Por mucho que diga que la crisis financiera de estos días y la burbuja inmobiliaria sólo va a producir efectos moderados, cualquier político debe andarse con cuidado cuando hace futorología. Nada hace tan feliz a la oposición como una declaración pública brutalmente desmentida por los hechos; sea eso de “lea mis labios, no más impuestos” o “en un año estaremos mejor que estamos ahora” hablando de terrorismo, hacer predicciones optimistas es un juego peligroso.

Entiendo que desde Moncloa y Vivienda se quiera tranquilizar a los mercados ante la inestabilidad de estos días (que incluso por LD no ven como catastrófica), pero cuando uno lanza predicciones sobre cosas fuera de su control directo es mejor ser muy cauto. Decir que el Euribor ha tocado techo, por ejemplo, ciertamente una torpeza, en especial cuando resulta no ser cierto; la afirmación tajante es siempre un riesgo de imagen grave.

Que lo diga una ministra novata pase; que el presidente del gobierno suelte estas cosas es menos comprensible. Zapatero puede decir que la economía española está preparada para afrontar la crisis; lo que no debe hacer es hablar por los bancos. Y la verdad, tiene razón en ello; la tasa de morosidad está a niveles históricamente bajísimos, aún con el aumento del Euribor (que sigue a niveles relativamente moderados), y la banca española tiene una disciplina de crédito sólida. Aún con un frenazo más o menos pronunciado de la construcción (sector que por su propia naturaleza tiene crisis a cámara lenta) el crecimiento no
se resentirá demasiado.

Las cosas no van a tan bien como deberían, pero no hay motivos para el catastrofismo. Aún así, no es de recibo que Zapatero y su equipo se pasen el día bordeando el desmentido.

A todo esto, me parece cómico que Rajoy hable del fin de la herencia económica del PP. Tiene razón; la burbuja inmobiliaria es una de los resultados de la maravillosa política económica de los gobiernos Aznar. Aún siendo de la opinión que no hay demasiado que puedan hacerse para evitar estas cosas (o al menos, no hay medidas que sean populares; cargarse las desgravaciones por hipoteca es un alegre suicidio político), Rato y compañía no hicieron nada para limitar el problema. Dentro del buen trabajo que hizo Aznar en el apartado económico, esta crisis viene de uno de sus peores errores.