Economía & Política

Viejas tradiciones francesas

18 Oct, 2010 - - @egocrata

Hay un viejo dicho que dice que los franceses son aficionado al sexo, la buena comida y las manifestaciones – aunque no necesariamente en este orden. Los sindicatos galos tienen una larga y orgullosa tradición de rebotarse a la más mímima oportunidad, convocando huelgas lo más irritantes y cargantes posibles, y estos días están aplicándose a ello con un celo encomiable.

Lo cierto es que Francia tiene un problema serio – y sí, la reforma de las pensiones es parte de la solución. Aunque los datos de natalidad del país no son malos (1.89, comparado con el 1.41 de España o 1.36 alemán),  la edad de jubilación (60 comparado con 65 y 67) es mucho más generosa, creando un problema fiscal a medio-largo plazo considerable. En comparación con España, sin embargo, el sector público francés es realmente gigantesco (un 53% del PIB), así que no tienen margen para subir impuestos. La pura arimética hace necesarias las reformas.

Más allá del dramatismo de las masas en grito y los bloqueos al capital, los franceses lo saben. Como señala el Economist, un 70% de los franceses cree que subir la edad de jubilación es una decisión necesaria y responsable. El apoyo a las huelgas es amplio (esto es Francia – les encantan) pero parece que el apoyo social, fuera de los sectores estratégicos (en empresas públicas) donde los sindicatos concentran sus esfuerzos es relativamente limitado.

Lo que realmente me parace extraño, sin embargo, es el extraño romanticismo de algunos por las gloriosas movilizaciones obreras. La reacción casi automática para la izquierda verdadera es dar la razón a cualquiera que lleve una pancarta, sin tomarse la molestia de entender si protestar tiene razón de ser o no. Decir que debemos protestar para “que no ganen los de siempre” es gobernar por pataleta, no desde la razón. Especialmente cuando la simple arimética señala que no tienes razón.

Esta crisis ha dejado claro que hay muchas cosas que han funcionado mal. También ha demostrado que el estado de bienestar, lejos de ser un capricho político, es un elemento muy útil (y potente) de cohesión social, y que puede ser gestionado bien a largo plazo. Los bancos, el sistema financiero en general, explotó en mil pedazos víctima de la terrible incompetencia, cortoplacismo e incapacidad de calcular riesgos de sus dirigentes. Estos días tenemos políticos pensando a largo plazo, calculando riesgos e intentando asegurar que el sistema de protección social es solvente en las próximas décadas, y parece que algunos reaccionan pidiendo que se comporten como banqueros.

Igualdad, sí. Pero siempre recordando que es necesario mantener el sector público solvente. La alternativa es acabar como Grecia.