica de los egipcios aun más).
Ambas posibilidades no gustaran al nuevo Gobierno, y estará interesado en mantener buenas relaciones con EE.UU.
Ello impedirá, en mi opinión, que Egipto se convierta en un régimen islamista. Otra cosa bien diferente es que a la hora de la verdad EE.UU decida que vale más la pena una dictadura amiga que una democracia volátil.
PD: Y, como dicen por arriba, Erdogan tiene un par de cosas que decir en un escenario post-Mubarak. Tiene un alto prestigio en los países musulmanes y es islamista: Quizás pueda convencer a los Hermanos de que acepten las reglas de juego democrático.