Os voy a contar un secreto – por qué esta bitácora tiene una cantidad decente de tráfico. Aunque parezca mentira, no es porque un servidor sea un tipo brillante y talentoso que escribe mejor que nadie; las interwebs están llenas de sitios con gente que sabe más, escribe mejor, es más original, tiene más capacidad movilizadora o están llenos de auténticos sabios (aunque estos tienen más tráfico fijo). El principal motivo, el motor que explica que tenga más comentarios que mis vecinos, está ahí, a simple vista, a la derecha de este artículo. ¿Lo véis? Lo pone bien claro: “Octubre 2004”.

Básicamente, esta bitácora es (relativamente) antigua. No soy ni de lejos uno de los pioneros de la blogocosa hispánica, pero llevo bastante tiempo dando vueltas. Por puro desgaste, gente de mi quinta bitacoril lo ha ido dejando, y la gente que empieza después (inspirados, sin duda, por mi florida retórica) salen en desventaja, ya que yo tengo unos pocos lectores más que ellos, y encima los tontos me dan más enlazándome de vez en cuando. En una red los nodos que llevan activos durante más tiempo tienden a acumular más tráfico por pura inercia; aunque sea por aburrimiento, he ido ganando peso.

Internet, la blogosfera, no es una meritocracia estricta – la misma estructura de enlaces hace que el primero de entrar al ruedo tenga una ventaja considerable. Aunque es posible empezar desde cero y acabar en el New York Times (si eres excepcionalmente bueno y tienes tiempo libre para hacer montones de regresiones), las bitácoras “grandes” no tienen por qué ser las mejores. De hecho, es perfectamente posible que no lo sean – aunque su antigüedad las convierta en nodos más activos.

Viendo la (excelente) The Social Network es fácil comprobar esta clase de evolución en redes sociales. Facebook no fue la primera página que intentó hacer algo parecido (aún tengo mi cuenta de Friendster), pero sí fue la primera página que lo hizo bien. Lo más curioso, sin embargo, es que no era ni de broma la mejor de ese estilo. Como explica Chris Beam en Slate, en Columbia nació una red más potente y flexible (lo digo con conocimiento de causa – me dí de alta en ella antes que en Facebook), Campus Network, casi de forma simultánea, pero acabó siendo incapaz de competir con la criatura de Zuckerberg.

¿Por qué? casi, casi por puro azar. Campus Network se expandió un poco más lentamente que Facebook, en parte por timidez, en parte porque su fundador no tuvo el golpe de suerte de conocer a Sean Parker y conseguir contactos en la comunidad de inversores de Silicon Valley. Al hablar de redes sociales, cada miembro adicional añade valor al sistema completo, ya que la red es más útil como más gente pertenezca a ella. Facebook, aún siendo un poco peor, creció más rápido, siendo más atractiva a base de añadir más gente, más nodos. Del mismo modo que todo el mundo programa en Windows porque todo el mundo utiliza Windows, todo el mundo utiliza Facebook porque todo el mundo está en Facebook. Según el peso del nodo aumenta, su inercia se hace imparable.

Lo curioso en la historia de Facebook (y en muchas otras industrias)  es cómo esta clase de externalidades de red positivas también existen fuera de la red. Como comenta Ezra Klein, no es en absoluto inusual que más de una persona invente algo revolucionario al mismo tiempo en dos sitios completamente distintos; lo que si es sorprendente, sin embargo, es que muchas veces sólo uno de los inventores se haga millonario con ello.

Imaginad, por un momento, que pasado mañana un español y un japonés inventan un reactor nuclear de fusión fría. Los dos tienen una idea parecida, y necesitan para ponerlos en servicio una serie de fábricas de altísima tecnología semejantes, una cantidad de capital similar y una mano de obra equivalente. Si empiezan a la vez, ¿qué empresa llegará más lejos?

La respuesta es, probablemente, el inventor japonés. El país está lleno de bancos acostumbrados a financiar proyectos punteros, así que conseguir crédito será un poco más sencillo. Todo Japón está plagado de fábricas de precisión, así que conseguir la maquinaria y fabricar las herramientas para montar otra será un poco más rápido, y la primera generación de reactores será un poquito mejor, al utilizar componentes más avanzados. La mano de obra japonesa esta de media mucho mejor cualificada, y es más sencillo encontrar obreros acostumbrados a hacer trabajos complicados. Y por descontado, los ingenieros serán de media mejores, así que podrán refinar prototipos un poco más rápido. El tejido empresarial, la misma estructura de la economía hará que el mismo invento sea más fácil de convertir en negocio en un país que otro, por el mero hecho que hay redes establecidas mucho más potentes.

Cuando hablamos de inversión en I+D. desarrollo económico, innovación y esta clase de milagros, vale la pena recordar que el secreto realmente no es ser el tipo que tiene la gran idea. Las grandes ideas, de hecho, no son realmente demasiado importantes. Lo realmente difícil, y lo que distingue un gran éxito de un medio fracaso es todas las oportunidades, toda la infraestructura, todo el entramado institucional que se esconde detrás.

En España, demasiado a menudo, nos centramos en perseguir grandes quimeras en vez de concentrarnos en poner las cosas fáciles a los locos que quieren intentar algo – leyes sencillas, instituciones flexibles, universidades potentes, mano de obra cualificada y motivada. Crear un buen contexto, simple y llanamente.