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Internet y la (otra) política: oda al troll

24 Nov, 2009 - - @egocrata

Esta mañana, en un momento de enajenación mental transitoria, empezábamos en Twitter el #hpr09, una especie de narración colectiva de una especie de evento internauta ficticio. Un servidor, al fin y al cabo, vive demasiado lejos para ir de convenciones y premios que animan la vidilla de la blogosfera hispana, así que me tengo que montar mis fiestas en Twitter.

Dejando de lado el alegre onanismo bitacoril de todo esto, el contenido del #hpr09 no era estrictamente una broma. A menudo, cuando hablamos de política en internet, participación ciudadana y gobierno abierto muchos se quedan en lo positivo, en todas las maravillosas mejoras en el proceso democrático que la red puede ofrecer.  Hay muchas iniciativas interesantes, proyectos constructivos e ideas realmente buenas que mejoran la comunicación entre políticos y ciudadanos (nota al margen: tengo que hablar de SeeClickFix pronto; es genial), no hay duda.

El secreto peor guardado de la red, sin embargo, es que lo que realmente ha funcionado de miedo no tiene mucho que ver con todo esto. Lo que realmente ha funcionado bien al hablar de política en internet es la política más cafre, alegremente destructiva y básicamente negativa; emponzoñar el discurso, arrastrarlo por el barro y hacer que todo sea bastante más estúpido que antes.

Esto lo hemos visto en no pocos sitios y temas. El debate sobre la reforma de la sanidad americana (mañana os cae algo sobre ello) ha sido espectacularmente estúpido, en gran parte por el excepcional talento de la blogosfera conservadora por escupir basura a ritmos increíbles. La metodología ha sido variada, utilizando desde e-mails en cadena completamente fantasiosos a berreos en Facebook de la inanerrable Sarah Palin. La blogosfera ha sido incansable propagando artículos ridículos de trolles mediáticos profesionales como la impresentable Betsy
McCaughey
, utilizando redes sociales, Twitter y bitácoras para organizar protestas, y explotando YouTube y la estupidez compulsiva de los medios para atraer la atención de forma increíblemente efectiva.

La derecha americana realmente no inventó el método, por supuesto; las primeras campañas de ruido y furia orquestrada desde internet fue probablemente la (fallida) campaña presidencial del 2004 (MoveOn) y la (existosa) campaña contra la privatización del sistema público de pensiones el 2006. No me voy a meter en el fondo de los argumentos (la propuesta de Bush era absurda), pero el mensaje no se basó precisamente en una apelación racional al debate – más bien en meter miedo a los pensionistas tanto como fuera humanamente posible.

En España esta clase de ruido y furia no es precisamente una rareza. La campaña del 2004 (11M y derivados) fueron relativamente pre-internet, con los medios tradicionales aún llevando la iniciativa, pero la derecha ha sido rápida organizando una estructura de trolls adjuntos. Tenemos Libertad Digital, el Foro de la Familia, Hazte Oir y algunos sectores de Red Liberal dispuestos y entusiastas a meter ruido cuando hace falta, a veces en causas alocadas, a veces en temas más serios (SGAE).

Bloquear legislación en España es mucho más difícil que en Estados Unidos (afortunadamente), pero asustar a tu partido no es precisamente complicado. El Partido Popular es probablemente un partido distinto ahora de lo que sería en ausencia de Hazte Oir; su giro a la derecha en materia de aborto no es casual. Esperanza Aguirre es un personaje viable en gran medida por su potente altavoz mediático en internet. La reforma del estatuto catalán fue muchísimo más difícil (y peligrosa políticamente para el gobierno) gracias al constante redoblar de tambores en la red.

Más allá de mejorar la calidad de la democracia, internet es una herramienta excelente para dos cosas: movilizar a las bases, y provocar que el debate político se llene de auténticas burradas sin que los políticos profesionales tengan que mojarse demasiado. Ambas cosas no son excluyentes, y de hecho a menudo son simultáneas; los elementos más montañeses de los partidos caen a veces en fantasías alocadas (hola, Peones Negros).

Para los partidos, esta clase de política es una arma de doble filo. El principal riesgo es que el partido puede perder el control del debate; cuando los Peones Negros definen tu estrategia de oposición en temas de interior, algo has hecho muy, muy mal. Las ventajas, sin embargo, pueden ser importantes: puedes sacar gente a la calle facilísimo, mantener a tus militantes listos para hacer ruido, y asegurar que tus bases salgan en tromba a las urnas si las tienes contentas y les tiras un huesecito de vez en cuando. Más allá de eso, un partido avispado puede sacar un partido tremendo movilizando a sus apoyos en grupos que generan simpatias – en el caso de Estados Unidos, los viejecitos, en Francia el omnipotente granjero, y en Cataluña el sacrosanto botiguer (en el resto de España me temo que somos demasiado ácratas para tener un grupo preferido).

En la mayoría de los casos, esta clase de movilización es política cínica, negativa, agresiva y desagradable; la clase de crispación y ruido social que hace que la gente odie la política. Para bien o para mal, sin embargo, esta clase de movilizaciones son menos efectivas en España, básicamente por tres motivos muy sencillos.

Primero, gracias a la disciplina de partido, aprobar reformas y leyes es más sencillo; una campaña contra una medida concreta necesita forzar que todo un partido retroceda, no unos pocos legisladores asustados como sucede en Estados Unidos. Segundo, algo muy simple: hay menos dinero en política. Hazte Oir no es capaz de recaudar dinero para poner anuncios en televisión, así que la presión es menor. Organizar esta clase de saraos bien no es demasiado barato. Tercero, y más importante, la estructura de los medios de comunicación es muy distinta; la prensa americana y su “neutralidad” / vagancia hace que entrar en el debate sea mucho más sencillo.

El efecto real, al menos hasta ahora, es lo que insinuábamos arriba: los militantes ultramovilizados (y más preocupados por su pequeño tema que en ganar elecciones) pueden mover un partido a la derecha de forma considerable, o crear notorios conflictos internos. Lo hemos visto en los partidos nacionalistas en los últimos años, y lo hemos visto en el PP. Es difícil decir el peso real de internet en esto; al fin y al cabo, los medios en España, al ser partidistas, tienden a crear esta clase de dinámicas.

Así que en el próximo evento de política 2.0, democracia electrónica o gobierno del futuro, recordad el mensaje de #hpr09 – Hijofrutas en la Red 2009: en internet, la ética de aplicar mierda en un ventilador es, hasta ahora, la actividad dominante… y la más efectiva. La red tiene un potencial enorme para hacer que la política mejore y los gobiernos aprendan. Creo que decían lo mismo cuando inventaron la radio.

Si queréis más sobre esto, sólo tenéis que pedir. Tenga una cierta fascinación insana con la política marrullera y de calidad ínfima. Es como ver una colisión múltiple en la autopista.