Economía

¿A qué juega Alemania?

26 Abr, 2010 - - @egocrata

La actitud de los alemanes ante el rescate de Grecia es bastante incomprensible. Entiendo que los votantes de ese país no ven con buenos ojos ir por el mundo ayudando a países que se han metido en berenjenales fiscales, pero esta reticencia nos puede acabar saliendo carísima a todos. A estas alturas, un reestructuración de la deuda (eufemismo para decir “impago parcial / bancarrota”) empieza a parecer algo inevitable – toda esta incertidumbre corre el riesgo de convertir el problema en un desastre impredecible.

¿Será un desastre realmente? En eso, no estoy tan seguro. El contagio es algo que escuchamos muchísimo, pero no acabo de ver un mecanismo causal directo que produzca algo estilo Lehman. La deuda pública griega es considerable, pero no es la pesadilla de derivadas esparcidas por todo el sistema bancario cubiertas de un velo de ofuscación entusiasta. Básicamente, sabemos (en teoría) dónde está la deuda griega, y el mercado es bastante claro y transparente. Un petardazo griego no hace que Portugal tenga una peor situación fiscal – los portugueses no dependen de Grecia para pagar sus facturas.

Eso no quiere decir que los tipos de interés suban para todo el mundo, por descontado. Lo impensable, una bancarrota de un estado europeo, ha sucedido – los bonos del tesoro ya no son una inversión automáticamente indestructible. Aún así, es perfectamente posible ver los tipos que pagamos ahora mismo y entender que los mercados ya están contando este efecto al menos en parte, y que puede que no veamos un salto demasiado dramático en este aspecto.

Por descontado, esto es una posibilidad – no quiere decir que lo peor no vaya a suceder. No podemos estar tranquilos ni de broma, y más con las previsiones que nos están cascando estos días. Hace falta aprobar reformas – y el mercado laboral debe estar primero de la lista. Vale la pena leer, por cierto, las dos entradas de Florentino Felgueroso en Nada Es Gratis sobre el sistema austríaco – mucha mejor explicación que la mía, y que añade unas cuantas reservas a mi irracional entusiasmo.